

Un entrenamiento en el Balneario Brun de Duclot reunió a Policía y Bomberos para ajustar protocolos de rescate. Hubo simulacros complejos y un objetivo claro que excede el día.


Cuando el rescate ocurre en un ambiente acuático, la diferencia no la marca el uniforme sino la coordinación. Con esa idea como punto de partida, personal guardavida de la División Especialidades de la Policía del Neuquén se sumó a una capacitación operativa junto a efectivos de la Dirección de Bomberos de Neuquén, el Departamento Metropolitana y UESPO. El escenario elegido fue el Balneario Brun de Duclot, donde el entrenamiento buscó poner el cuerpo a situaciones que no permiten improvisación.
La jornada se armó desde una lógica práctica, con simulacros que obligan a decidir rápido y con información incompleta. Entre las situaciones trabajadas figuraron rescates de personas caídas desde altura, un caso que suele sumar riesgo para la víctima y para quien interviene. También se incluyeron ejercicios de búsqueda de desaparecidos, una dinámica que exige método, comunicación constante y roles claros.
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Detrás de cada simulacro, el foco no quedó en la destreza individual sino en el engranaje. La actividad apuntó a ejercitar “protocolos de actuación interinstitucional” y a “unificar criterios de intervención”, dos metas que pesan cuando distintas áreas llegan al mismo punto con responsabilidades distintas. En ese plano, el entrenamiento funcionó como una mesa de acuerdos en movimiento, con decisiones tomadas en tiempo real.
La organización estuvo a cargo de la Secretaría de Emergencias y Gestión de Riesgos, que reunió actores con miradas diferentes sobre el mismo problema. A la dinámica se integraron instituciones del mundo guardavidas, entre ellas la Escuela de Guardavidas de Neuquén y RETMA, lo que aportó una capa formativa y técnica a un entrenamiento pensado para el terreno.
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El valor de la jornada se midió en lo que se ajusta cuando todavía no hay urgencia real. Unificar criterios implica discutir detalles: quién asume el liderazgo operativo, cómo se ordena la comunicación, qué se prioriza en la búsqueda y cuándo se cambia de estrategia. Esos puntos suelen quedar invisibles en una noticia de rescate, pero definen si una intervención se vuelve eficaz o se vuelve caótica.
También se trabajó con la idea de replicar conocimiento hacia adelante, no como un cierre autocomplaciente sino como una necesidad de continuidad. El balance oficial describió la experiencia como “altamente productiva”, en tanto fortaleció la formación del personal y su capacidad para transmitir lo aprendido. En esa lógica, cada participante no queda solo como ejecutor, sino como futuro formador.
La presencia conjunta de áreas policiales y de bomberos expuso una realidad concreta: en incidentes acuáticos reales, las fronteras institucionales se vuelven secundarias. Cuando aparece una caída, una búsqueda o una emergencia que se mueve con el agua, el tiempo corre distinto y el margen de error se achica. Por eso el entrenamiento insiste en algo simple: hablar el mismo idioma operativo antes de que haga falta.
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El Balneario Brun de Duclot se convirtió, por unas horas, en un laboratorio de decisiones difíciles pero necesarias. Los simulacros permitieron ensayar respuestas frente a escenarios que, en la vida real, llegan sin aviso y con presión social encima. Practicar ahí, con protocolos y roles claros, apunta a que la próxima intervención no dependa del azar.





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