
El conflicto global ya golpea el bolsillo y anticipan otro impacto que todavía no llegó
Actualidad21/03/2026
REDACCIÓNSuben combustibles, alimentos y costos productivos en Argentina mientras crece la presión sobre tarifas y consumo en medio de la crisis energética.

El efecto de la guerra en Medio Oriente ya se siente en Argentina y empieza a reflejarse en variables concretas de la economía diaria. Lo que ocurre a miles de kilómetros impacta en precios locales y anticipa un escenario más exigente para los próximos meses.
El primer impacto aparece en los combustibles, donde las subas ya se trasladaron a surtidores de todo el país. En marzo, los aumentos llegaron hasta el 12% y consolidaron una tendencia que arrastra incrementos sostenidos desde principios de año.


Detrás de ese movimiento está el precio internacional del petróleo, que pasó de unos 70 dólares a picos cercanos a los 120, para luego estabilizarse en torno a los 110. Ese salto repercute directamente en los costos internos y presiona sobre toda la cadena económica.
En ese contexto, los valores en estaciones de servicio alcanzaron niveles récord. En la Ciudad de Buenos Aires, los combustibles premium ya superaron los 2.000 pesos por litro, mientras el sector advierte que todavía existe un atraso importante en los precios.
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Desde las empresas petroleras reconocen que el ajuste no terminó. “Estamos vendiendo a pérdida”, señalan, al explicar que aplican esquemas de actualización por zonas y horarios para intentar sostener el negocio.
El impacto no se limita al combustible, sino que se traslada rápidamente a otros precios. Cada aumento en nafta y gasoil repercute en la inflación, con un efecto directo sobre alimentos y bienes básicos.
De hecho, los supermercados ya registran subas de entre 2% y 3% en productos esenciales. Ese movimiento confirma que el traslado a precios ya comenzó y que la presión inflacionaria vuelve a acelerarse.
El campo también aparece entre los sectores más afectados por este escenario. El aumento en fertilizantes, especialmente la urea, supera el 40% y complica los costos de producción en un momento clave para las exportaciones.
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La dependencia de insumos importados agrava la situación. Argentina compra más del 30% de los fertilizantes que utiliza, lo que la vuelve más vulnerable a las tensiones internacionales y a las restricciones logísticas.
A eso se suma el encarecimiento del gasoil, indispensable para la cosecha y el transporte. Con volúmenes importantes de producción de maíz y soja, el aumento de costos reduce márgenes y afecta la competitividad. El frente energético también presenta señales de alerta de cara al invierno. El precio del gas importado se duplicó y genera incertidumbre sobre el impacto que tendrá en tarifas o en el gasto público.
La demanda local crece de manera significativa en los meses fríos, lo que obliga a importar energía en grandes volúmenes. Ese escenario podría derivar en aumentos o en una mayor carga de subsidios para sostener el sistema. El transporte tampoco queda al margen de este contexto. Las aerolíneas ya aplicaron recargos en los pasajes, con incrementos tanto en vuelos de cabotaje como internacionales, siguiendo la tendencia global.
En paralelo, algunos organismos internacionales recomiendan medidas de ahorro energético para contener la demanda. Entre ellas, reducir el uso del auto y limitar los vuelos, en un intento por amortiguar el impacto del aumento de precios.
En medio de este panorama, aparece un efecto que juega a favor de las cuentas externas. El aumento del petróleo mejora los ingresos por exportaciones, lo que podría aportar dólares adicionales en los próximos años.
Ese ingreso extra podría ubicarse entre los 3.000 y 4.000 millones de dólares, fortaleciendo las reservas y el equilibrio fiscal. Sin embargo, ese alivio convive con un escenario interno donde los costos siguen en aumento.














