Evacuada en Puerto Patriada, Ana Valenzuela contó cómo se vivió la noche del fuego

Actualidad11/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
fuego epuyen
Valenzuela contó la noche de terror.

El incendio que afecta a la zona de Puerto Patriada, en la Comarca Andina de Chubut, sigue dejando historias de evacuación y pérdidas. En ese contexto, Ana Valenzuela relató lo que vivió junto a su familia cuando las llamas se acercaron y obligaron a tomar decisiones rápidas. Su testimonio puso palabras a una escena de urgencia, miedo y organización comunitaria, con foco en el trabajo de brigadistas y pobladores.

En los últimos días, distintas fuentes públicas señalaron que el fuego se inició de manera intencional y la investigación quedó bajo seguimiento judicial. La Fiscalía pidió colaboración con imágenes y datos para reconstruir el origen y los primeros movimientos del foco, mientras continúan los operativos en el área. También circulan estimaciones dispares sobre la superficie afectada, con reportes que la ubican por encima de las 1.800 hectáreas y otros que elevan el cálculo. 

Valenzuela ubicó el primer momento de alarma durante una jornada de trabajo en la costa de Puerto Patriada, con turistas y pobladores mirando hacia la montaña. En ese punto, describió que el grupo intentó sostener un protocolo de acción hasta que la situación obligó a moverse. “El día del incendio estábamos trabajando en la costa de Puerto Patriada y empezamos a ver una columna de humo. Quedamos parados del lado de la costa con un montón de gente que estaba ahí turisteando”, recordó.


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La evacuación, según su relato, no se resolvió en un traslado simple ni en pocas horas. Valenzuela contó que la familia terminó pasando la noche en una espera tensa, con chicos pequeños y el fuego cerca, atentos a los cambios de dirección y a los márgenes disponibles para salir. “Seguimos el protocolo, hasta que tuvimos que arrancar. Tuvimos que pasar la noche con mis hijos, los hijos de mis tíos, que son todos chiquitititos, hasta que bajara un poco el incendio, esperando que no nos agarre de un lado y del otro que venía”, expresó.

La escena que describió quedó atravesada por el impacto emocional, sobre todo en los más chicos, y por la sensación de no tener control sobre lo que pasaba. En su testimonio, la madrugada se volvió un tramo de angustia sostenida, con familias intentando contenerse entre sí en un contexto de amenaza real. “Los nenes todos con ataques de pánico, las madres no podíamos controlarnos. Fue un trabajo muy, muy duro en todo sentido. Un infierno todo el tiempo”, detalló.

En medio de ese cuadro, Valenzuela marcó un matiz que suele repetirse en emergencias: los protocolos sirven, pero el momento real impone decisiones con información incompleta. También habló de una preparación previa de prestadores turísticos y pobladores, con reuniones y escenarios posibles, aunque ninguna planificación alcanza para copiarse de memoria en una noche así. “El protocolo nunca va a salir exactamente como lo planificamos, porque en el momento cada uno hace lo que puede y le sale”, señaló.


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La mujer destacó especialmente el trabajo de los brigadistas y mencionó acciones puntuales que, según dijo, resultaron determinantes para evitar que el fuego avanzara sobre viviendas cercanas. En esa línea, contó que las llamas llegaron cerca de la casa de su familia, pero los cortafuegos cambiaron el panorama. “Los brigadistas, en conjunto con el señor Abel Niegas de Bosques, hicieron unos cortafuegos en la casa de mi tía antes que llegara el fuego y lograron contenerlo”, afirmó.

El testimonio también incluyó referencias a situaciones límite de personas cercanas, con familias que se quedaron para cuidar animales o pertenencias, y casos de pérdidas totales. En una frase, Valenzuela condensó la decisión de su hijo mayor y el vínculo con el territorio del lago en plena emergencia. “Tengo un hijo de 18 años que está desde que comenzó el incendio con su potrillo y no se quiere mover de ahí”, contó, y enseguida sumó otra escena dolorosa de una vecina: “Ella perdió su casa, y encontró sus perritos calcinados”.

Sobre el origen del incendio, Valenzuela expresó su mirada desde la experiencia acumulada de la zona, con antecedentes de décadas y una sensación de impotencia que se repite. Marcó que escucha hipótesis, pero eligió no profundizar para no exponerse y por la complejidad del tema, aunque sostuvo que la situación se repite. “A esto lo venimos viviendo hace más de 20 años. No sabemos con qué fin nos están prendiendo fuego”, dijo, mientras las investigaciones oficiales también apuntan a un inicio intencional. 

En el cierre de su relato, Valenzuela puso el foco en lo que se pierde cuando el fuego pasa por los campos y la montaña: memoria, recorridos, referencias de toda una vida. Su testimonio dejó una idea central, ligada al duelo por el paisaje y por lo construido en comunidad, más allá de la emergencia inmediata. “Perdimos nuestra infancia, nuestros recuerdos, nuestros senderos, nuestros lugares, nuestra tierra, todo lo que recordamos ya no existe. De eso no se vuelve”, lamentó.

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