
La amenaza silenciosa en oncología: por qué comer mal puede complicar todo
Actualidad04/02/2026
REDACCIÓN
La malnutrición atraviesa a una mayoría de pacientes durante el tratamiento y altera la tolerancia a las terapias. Especialistas piden control nutricional desde el diagnóstico.
En el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, el foco suele ir a los tratamientos y a los avances médicos, pero un factor básico sigue quedando a un costado. El estado nutricional condiciona la evolución clínica y la posibilidad de sostener un esquema terapéutico. Lo advierten especialistas: cuando la alimentación falla, la enfermedad se vuelve más difícil de transitar.
La magnitud del problema aparece en los números que manejan los equipos de salud. Entre 4 y 8 de cada 10 pacientes presentan algún grado de malnutrición durante el tratamiento, y el deterioro no se limita a cuadros avanzados. Incluso la mitad llega a la primera consulta oncológica con deficiencias nutricionales detectables, un punto de partida que puede pesar en los meses siguientes.


OTRAS NOTICIAS:
La consecuencia no es menor, porque pacientes bien nutridos al inicio del tratamiento muestran mayor probabilidad de sobrevida. Aun así, la nutrición muchas veces se trata como un tema secundario, cuando en realidad define fuerzas, tolerancia y respuesta clínica. “El estado nutricional es un determinante clave para atravesar el tratamiento oncológico, pero en ocasiones queda en segundo plano y pasa inadvertido, con consecuencias concretas sobre la salud de los pacientes”, explicó Agustina Senese, licenciada en Nutrición y jefa de Cuidados Paliativos del Hospital “Dr. Cosme Argerich”.
En los casos más complejos, el deterioro se vuelve un factor de riesgo por sí mismo. Aproximadamente uno de cada cinco pacientes presenta malnutrición severa, asociada a más complicaciones, menor tolerancia a los tratamientos, internaciones más prolongadas y una reducción de la sobrevida global. No se trata solo de “comer poco”: el impacto se mide en días de internación, ajustes de dosis y retrocesos físicos.
OTRAS NOTICIAS:
Desde la oncología clínica, el mensaje también apunta a la relación directa entre nutrición y capacidad de sostener la terapia. “Cuando el estado nutricional se deteriora, el impacto se refleja rápidamente en la respuesta clínica y en la capacidad del paciente para sostener el tratamiento”, señaló el Dr. Martín Ángel, del Departamento de Oncología Clínica del Instituto Alexander Fleming. Esa caída puede aparecer rápido y obligar a interrumpir o modificar esquemas que requieren continuidad.
Parte del problema nace de los síntomas que provocan la propia enfermedad y, sobre todo, los tratamientos. La quimioterapia y otras terapias pueden generar náuseas, vómitos, diarrea, úlceras en la boca, alteraciones del gusto y del olfato, además de una sensación persistente de saciedad precoz. Lo cotidiano se altera: alimentos habituales pasan a resultar desagradables y el plato se vuelve un obstáculo.
OTRAS NOTICIAS:
En la práctica, esa restricción se sostiene en el tiempo y desgasta el cuerpo. “En la práctica clínica vemos pacientes que no sienten hambre, a quienes las comidas les caen mal o les producen cierto grado de rechazo, y esa situación sostenida en el tiempo termina restringiendo la ingesta e impactando en la salud general del paciente”, agregó el Dr. Ángel. Ese circuito alimenta la pérdida de peso y de masa muscular, y empuja a un cuadro de fragilidad.
La pérdida muscular no queda en una balanza: cambia la vida diaria. La debilidad física crece, la energía disponible baja y la autonomía se compromete, con más dificultad para caminar, levantarse o mantenerse activo. “Cuando el paciente pierde fuerza, actividades cotidianas como caminar, levantarse o mantenerse activo se vuelven más difíciles, lo que incrementa el riesgo de caídas y de complicaciones asociadas, inclusive en términos de salud mental, porque pueden acentuarse cuadros de ansiedad y/o depresión”, detalló la Lic. Senese.
OTRAS NOTICIAS:
Frente a ese escenario, los especialistas insisten en que la nutrición no puede aparecer recién al final del proceso. Plantean evaluación nutricional desde el diagnóstico y seguimiento continuo antes, durante y después del tratamiento para detectar riesgo temprano y ajustar la alimentación a cada etapa. Cuando la comida habitual no alcanza, proponen sumar herramientas específicas dentro del plan terapéutico.
Una de esas estrategias son los suplementos diseñados para necesidades médicas concretas. “Estos son alimentos con propósitos médicos; son preparaciones líquidas o en polvo que aportan energía, proteínas, vitaminas y minerales cuando la incorporación de nutrientes a través de la alimentación habitual es insuficiente”, explicó la Lic. Senese. La meta es clara: preservar masa muscular, sostener fuerza y evitar que la malnutrición se vuelva el problema que termina condicionando todo el tratamiento.
Fuente: NA.
















