
Las grandes redes llegan al banquillo: acusan a Meta, TikTok y Snapchat por dañar a menores
Actualidad03/02/2026
REDACCIÓN
El juicio comenzó sin flashes ni anuncios grandilocuentes, pero con un peso simbólico enorme. Meta, TikTok y Snapchat quedaron sentadas por primera vez frente a un tribunal estadounidense acusadas de algo que atraviesa a millones de familias: generar comportamientos adictivos en niños y adolescentes. La escena se desarrolla en el Tribunal Superior de California, en Los Ángeles, y el impacto promete ir mucho más allá de esa sala.
La selección del jurado marcó el punto de partida de un proceso judicial inédito. No se trata de una demanda aislada ni de una discusión técnica sobre algoritmos, sino de un caso que busca poner límites claros a cómo las plataformas diseñan sus productos para captar la atención de usuarios cada vez más jóvenes. El resultado podría modificar la relación entre las big tech y el público infantil.
La causa que abrió este camino tiene nombre propio. KGM, una joven californiana, denunció que comenzó a usar redes sociales a los ocho años y que con el tiempo desarrolló una dependencia severa de aplicaciones como Instagram, TikTok y Snapchat. Según su presentación judicial, ese vínculo temprano derivó en depresión, ansiedad y pensamientos suicidas durante la adolescencia.


OTRAS NOTICIAS:
Los abogados de la demandante sostienen que nada de eso ocurrió por azar. Apuntan directamente al diseño de las plataformas y a herramientas como el “scroll” infinito, la reproducción automática de contenidos y los sistemas de recomendación. Para la acusación, estas funciones empujan a un uso compulsivo pensado para extender el tiempo de permanencia, incluso en menores.
El planteo va más allá de una compensación económica. El equipo legal de KGM busca que la Justicia obligue a las empresas a modificar el funcionamiento de sus aplicaciones. En ese marco, Joseph VanZandt, uno de los abogados principales, lanzó una definición que marcó el tono del juicio: “Este es el punto cero de nuestra lucha contra las redes sociales, donde la sociedad establecerá nuevas expectativas y estándares sobre cómo las empresas de redes sociales pueden tratar a nuestros niños”.

La demanda se inscribe dentro de una ofensiva legal mucho más amplia. En Estados Unidos se acumulan miles de presentaciones similares impulsadas por adolescentes, distritos escolares y gobiernos estatales. La estrategia recuerda a la utilizada contra las tabacaleras en los años noventa, cuando se probó que ocultaban información sobre los daños del cigarrillo y terminaron pagando un acuerdo histórico.
Esa comparación aparece de forma explícita en los escritos judiciales. Para los demandantes, las redes sociales funcionan como un “producto defectuoso”, capaz de generar dependencia y afectar la salud mental. Entre las prácticas cuestionadas también figuran los filtros de belleza, señalados por promover comparaciones irreales y problemas de imagen corporal en adolescentes.
OTRAS NOTICIAS:
Las empresas, por su parte, rechazan de plano esas acusaciones. Meta, TikTok y Snap niegan que sus productos sean adictivos y sostienen que no existen pruebas científicas concluyentes que demuestren un vínculo directo entre el uso de redes y los trastornos mentales. Además, se amparan en la legislación federal que limita su responsabilidad sobre los efectos del contenido generado por los usuarios.
Desde Meta, voceros plantearon que las demandas simplifican una problemática compleja. Según esa postura, factores como la presión escolar, los conflictos familiares, la inseguridad social o el consumo de sustancias influyen tanto o más que las redes en la salud mental juvenil. Para las compañías, cargar toda la responsabilidad sobre las plataformas resulta injusto y reduccionista.
En el caso de Snap, la situación tuvo un giro particular. La empresa alcanzó un acuerdo extrajudicial con KGM días antes del inicio del juicio, aunque continúa involucrada en otros procesos similares. Ese antecedente refuerza la expectativa sobre lo que pueda surgir de este primer juicio completo contra las grandes redes.
El debate judicial se da, además, en un contexto de mayor presión internacional. Países como Francia, que fijó en 15 años la edad mínima para abrir cuentas, y Australia, que bloqueó el acceso a menores de 16, avanzaron con regulaciones más duras. En Estados Unidos, los intentos legislativos chocan con trabas judiciales, pero el juicio que acaba de empezar podría cambiar el tablero y dejar una señal clara sobre los límites del negocio digital cuando se trata de chicos.














