
A 23 años de la desaparición de la familia Gill, la causa sigue abierta y sin respuestas
Policiales13/01/2026
REDACCIÓN
Este 13 de enero se cumplen 23 años de la desaparición de la familia Gill, un episodio ocurrido en Nogoyá que todavía no arroja certezas sobre el destino de Rubén “Mencho” Gill, su esposa Margarita Gallegos y sus cuatro hijos menores, vistos por última vez en un establecimiento rural de la zona.


El último registro confirmado data del domingo 13 de enero de 2002, cuando la familia se encontraba en el campo La Candelaria. Desde entonces, no hubo comunicaciones, rastros materiales ni testimonios concluyentes que permitieran reconstruir qué ocurrió con el peón rural, su pareja y los niños María Ofelia, Osvaldo José, Sofía Margarita y Carlos Daniel.
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Durante años, la investigación avanzó de manera fragmentada y con extensos períodos de inactividad. Recién a mediados de 2025 se produjo un nuevo movimiento en la causa, a partir de la incorporación del abogado querellante Marcos Allende, quien revisó el expediente completo y solicitó medidas adicionales tras analizar 18 fojas acumuladas en el proceso.
Con su intervención, Allende sostuvo públicamente que la familia no habría salido del campo y que existió un responsable concreto. En ese marco, afirmó: “Estoy convencido que cometieron un grave delito con esta familia y que uno de los principales sospechosos fue —y digo fue porque falleció en un accidente de tránsito en 2016— el propietario del campo”.
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El letrado apuntó directamente contra Alfonso Goette, dueño de la estancia donde trabajaba Gill, quien murió en un choque una década atrás. Aunque nunca resultó imputado, su nombre apareció de forma reiterada en las líneas investigativas iniciales. En vida, Goette negó cualquier vínculo con la desaparición y declaró: “Cómo los voy a querer matar si el más chico es hijo mío”.
Uno de los datos que aún genera interrogantes es que la denuncia formal por la desaparición se realizó tres meses después, cuando el propio Goette informó que había otorgado vacaciones a la familia y que nunca regresaron. Recién entonces los familiares de los Gill tomaron conocimiento de la situación.
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Las primeras excavaciones en el predio también se demoraron. Entre la denuncia inicial y esas tareas transcurrió más de un año, en un contexto marcado por disputas judiciales y cruces que dilataron la incorporación de nuevas hipótesis y medidas concretas.
En 2015, la causa caratulada como “averiguación de paradero” quedó bajo la órbita del juez Gustavo Acosta, quien señaló la existencia de un juicio laboral por maltrato iniciado por Gill contra Goette y una hipótesis de carácter personal vinculada a la paternidad del hijo menor.
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A más de dos décadas del hecho, la familia Gill mantiene la expectativa de conocer qué ocurrió aquel domingo de enero. En ese marco, continúa vigente una recompensa de 12 millones de pesos para quienes aporten información verificable que permita avanzar en el esclarecimiento del caso.
Fuente: NA.
















