Petro cambia el tono tras hablar con Trump y expone el detrás de escena del diálogo bilateral

Actualidad09/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
Gustavo Petro Presidente de Colombia
Gustavo Petro Presidente de Colombia.

Gustavo Petro contó en público que retocó el mensaje que llevaba preparado luego de una conversación directa con Donald Trump, en un momento sensible para la relación entre Colombia y Estados Unidos. Lo dijo sin buscar eufemismos, en una escena pensada para mostrar unidad y calle: una manifestación en la Plaza de Bolívar de Bogotá convocada por el propio Gobierno. En ese marco, el presidente eligió hablar del contenido, pero también del costo político y personal de mover el registro.

El dato que ordena el episodio no pasa por una frase suelta, sino por el reconocimiento explícito del cambio. Petro lo formuló con una admisión directa ante sus seguidores: “Traje uno y tengo que dar otro. Eso no es fácil”. Esa línea ubica el centro en la forma: el presidente expone que llevaba un texto y que la llamada le impone otra salida, con otra temperatura y otra intención.

La puesta en escena tampoco resulta casual, porque se produce en un acto “organizado por el propio Gobierno” bajo la consigna de la defensa de la soberanía. Petro decide contar allí que el guion original sonaba más severo y lo verbaliza con precisión: “El primer discurso era bastante duro”. En esa elección aparece un mensaje doble: se sostiene la idea de soberanía, pero se marca que el puente con Washington queda abierto.

Del lado estadounidense, Trump también confirma el contacto y suma detalles sobre qué interpreta de esa conversación. En su red Truth, describe el llamado como un intercambio relevante y deja una frase que funciona como síntesis de lo que pretende exhibir: “Fue un gran honor hablar con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien me llamó para explicar la situación de las drogas y otros desacuerdos que hemos tenido”. La mención a “drogas” y “desacuerdos” instala que la charla no queda en gestos, sino que roza temas ásperos.


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Trump además pone un horizonte inmediato y le da fecha política al vínculo con una promesa de encuentro. Lo expresa en primera persona y con expectativa: “Agradecí su llamada y su tono, y espero reunirme con él próximamente”. En ese mismo post, el republicano agrega que el secretario de Estado, Marco Rubio, y la cancillería colombiana quedan a cargo de los preparativos para una reunión en Washington, con sede prevista en la Casa Blanca.

Mientras tanto, Petro usa el acto para reubicar el tema en un terreno que conoce y que suele invocar cuando la discusión sube de volumen: la experiencia de la guerra en Colombia. En su intervención ante la multitud, suelta una frase que no presenta como advertencia a terceros, sino como conocimiento propio: “Yo sé de la guerra”. Y amplía con una descripción tecnológica y una idea que insiste en la centralidad del pueblo: “Todo ha cambiado, ahora son drones, antidrones, espectro electromagnético, etc. Pero siempre un pueblo, y eso no ha cambiado, lo hace ese mismo pueblo”.

En ese mismo hilo, Petro agrega un tramo más extenso donde imagina consecuencias ante un daño personal, y lo vincula con la historia republicana del país. Lo dice con una formulación condicional y una conclusión abierta, apoyada en la memoria colectiva: “Yo sé que si alguien osara hacerme daño de cualquier manera, pues literalmente por la historia de Colombia, (...) lo que sucedería es que el pueblo de Colombia entra al conflicto y se repetiría lo que conocemos ya en los dos siglos que llevamos de república, no hay que explorar mucho, todos lo sabemos”. El presidente no presenta ese pasaje como consigna de movilización, sino como argumento de disuasión y como marco de soberanía.


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Cuando se corre del acto y vuelve al contenido de la charla, Petro enumera temas que, según su relato, aparecen en la conversación: comunicaciones directas entre presidentes y cancillerías, además de intercambios sobre Venezuela y el narcotráfico en Colombia. También reconoce diferencias sobre el vínculo entre Estados Unidos y América Latina, sin entrar en detalles finos en la escena pública. En ese tramo, el mandatario intenta mostrar que la llamada no se agota en una crisis puntual, sino que abre una agenda.

En paralelo, Petro retoma una propuesta vinculada a integración energética regional y la expresa con números concretos en sus publicaciones. Allí queda textual una frase que cita su carta y compara capacidades y demanda: “Dije en mi carta escrita a Trump en el inicio de su gobierno, y a Biden personalmente que se podía establecer una alianza americana, si se aprovechaba el gran potencial anual de energías limpias de Sudamérica: 1400 GW, mientras la demanda de EEUU por energía que soluciona el petroleo y el carbon es 840 GW anuales”. Más allá de la discusión técnica, el dato sirve como señal de agenda: Petro busca colocar un tema estructural mientras se discuten fricciones políticas.

En esa misma línea, el presidente colombiano redondea el sentido político de su planteo energético con otra definición amplia y una promesa de impacto regional. Lo formula también en redes y lo sostiene con una afirmación maximalista sobre la matriz estadounidense: “Es decir, América Latina puede lograr que el 100% de la matriz energética de EEUU, y eso sería el paso más grande en la lucha por detener la crisis climática en favor de la vida. Eso significa la paz y la democracia global”. En su propio encuadre, la conversación bilateral deja de ser solo seguridad y se conecta con clima, energía y un discurso de alcance continental.

Finalmente, Petro publica una síntesis más corta sobre lo que viene y lo pone en términos de método: dialogar para buscar paz. La frase aparece como cierre programático y como anticipo de agenda para un eventual encuentro con Trump: “Para la Paz siempre hay que dialogar. Hablaremos con el presidente Trump, de paz y democracia global, la paz de América Latina y su soberanía, y la paz de Colombia y la estrategia antinarcos”. En ese punto, el presidente intenta ordenar dos planos a la vez: la calle en Bogotá y la mesa diplomática en Washington.

El antecedente inmediato, según el propio texto fuente, incluye una amenaza previa de Trump tras la detención de Nicolás Maduro en Venezuela, y respuestas públicas de Petro en sus redes. Allí, el mandatario colombiano deja una advertencia en primera persona que remite a su historia y a una decisión personal: “Aunque no he sido militar sé de la guerra y la clandestinidad. Juré no tocar un arma más desde el Pacto de paz de 1989, pero por la Patria tomaré de nuevo las armas que no quiero”. Con la llamada y el anuncio de una reunión, ese intercambio queda, por ahora, contenido dentro de una nueva etapa de contacto directo.

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