Phil Collins necesita cuidados las 24 horas y cuenta cómo reorganiza su vida para poder caminar

Otros Temas22/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Phill Collins
Phill Collins

La noticia no llega por un parte médico ni por un comunicado frío, sino por la voz del propio protagonista en un formato que se volvió habitual para las figuras que ya no salen de gira. Phil Collins, a los 74 años, habló en una producción de la BBC sobre su salud y sobre un presente donde la independencia se mide en acciones básicas: moverse, cumplir tratamientos y sostener una rutina. No es un anuncio artístico ni una vuelta al escenario; es la descripción de cómo se vive cuando el cuerpo obliga a renegociar cada día.

El punto más contundente de sus declaraciones es la organización del cuidado. Collins contó que tiene asistencia sanitaria las 24 horas y que una enfermera vive con él para ayudar a administrar medicación y acompañar su situación general. En la cobertura reciente se lo presenta como una necesidad ligada a “problemas de salud en curso” y a años difíciles, sin vueltas ni frases para la tribuna.

Esa dependencia no aparece aislada, sino atada a un conjunto de secuelas que se acumularon con el tiempo. Collins atribuye el inicio del cuadro a una lesión en la columna en 2007, con daño neurológico persistente y complicaciones que afectan la movilidad. En la nota periodística que retoma sus palabras se menciona incluso el “drop foot” y el impacto directo sobre su manera de caminar, un aspecto que terminó por correrse al centro de su vida cotidiana.

A eso se suma una cadena de intervenciones quirúrgicas que no se resuelven con una rehabilitación breve. Collins relató cinco cirugías de rodilla y dijo que solo una funciona bien, un dato que explica por qué necesita apoyos para trasladarse. La frase aparece citada de manera consistente en las coberturas: “Puedo caminar, aunque necesito ayuda con muletas o cualquier otro apoyo”.


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En ese marco, la música queda atravesada por una limitación muy específica: la batería. Collins ya venía contando, desde hace años, que tocar como antes dejó de ser una opción, y esa imposibilidad se cristalizó en la despedida de Genesis. En la gira final, su hijo Nic Collins tomó el rol de baterista mientras él cantó sentado, una postal que para el público fue emotiva, pero para él funcionó como confirmación práctica de un retiro.

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El otro eje de sus declaraciones recientes apunta a una etapa personal que complicó todavía más la situación física. Collins habló de su consumo de alcohol en un período posterior a la retirada y lo vinculó con problemas serios: “Me pasé con la bebida, lo que afectó a mis riñones”, reconoció. También señaló un dato que se repite en las notas que lo citan: dos años de sobriedad, planteados como un cambio sostenido, no como una promesa.

La salud, además, no se narra como una lista prolija de diagnósticos, sino como una seguidilla de golpes que se enciman. En la cobertura de People se menciona que atravesó complicaciones posteriores a cirugías, incluida una internación donde contrajo COVID-19, y que la combinación de episodios lo dejó con un margen de maniobra más chico. En ese contexto, la figura de la enfermera y el cuidado permanente no suenan a exageración, sino a un sistema para evitar retrocesos.


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Lo que aparece como novedad, también, es el modo en que Collins habla del futuro inmediato: sin dramatismo impostado, pero con límites claros. En las piezas periodísticas que recogen su testimonio, admite que ya no siente el mismo impulso de entrar al estudio y que la idea de “volver” no tiene el peso de antes. No es un cierre artístico solemne; es una forma de decir que la energía se administra distinto cuando caminar ocupa el lugar que antes tenía ensayar.

Dentro de ese corrimiento, la familia aparece como soporte práctico, no como eslogan. Collins menciona a sus hijos en distintos tramos del relato, y el caso de Nic funciona como ejemplo tangible: no solo lo acompañó, sino que sostuvo el rol musical que él no podía cumplir. Esa continuidad familiar, en su caso, no reemplaza la pérdida física, pero le permite mantener un vínculo con la música sin exponerse a exigencias que hoy le pasan factura.

El relato, además, se apoya en un formato que explica por qué vuelve a hablar: una serie/podcast de la BBC en conversación, donde se abre espacio para matices que un titular no contiene. La entrevista con Zoe Ball aparece mencionada como parte de ese proyecto y se presenta como una de las raras ocasiones en que Collins acepta contar, con detalle, qué le pasa y cómo se organiza para sostener autonomía.

En definitiva, lo que deja su testimonio es una idea concreta: a esta altura, la batalla diaria no está en los charts ni en las giras, sino en el cuerpo. Y en esa clave, la frase que se repite en las notas sobre su presente —la necesidad de cuidado permanente, la movilidad asistida, la sobriedad sostenida— corre el foco del mito del rock hacia una realidad mucho más terrenal, contada por él mismo y sin actuación.

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