El sol de Australia provoca lesiones severas en tenistas profesionales

Deporte20/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
tenista quemada
Las quemaduras de la tenista.

Las condiciones climáticas en el continente oceánico alcanzaron un nivel de peligrosidad que obliga a replantear la logística del tenis profesional de élite. Durante la previa del primer Grand Slam del año, la jugadora Renata Zarazúa evidenció las consecuencias físicas de exponerse a la radiación solar sin los resguardos suficientes. Tras un encuentro que se extendió por casi tres horas frente a la estadounidense Hailey Baptiste, la espalda de la deportista presentó quemaduras y laceraciones cutáneas profundas que encendieron las alarmas entre los especialistas en medicina deportiva.

La intensidad del calor en ciudades como Hobart, donde las temperaturas suelen superar los 40 grados en enero, transforma la superficie de la cancha en un foco de estrés térmico insoportable. “El sol de Australia no es broma”, advirtió Zarazúa a través de sus plataformas digitales, mostrando una imagen que grafica la vulnerabilidad de los atletas ante factores ambientales externos. El episodio expone la insuficiencia de los protectores solares convencionales frente a una exposición tan prolongada y un desgaste físico que impide la correcta termorregulación del organismo.

Ante la repetición de cuadros de descompensación y lesiones dérmicas, la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) resolvió aplicar modificaciones drásticas en sus reglamentos de seguridad a partir de la temporada 2026. La normativa introduce el uso del índice WBGT, una herramienta técnica que mide el estrés térmico combinando variables de temperatura, humedad, viento y radiación solar. Cuando este indicador supere los 32,2 grados, los jueces de silla tendrán la obligación de suspender los partidos para evitar daños físicos irreversibles en los competidores.


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El nuevo protocolo también contempla situaciones intermedias donde el calor todavía permite la competencia pero bajo un monitoreo estricto del personal médico. Si el índice térmico alcanza los 30,1 grados, los jugadores podrán acceder a una pausa de diez minutos después del segundo set para intentar bajar la temperatura corporal. Según detallaron desde el organismo internacional, “durante la pausa, los jugadores podrán utilizar medidas de enfriamiento, hidratarse, cambiarse de ropa, ducharse y recibir indicaciones de sus entrenadores”, siempre bajo supervisión profesional.

La preocupación por la salud de los tenistas no es nueva, pero el caso de la mexicana agilizó la aplicación de medidas que hasta ahora se consideraban optativas o insuficientes. En ediciones anteriores de los torneos oceánicos, se registraron abandonos masivos y desmayos en plena competencia, lo que motivó críticas feroces de los protagonistas hacia los organizadores. La diferencia actual radica en que la suspensión de los encuentros ya no quedará a criterio subjetivo, sino supeditada a valores científicos medibles en tiempo real sobre la pista.

Para los médicos que trabajan en el circuito, el mayor riesgo no reside únicamente en la piel, sino en la posibilidad de sufrir un golpe de calor que afecte funciones vitales. La deshidratación extrema sumada a la radiación directa puede provocar colapsos circulatorios que ponen en riesgo la vida del deportista en pocos minutos. La medida de la ATP busca estandarizar la protección en todos los torneos del calendario masculino, reconociendo que la humedad y el sol son factores que afectan el rendimiento y la integridad de forma simultánea.


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La experiencia de Zarazúa sirve como un crudo recordatorio de que los límites físicos del ser humano se ven desafiados por un clima cada vez más hostil. Mientras la jugadora de 28 años busca recuperarse para su participación en el cuadro principal del Abierto de Australia, el debate sobre el calendario deportivo y los horarios de competencia vuelve a tomar fuerza. Jugar en el primer turno del día, como le ocurrió a la mexicana, puede parecer una ventaja logística, pero expone a los protagonistas al horario de mayor incidencia de los rayos ultravioletas.

Hasta la implementación total de las nuevas reglas en 2026, los jugadores deberán extremar las medidas individuales de cuidado y vestimenta técnica. Las empresas de indumentaria deportiva ya trabajan en tejidos que bloquean la radiación con mayor eficacia, aunque ninguna tela reemplaza la necesidad de sombra y ventilación adecuada. La comunidad del tenis internacional aguarda que este tipo de incidentes obligue a los directores de torneos a priorizar la vida de los trabajadores por sobre los compromisos de las transmisiones televisivas.

La recuperación de las quemaduras y laceraciones en la espalda de la tenista demandará un seguimiento dermatológico intenso para evitar infecciones secundarias. En un deporte donde cada movimiento de rotación del tronco es vital para el impacto de la pelota, una lesión cutánea de este tipo se vuelve un obstáculo para el rendimiento profesional. El caso marca un antes y un después en la forma en que el tenis aborda la crisis climática, estableciendo que el espectáculo no puede continuar si las condiciones del ambiente atentan contra la salud.

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