Con exportaciones cerca de US$10.000 millones, el sector tecnológico busca sostener su ritmo

Actualidad26/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Economía del conocimiento. Foto Freepik
Economía del conocimiento. Foto Freepik

La economía del conocimiento se mueve con una lógica distinta a la de otros rubros de la actividad local: no depende de una cosecha ni de una obra, pero sí de sostener una oferta exportable en un mercado global exigente. Con ventas externas que rozan los US$10.000 millones y un objetivo de largo plazo que mira los US$30.000 millones en una década, el debate interno del sector empieza menos por la demanda y más por cómo se construye capacidad para cumplir con esa demanda sin perder calidad.

En esa lectura, el primer punto aparece ligado al contexto macroeconómico. Leandro Mora Alfonsín, director de Argencon, sintetizó esa mirada con una idea que atraviesa a las empresas: “El crecimiento del sector depende mucho de nuestra oferta, porque demanda hay”. En el mismo tramo, agregó que se necesita previsibilidad para exportar y competir con un mundo que se vuelve más agresivo en precios, especialización y velocidad de entrega.


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Los números muestran la dimensión de ese aporte. Al cierre de 2025, las exportaciones de servicios basados en el conocimiento llegaron a US$9685 millones, con un peso mayor de los servicios profesionales, que aportaron US$6211 millones, y un segundo escalón ocupado por los servicios informáticos, con US$2743 millones. Esa composición explica por qué la discusión no se limita al software: el sector incluye desde servicios jurídicos y contables hasta IT, biotecnología, audiovisual y consultoría, con diferentes ritmos y márgenes de crecimiento.

La comparación internacional funciona como espejo para entender escala y distancia. Mora Alfonsín tomó como referencia a Polonia, Portugal y España, que exportan cifras muy superiores, y planteó que el salto local requiere consolidar condiciones internas y mejorar el volumen de recursos humanos disponibles. La oportunidad existe, pero el recorrido demanda consistencia, porque los clientes externos no compran solo “talento”, también compran cumplimiento, continuidad y equipos que se sostienen en el tiempo.


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En el mercado interno, el sector todavía ve un espacio grande para expandirse porque la tecnología atraviesa cadenas de valor completas, pero no siempre se contrata con la misma intensidad. Pablo Fiuza, titular de la Cámara de la Industria Argentina del Software (Cessi), señaló que las pymes recién empiezan un proceso de digitalización y que todavía falta escalar. En su descripción, los clientes locales de software se concentran en finanzas y en proporciones similares en oil & gas y agro, mientras en el resto de la economía la incidencia aparece mucho más baja, lo que abre margen para crecer puertas adentro sin depender únicamente de exportaciones.

El problema de competitividad también cambió de forma. Martín Kalos, de la consultora Epyca, sostuvo que el sector aprovechó durante años la calidad del recurso humano y un costo relativo favorable, pero que el escenario actual empuja a competir por diferenciación y no solo por precio. En su análisis, con un tipo de cambio más apreciado, el argumento de costos pierde fuerza y las empresas deben mostrar valor por especialización, procesos y soluciones que no se reemplazan fácilmente.


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Ahí entra la inteligencia artificial como herramienta, pero también como filtro. Mariano Surghy, presidente del Córdoba Cluster, describió que el futuro depende de una adopción masiva de IA para mejorar productividad y compensar parte de la pérdida de competitividad salarial. En una imagen fuerte, explicó: “La IA actúa como un exoesqueleto para los programadores, no reemplaza al trabajador, pero le otorga una fuerza y una velocidad sobrehumanas que le permiten cargar el peso de cuatro personas sin perder el paso”. En paralelo, advirtió que el sector también mira reglas de juego para el flujo de divisas y la confianza sobre la continuidad del rumbo.

El empleo acompaña, pero con matices. El reporte de Experis (ManpowerGroup) indicó que el 33% de los empleadores de IT planea aumentar su plantilla, mientras el 38% no prevé cambios; el 14% anticipa recortes y el 15% aún no define. La misma encuesta marcó que el 68% de las empresas tiene dificultades para encontrar el talento necesario y que esas complicaciones resultan mayores en perfiles vinculados a IT y datos, un dato que transforma la discusión: no alcanza con “tener talento”, importa cuánto ingresa al sistema cada año y cuánta formación práctica se logra sostener.


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La reconfiguración de perfiles también aparece en la demanda cotidiana de las compañías. Fiuza describió que la IA cambia el lugar de los juniors y empuja búsquedas hacia perfiles semi seniors, mientras Surghy remarcó que se piden capacidades de análisis, arquitectura de software e integración con uso productivo de IA. Kalos, por su parte, planteó que el valor agregado no se mide solo por salario y sugirió orientar parte del crecimiento hacia rubros como ciberseguridad, soluciones sectoriales, educación con soporte tecnológico y fintech, donde la Argentina ya tiene posicionamiento regional.

En ese mapa, la inserción internacional se mira con indicadores mixtos. El Global Innovation Index ubica a la Argentina en el puesto 76, con fortalezas en capital humano y educación, y debilidades en ambiente regulatorio e inversión privada en I+D. La foto sirve para entender por qué el salto exportador no depende solo de empresas: también aparece ligado a condiciones regulatorias, financiamiento y continuidad de políticas que sostienen al ecosistema.


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El sector cuenta con instrumentos vigentes que influyen en su estructura. El Régimen de Promoción de la Economía del Conocimiento, modificado en 2020, alcanza a unas 800 empresas y fija incentivos fiscales, además de derechos de exportación en cero para servicios. En paralelo, programas de formación como Argentina Programa 4.0 buscan ampliar la base de talento, mientras desde el mundo empresario se repite una idea práctica: la educación técnica, el inglés y la formación específica marcan la diferencia para acceder a contratos más complejos.

Desde empresas con operaciones regionales, el discurso vuelve al mismo punto: elegir qué vender y cómo posicionarse. En Evoltis, firma de cxtech con presencia en Argentina y Paraguay, Maximiliano Bechara describió que el futuro depende de captar oportunidades privadas y públicas y sostuvo: “Mientras que otras industrias dependen de ciclos largos, infraestructura pesada, recursos naturales finitos, la tecnológica depende de algo que ya tenemos en nuestro ADN, el talento, la creatividad, la adaptación”. En Baufest, con parte importante de su actividad fuera del país, Ángel Pérez Puletti afirmó: “Con el dólar actual seguimos siendo competitivos. El diferencial no va por el lado del precio, sino por la calidad de los recursos humanos y de lo que hacemos. El tipo de cambio no es la variable”.

Fuente: LA NACION.

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