
Fuertes quejas en Camarones ante la crisis por falta de agua y promesas incumplidas en más de una década
Chubut21/01/2026
REDACCIÓN
La falta de agua potable en Camarones dejó de ser una contingencia para convertirse en un problema estructural. Reclamos vecinales, obras inconclusas y promesas reiteradas marcan una situación que hoy resulta desesperante.

La provisión de agua potable en Camarones atraviesa uno de sus momentos más críticos, pero el trasfondo del conflicto dista de ser nuevo. Lo que hoy se expresa en restricciones horarias, cortes prolongados y reclamos vecinales organizados es el resultado de una problemática que se repite desde hace más de diez años, sin que hasta ahora se haya logrado una solución estructural y sostenida.
En enero de 2026, el malestar social volvió a ganar visibilidad con una recolección de firmas impulsada por vecinos y comerciantes, cansados de pagar tarifas en aumento sin acceder a un servicio básico. El reclamo a las autoridades locales pone el foco en inversiones prometidas que nunca se concretaron, como la construcción de una cisterna largamente anunciada. La denuncia incluye además una realidad cotidiana: barrios y loteos donde el agua apenas llega, mientras otros sectores o actividades parecen tener prioridad en el abastecimiento.
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Días antes, el propio Municipio reconoció públicamente que el servicio se sostiene con restricciones y distribución sectorizada, debido a la merma sostenida en una de las captaciones principales. El sistema de Camarones depende de dos perforaciones, ubicadas en Paso de Piedras y La Lochiel, que bombean agua hacia la cisterna central. Desde hace meses, Paso de Piedras funciona de manera limitada, lo que obliga a sostener el servicio casi exclusivamente con La Lochiel, llevada al límite de su capacidad.
El esquema actual —agua por zonas y horarios— no es una novedad para los vecinos. Ya en noviembre de 2025, habitantes de la localidad advertían que la escasez era recurrente, con familias que pasaban tres o cuatro días consecutivos sin agua en sus hogares. En aquel momento, la organización comunitaria se volvió una necesidad: personas que pedían ayuda a amistades para higienizarse, barrios que dependían de camiones cisterna y una demanda clara de información oficial más allá de los pedidos de “cuidar el agua”.
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Los antecedentes se remontan aún más atrás. En distintas gestiones municipales, incluso con cambios de intendentes, las propias autoridades reconocieron que la infraestructura hídrica es obsoleta, con cañerías que datan de mediados del siglo pasado y registran roturas frecuentes. Cortes de varios días, pérdidas por fracturas y fallas en motores extractores forman parte de un escenario que se repite con alarmante regularidad. En cada episodio, se anunciaron recambios, obras o mejoras que, con el paso del tiempo, no lograron revertir el problema de fondo.
En la actualidad, el Municipio informó que tiene proyectos para avanzar en una solución estructural. Entre las obras planteadas figuran ensayos de bombeo, la perforación de un nuevo pozo y la construcción de una cisterna de 500.000 litros, con una inversión que supera los 350 millones de pesos. Sin embargo, mientras los proyectos solo quedan en anuncios, la realidad diaria de los vecinos sigue marcada por la incertidumbre, los horarios restringidos y la falta de previsibilidad.
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El contexto climático, con bajas precipitaciones en gran parte de Chubut, aparece de manera recurrente como explicación oficial. No obstante, para la comunidad de Camarones, el problema excede la coyuntura hídrica provincial. La reiteración de comunicados, anuncios y pedidos de uso responsable contrasta con una década de postergaciones, obras inconclusas y un sistema que nunca alcanzó la robustez necesaria para garantizar el acceso continuo al agua potable.
Hoy, el conflicto ya no se limita a una discusión técnica. El acceso al agua impacta en la salud, la vida cotidiana, la actividad comercial y la dignidad de los habitantes. La recolección de firmas, la organización vecinal y la visibilización pública del reclamo reflejan un hartazgo acumulado. Camarones vuelve a pedir lo mismo que hace años: una respuesta concreta, sostenida y definitiva a un problema que dejó de ser excepcional para convertirse en parte de su rutina diaria.














