
La ciencia explica por qué vivir cerca del agua impacta en la mente, el cuerpo y la vida diaria
Actualidad22/01/2026
REDACCIÓN


A fines de 2018, Marcos Rodriguez Sierra tomó una decisión que cambió su rutina y su forma de habitar el día a día. Con 29 años, dejó Buenos Aires y se mudó a Mar del Plata luego de un año de viajes constantes a la costa. “Tengo el recuerdo marcado de estar volviendo a la ciudad los domingos a la tarde y pensar ‘yo me quiero quedar’”, relató sobre ese proceso que lo llevó a buscar una vida más cercana al mar y a las olas.
La experiencia personal conecta con una relación histórica entre el ser humano y el agua, entendida desde tiempos antiguos como fuente de vida, renovación y calma. Desde los baños termales romanos hasta los rituales religiosos y las vacaciones en la playa, el agua aparece como un espacio asociado al descanso físico y emocional, una percepción que hoy encuentra respaldo científico.
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Uno de los mayores referentes en este campo es Wallace J. Nichols, biólogo marino que dedicó su trabajo al estudio de este vínculo y lo denominó Blue Mind. En su investigación, Nichols explica que estar cerca, dentro o sobre el agua favorece estados de calma, mejora la salud y potencia la creatividad, en contraste con el “Red Mind”, asociado al estrés crónico y la sobreestimulación urbana.
El autor introduce el concepto de biofilia marina, derivado de la teoría de la biofilia difundida por Edward Wilson, para explicar la atracción natural hacia ríos, lagos y océanos. Según Nichols, esta afinidad responde a millones de años de evolución en entornos acuáticos y a una realidad biológica concreta: “El cuerpo humano es un 70% agua y depende de esta para sobrevivir. Cuando la ves o la escuchás, tu cerebro recibe la señal de que estás en el lugar adecuado”.
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Desde la neurociencia, distintos estudios señalan que los estímulos suaves y repetitivos del agua —el sonido de las olas o su simple contemplación— favorecen la liberación de dopamina, serotonina y oxitocina, hormonas vinculadas con la relajación y el placer, al tiempo que reducen el cortisol, relacionado con el estrés. Investigaciones del psicólogo ambiental Roger Ulrich ya habían mostrado que los paisajes naturales con presencia de agua aceleran la recuperación emocional y disminuyen la tensión.
En la misma línea, trabajos del Universidad de Exeter indican que quienes viven a menos de un kilómetro de la costa reportan mejor salud mental que quienes residen lejos de fuentes de agua. Mathew White, uno de los investigadores, observó una menor prevalencia de depresión en personas con acceso cotidiano a entornos acuáticos.
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La psicóloga Mariana Kerestezachi (M.N. 47.483), que se mudó a Miami hace tres años, sostiene que el agua funciona hoy como un recurso terapéutico validado por la ciencia. “Hoy tengo la oportunidad de experimentar en persona lo que es vivir cerca del mar y los efectos que este tiene sobre la mente y el cuerpo”, explicó. En ese sentido, citó estudios de la Universidad de Canterbury que asocian la cercanía al agua con mayores niveles de bienestar mental y pensamientos positivos.
El impacto también alcanza al plano físico. El proyecto europeo BlueHealth registró que el contacto regular con mares, ríos y lagos se vincula con menor prevalencia de enfermedades crónicas, niveles de actividad física más altos y mejor calidad del sueño. En zonas costeras, además, el aire menos contaminado y más húmedo contribuye a aliviar afecciones respiratorias como el asma o las alergias.
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Nichols subraya que el agua facilita estados de introspección y creatividad. En su libro afirma: “El agua calma todo el ruido y te conecta con tus propios pensamientos y tu sentido de ser”, y agrega que sumergirse en ella genera cambios en la química cerebral que habilitan nuevas ideas. Investigaciones en neurociencia señalan que estos entornos estimulan la Red Neuronal por Defecto, asociada a la reflexión y la imaginación.
Para Kerestezachi, incluso la simple contemplación alcanza para generar efectos positivos. “Dedicar al menos dos horas a la semana a estar cerca del agua es suficiente para notar cambios en el bienestar emocional”, señaló, y recordó que un psiquiatra con el que trabajó recomendaba nadar varias veces por semana como parte del abordaje terapéutico de la depresión.
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Así, la evidencia científica acompaña una percepción extendida: vivir cerca del agua modifica la forma en que las personas sienten, piensan y habitan su entorno, ofreciendo un espacio de calma, conexión y recuperación frente al ritmo intenso de la vida cotidiana.
Fuente: LA NACION.
















