Vecinos rompieron un puente y sostuvieron 25 minutos de RCP al chico de 13 años arrastrado por el agua

Policiales25/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
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La secuencia que terminó con un adolescente de 13 años internado en estado grave en Mendoza se explicó, en gran parte, por el contexto: calles anegadas, acequias invisibles y un caudal que cambió en pocos minutos. En Godoy Cruz, una tormenta intensa dejó agua corriendo “con bastante fuerza”, según el testimonio que se conoció este domingo. En ese escenario, los vecinos reaccionaron sin demasiada información al principio y se encontraron con un rescate que exigía decisiones rápidas.

Antonella Sáez, vecina de la zona, relató que todo empezó con un sonido que cortó la tarde desde la calle. “Estaba en mi casa, había llovido bastante en Mendoza y en Godoy Cruz cayó bastante granizo. El agua en la calle venía con bastante fuerza, no se veían las acequias, no se diferenciaba el cordón y empecé a escuchar muchos gritos desesperados”, contó en diálogo con TN. Esa descripción aporta un dato clave: no solo llovía, también se había desdibujado la referencia del terreno, un factor que multiplica el riesgo cuando el agua corre.

La primera interpretación del barrio no apuntó de inmediato a un chico bajo el agua. Antonella explicó que, al acercarse con otros vecinos, pensaron que se trataba de un choque. Recién cuando alguien les avisó que “había un nene bajo el puente”, cambió el sentido de la escena y empezó la búsqueda en un punto específico. En situaciones de corriente fuerte, ese detalle —dónde está el cuerpo y si sigue ahí— define el tipo de maniobra posible.

Con esa información, la reacción fue física y directa: romper una estructura para liberar el lugar. “Los mismos vecinos empezaron a romper el puente con herramientas y fue rapidísimo como lo hicieron de la misma desesperación. Fueron 10 minutos aproximadamente los que estuvo bajo el agua”, detalló. Ese tiempo, contado por una testigo que estuvo allí, dimensiona la urgencia con la que se movieron y explica por qué el rescate se volvió una carrera contrarreloj.


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Mientras intentaban abrir el paso, también buscaron frenar o desviar el caudal antes de sacar al chico. Antonella describió que colocaron maderas metros antes para “cortar” el flujo de agua que corría con fuerza. En ese tramo, el operativo se armó entre frentistas, sin coordinación previa, con un objetivo simple: poder acceder y retirar al adolescente sin que la corriente se lo lleve más abajo.

Cuando finalmente lograron romper el puente y sacarlo, empezó otra etapa: la reanimación en el lugar. “Cuando logran romperlo, sacan al nene y automáticamente, ni lo pensé, tengo cursos de RCP y dije: ‘Es el momento’”, recordó. En su relato, la decisión aparece ligada a la formación previa y a la necesidad inmediata de intervenir antes de que llegaran los servicios de emergencia.

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Antonella aseguró que el chico no mostraba signos vitales al inicio. “No le sentimos nada, completamente nulos”, aclaró. Y contó que la asistencia se sostuvo con ayuda de un profesional del barrio: “Había un vecino de la esquina que es un enfermero; ambos nos pusimos a maniobrar, íbamos cambiando, fueron 25 minutos hasta que llegaron los bomberos, los móviles de la policía, la ambulancia; ahí después se agrandó mucho más la cadena de vida, porque nos íbamos rotando, pero no paramos ni un segundo”. En ese tramo, el dato fuerte es el tiempo de maniobras continuas hasta que se completó la asistencia con recursos sanitarios.

Cuando llegó la ambulancia, el operativo se apoyó en procedimientos médicos que ya no dependen de la fuerza vecinal. Según el testimonio citado en la fuente, “comenzaron a inyectarlo, colocarle suero y le realizaron reanimación con electroshock”. Ese momento marcó la transición entre la respuesta comunitaria y el trabajo profesional de emergencia, en una escena que, para quienes estaban alrededor, seguía siendo de máxima tensión.


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La joven también describió el impacto en la familia y la dificultad de entender qué pasaba con el cuerpo bajo el puente. “Fue desesperante el movimiento, la mamá viendo al hijo en el agua que no se lo podía sacar”, dijo. Y agregó un detalle del lugar que, según su versión, complicó la salida: “Cuando rompieron el puente, había como una madera, entonces no permitía que él pudiera salir del otro lado del puente, pero no lo sabíamos”. Esa referencia ayuda a explicar por qué el adolescente no aparecía rápidamente pese a la búsqueda.

En el relato de Antonella, incluso hubo incertidumbre sobre si el chico seguía allí o si la corriente lo había arrastrado a otro punto. “Incluso nos habíamos parado en varias esquinas porque no sabíamos si realmente seguía abajo del puente o se había ido para el otro lado. El miedo era que vaya a un zanjón donde era mayor el agua”, afirmó. Ese temor es coherente con el escenario que describió al inicio: calles sin cordón visible y agua bajando con fuerza, donde la corriente puede redirigir todo en segundos.

Sobre el origen del accidente, Antonella transmitió lo que escuchó en el barrio, sin presentarlo como confirmación oficial. “Por lo que dicen los vecinos, estaban justo jugando en la calle con la mala suerte de que el agua comenzó a bajar con mucha intensidad y de un momento al otro se transformó en un río, parece que estaban los dos -junto con el nene de 5 años- y sacó al más chiquito, pero con la desgracia de que él cayó”. El adolescente quedó internado en el Hospital Humberto Notti, donde, según la fuente, continúa en grave estado mientras se aguarda un nuevo parte médico.

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