Con el cohete en la rampa, la NASA ajusta los ensayos finales para el vuelo lunar tripulado

Actualidad21/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Artemis 2
Artemis 2

La llegada del cohete a la plataforma no marca un final sino el inicio de una fase de laboratorio a cielo abierto. Con Artemis 2 ya en posición en el Centro Espacial Kennedy, la NASA se mete de lleno en jornadas de pruebas que imitan el día de lanzamiento sin despegar. El objetivo queda claro: revisar procedimientos, registrar datos y ajustar decisiones cuando todavía existe margen de corrección.

En el centro del cronograma aparece un ensayo con nombre propio, repetido en los pasillos técnicos como referencia obligada. Los equipos preparan el wet dress rehearsal, un simulacro completo del día de despegue que incluye cargar propelentes y ejecutar la secuencia de cuenta regresiva. Según el texto fuente, se trata de una instancia en la que “el cohete se carga con propelentes criogénicos, se ejecuta la secuencia de cuenta regresiva y luego se drenan los tanques de forma segura”, con la intención de encontrar fallas antes del momento real.

Ese ensayo no se agota en la imagen espectacular de los tanques llenándose. Funciona como una verificación de cadenas de mando, tiempos y comunicaciones internas, porque cada paso se registra y se contrasta contra modelos. El texto remarca que es una “prueba exigente, diseñada para detectar fallas cuando todavía hay margen para corregirlas”, una frase que explica por qué esta etapa ocupa tantos recursos y tantas horas.


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La comunicación también entra en revisión, con la misma rigurosidad que los sistemas físicos. El plan incluye chequeos entre el cohete, la nave y los centros de control, buscando continuidad en datos, voz y telemetría. La nota fuente lo sintetiza al señalar que estas pruebas apuntan a verificar que los enlaces funcionen “sin interrupciones durante todas las fases del lanzamiento, desde la cuenta regresiva hasta la inserción en trayectoria lunar”.

Otra parte sensible pasa por la presión y la ventilación de los tanques en condiciones extremas. En el texto se menciona la validación de sistemas vinculados al manejo de hidrógeno y oxígeno líquidos, y el aprendizaje de experiencias previas. Allí aparece una referencia directa: durante Artemis 1, este tipo de procedimientos llevó a ajustes de último momento, por lo que ahora se aplican “protocolos refinados para minimizar riesgos y evitar interrupciones no planificadas”.

La seguridad aparece en un plano doble: la tecnología y la respuesta automática, pero también la preparación para escenarios fuera del guion. Por eso se prueban sistemas de abortaje y protección integrados al SLS y a la cápsula Orion, incluso si no se activan por completo. El texto aclara que los simulacros buscan verificar que “sensores, software y mecanismos de respuesta automática reaccionen correctamente ante escenarios anómalos durante la cuenta regresiva”.

Cuando se apagan las pantallas del ensayo, empieza otra etapa igual de intensa, menos visible para el público general. La NASA analiza una enorme cantidad de información generada durante las pruebas y define si se pasa directo a la ventana de lanzamiento o si se vuelve a trabajar sobre el hardware. El texto anticipa el volumen y la consecuencia: “se analizarán miles de datos recolectados en tiempo real” para decidir si hace falta repetir el ensayo o incluso devolver el vehículo al edificio de ensamblaje.


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La dimensión humana aparece como pieza central de este proceso, y no como un detalle decorativo. La nota fuente señala que estas prácticas “sirven para coordinar a los equipos humanos que intervienen en el lanzamiento”, desde operadores de combustible hasta responsables de vuelo y seguridad. En una misión con tripulación, esa coordinación importa tanto como una válvula o un sensor, porque los protocolos se ejecutan con pausas deliberadas y validaciones cruzadas.

Ese componente explica por qué el esquema de ensayos se estira durante varios días. A diferencia de un lanzamiento no tripulado, el texto describe validaciones entre hardware, software y procedimientos humanos, con revisiones permanentes de lecturas y comparación de datos con modelos teóricos. En esa lógica, cada desvío mínimo pesa, porque un error pequeño puede traducirse en riesgo real cuando la cápsula lleva personas.

Artemis 2-2

El despliegue operativo se apoya, además, en una logística previa que ya quedó hecha y que también condiciona la etapa actual. El texto indica que el traslado del vehículo desde el edificio de ensamblaje duró casi 12 horas, recorrió kilómetros a baja velocidad y se apoyó en el crawler-transporter, descrito como un megavehículo de 3000 toneladas, 40 metros de largo y 35 metros de ancho. Con el cohete ya en el pad, esa ingeniería de movimiento deja lugar a la ingeniería de control.

Mientras los equipos avanzan con pruebas, la misión mantiene su perfil: un vuelo tripulado alrededor de la Luna y regreso a la Tierra. El viaje dura 10 días y que la tripulación incluye a Reid Wiseman como comandante, Victor Glover como piloto, y a Christina Koch y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense. También marca el punto operativo del plan: no hay alunizaje, sino una trayectoria de retorno libre que aprovecha la gravedad lunar para asegurar el regreso aun ante fallas severas de propulsión.

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