El colapso en Comodoro Rivadavia fue advertido hace 24 años

Actualidad20/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
desplazamiento
Las zonas afectadas.

El reciente desplazamiento de rocas y lodo en la ladera sur del cerro Hermitte no representa un evento fortuito para la comunidad científica de la región. Hace más de dos décadas, un documento titulado “Estudio de Peligrosidad Geológica en el Barrio Sismográfica” ya ponía nombre y apellido a los riesgos que hoy obligan a evacuaciones masivas. El informe, elaborado en 2002 por el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), detallaba que el asentamiento de viviendas sobre depósitos de deslizamientos naturales provocaría hundimientos inevitables ante cualquier proceso de urbanización intensa.

La investigación técnica advertía que el suelo de esa zona posee espacios abiertos subterráneos generados por la erosión hídrica, una característica que debilita la estructura bajo las construcciones. Los especialistas de aquel entonces fueron categóricos al señalar que el peso de las casas y la instalación de servicios causarían “roturas en las viviendas, ductos y afectando todo el tendido de la red de servicios”. Pese a este diagnóstico temprano, el crecimiento del barrio continuó su ritmo sobre materiales removidos naturalmente, ignorando la fragilidad de un terreno que no es apto para el soporte de infraestructura civil permanente.

El geólogo Nicolás Foix, investigador del Conicet y docente de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, reforzó esta perspectiva al recordar que la inestabilidad del sector está documentada incluso desde la década del 50. El especialista fue enfático al indicar que se trata de “un lugar que se conoce de riesgo geológico hace muchos años” y que los movimientos son procesos naturales recurrentes que la ciudad decidió no respetar. Según su análisis, la tensión se acumula durante décadas hasta que se libera de forma drástica, como sucedió con los desplazamientos de gran magnitud registrados entre fines de diciembre y la actualidad.


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Dentro de las recomendaciones que las autoridades locales recibieron hace 24 años, figuraba la prohibición estricta de expandir el barrio sobre la ladera y la creación de una red de monitoreo permanente que nunca se consolidó de forma efectiva. El SEGEMAR sugería incluso evitar el tendido de cañerías subterráneas para optar por sistemas aéreos que facilitaran el control de fugas, ya que cualquier infiltración de fluidos en este tipo de sustrato funciona como un lubricante que acelera el colapso del cerro.

La situación actual en el barrio Sismográfica se agrava por la detección de movimientos que ya alcanzan decenas de metros, un volumen de material que arrastra viviendas y redes de gas completas. Foix describió que el fenómeno es común en la geografía patagónica, comparándolo con lo ocurrido el año pasado en el cerro Chenque, aunque con la diferencia de que en el Hermitte no existe la erosión marina como factor detonante. El investigador recomendó de forma tajante «no seguir trabajando, urbanizando o construyendo este lugar porque se va a seguir moviendo», advirtiendo que cualquier obra nueva sufrirá daños tarde o temprano.

El riesgo geológico ya no se limita únicamente al área del epicentro del derrumbe, sino que se propaga hacia sectores aledaños que antes se consideraban seguros. Existe una preocupación creciente por el barrio Médanos, donde la deformación del suelo comenzó a manifestarse, provocando autoevacuaciones preventivas por parte de los vecinos. Según el monitoreo de los expertos, el movimiento se desplaza de este a oeste y existen posibilidades ciertas de que los deslizamientos continúen afectando nuevas manzanas en las próximas semanas.


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Para mitigar el impacto, el estudio original de 2002 proponía instruir a los habitantes sobre la peligrosidad del sustrato para que comprendieran la problemática vinculada a la ampliación de sus propias casas. Sin embargo, la presión por el acceso al suelo y la falta de controles municipales permitieron que se edificara sobre lo ya construido y se realizaran movimientos de terreno prohibidos por el protocolo geológico. “Si continúa al mismo ritmo, la presión sobre el material deslizado cada vez va a ser mayor, aumentando la posibilidad de daños”, rezaba el informe que hoy cobra carácter de profecía cumplida.

Ante la magnitud de la catástrofe, el Concejo Deliberante se vio obligado a declarar la emergencia geológica y urbanística por 90 días, una medida que llega décadas después de las primeras señales de alerta. El objetivo de esta normativa es frenar cualquier tipo de intervención en la ladera y evaluar la reubicación de las familias más comprometidas. La comunidad científica local insiste en que no se deben realizar perforaciones ni inyecciones de materiales, ya que el equilibrio del cerro es sumamente precario y cualquier vibración externa podría desencadenar nuevos desprendimientos.

La historia del barrio Sismográfica queda como un caso testigo de la desconexión entre el conocimiento académico y la gestión política del territorio. Mientras los vecinos observan cómo las grietas parten sus hogares, los archivos oficiales demuestran que la ciencia ya había trazado el mapa de la catástrofe antes de que se colocara el primer ladrillo de las últimas ampliaciones. La posibilidad de nuevos deslizamientos es, según Foix, una chance cierta por la velocidad con la que se están sucediendo los eventos en este inicio de año.

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