
El dólar cae en el mundo y en la región ya miran a Caputo con desconfianza
Actualidad05/02/2026
Sergio Bustos
El dólar se mueve y, esta vez, la conversación no nace en la City porteña sino afuera. En los mercados globales el billete verde muestra una debilidad que sorprende por la velocidad y por el clima que genera: algunos analistas ya se animan a hablar del fin de una era, con la dominancia del dólar puesta en discusión como moneda de comercio y reserva. Ese giro, que para muchos países es motivo de preocupación, en Argentina se lee con un entusiasmo particular.
En el Gobierno de Javier Milei el fenómeno llega con un timing extraño. Justo cuando el mercado financiero empezó a ver señales de acumulación de reservas en el Banco Central, aparecen voces que cuestionan si comprar dólares hoy resulta una jugada inteligente. La paradoja se instala rápido: el Ejecutivo apuesta a sumar divisas y, al mismo tiempo, el mundo empieza a mirar al dólar como un activo menos seguro que hace un año.
El ejemplo que se repite en mesas de inversión es sencillo y contundente. Cuando Donald Trump asumió la presidencia, un dólar valía lo mismo que un euro, pero ahora se necesitan u$s1,20 para comprar la divisa europea. No se trata de un récord histórico, aunque el mercado parece oler que la tendencia todavía no se agotó y que podría venir un debilitamiento adicional.


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Ese escenario reaviva una pregunta que en Argentina siempre incomoda: ¿conviene quedarse en dólares cuando el mundo empieza a escapar del dólar? Medido en términos locales, el golpe existe y duele: quien guardó billetes “bajo el colchón” perdió 4,5% de poder de compra en un año. Y si se mira la comparación internacional, el índice del dólar marca una pérdida de 11%, un dato que cambia el humor de cualquier cartera conservadora.
Pero Luis Caputo no juega el mismo partido que un ahorrista. Desde el Ministerio de Economía, el dólar débil aparece como una ventana que alivia un calendario pesado de pagos nominados en moneda estadounidense. Los economistas estiman vencimientos por u$s32.000 millones hasta el final del mandato de Milei, y en ese contexto el ministro encuentra razones para celebrar incluso cuando otros países miran el tablero con más cautela.
Una de las consecuencias inmediatas del dólar en retroceso es el movimiento de fondos hacia economías emergentes. Cuando la moneda estadounidense pierde fuerza, muchos inversores salen a buscar rendimientos en otros mercados y eso suele traer más dólares a la región. En ese punto, mientras Trump festeja por la competitividad exportadora de su país, economistas de distintos lugares advierten por una posible suba de la inflación global.
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No es la primera vez que el mundo vive algo parecido y en Argentina hay memoria de ese combo. Durante la presidencia de George W. Bush, Estados Unidos acumuló una inflación de 25% y, como contrapartida, se dispararon los precios de las materias primas. En aquel ciclo, Néstor Kirchner se benefició del boom sojero, aunque el país estaba en default y no pudo aprovechar el crédito global con la misma fuerza que otros vecinos.
Ahora el cuadro cambia y los números empiezan a mostrarlo. En Brasil, por ejemplo, en lo que va de enero entraron capitales equivalentes al 85% de todo lo que había ingresado durante 2025, según un reporte de la consultora Macro Investimentos. Traducido: unos u$s4.200 millones en apenas unas semanas, una señal de que el flujo se aceleró.
Argentina también registra un movimiento que, hasta hace poco, parecía lejano. Un informe de Romano Group indica que desde noviembre hasta mediados de enero se emitieron Obligaciones Negociables por u$s6.900 millones, empujadas por empresas privadas que volvieron a buscar financiamiento. A eso se sumó la colocación de un título a ocho años por u$s550 millones por parte de YPF, con una tasa de 8,1%, un dato que en el mercado se leyó como termómetro de confianza.
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Caputo además se beneficia por una lógica que en política económica suena casi perfecta: un dólar débil genera efectos similares a una devaluación, pero sin el costo político y social de una devaluación. La economía gana competitividad porque otras monedas se revalúan más, y eso puede funcionar como argumento en pleno debate sobre el impacto de la apertura comercial en la industria local. En el mercado argentino el dólar cayó menos de 2% en un mes, mientras que en Brasil se desplomó 7%, una diferencia que no pasa desapercibida.
El analista Andrés Reschini, de la consultora F2, lo resumió con una frase que se repite entre operadores: “Está costando muy caro quedarse en dólares cash”. En su ranking de 25 divisas de economías medianas y grandes, el peso argentino aparece en el puesto 15 entre las que más se apreciaron en lo que va del año. Por arriba quedaron el peso chileno, el mexicano, el yen, el euro y otras monedas europeas, mientras que solo cinco divisas se depreciaron contra el dólar.
Ese movimiento relativo también cambia algunas escenas cotidianas. Se atenúa el fenómeno de los últimos dos años, cuando la diferencia de precios impulsaba tours de compras hacia Chile y Paraguay. Y, en el plano financiero, abre otra posibilidad que Caputo mira con atención: emitir deuda en pesos y volverla atractiva para inversores extranjeros, en un contexto donde el rendimiento se vuelve tentador y el riesgo país empieza a bajar.
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La debilidad del dólar también suele empujar otra variable que Argentina sigue de cerca: las materias primas. Con el petróleo como caso sensible, las proyecciones empezaron a moverse en pocas semanas. Caputo llevó a Davos una estimación de u$s10.000 millones netos para la balanza comercial energética, una suba del 25% en un año por Vaca Muerta, pero el precio del crudo empezó a correrse: cuando se armó esa cuenta estaba debajo de u$s60 el barril y ahora ya ronda los u$s64, con analistas que ven margen para llegar a u$s70.
En el agro el panorama resulta más incierto, aunque con señales mixtas. La campaña de soja fue buena en términos históricos, pero con un 5% menos de volumen que la del año pasado por sequía en algunas regiones. El trigo, en cambio, produjo 37% más, y la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta que la campaña total de granos suba 11,8% interanual en volúmenes, un dato que sostiene expectativas de ingreso de divisas.
El último capítulo de este nuevo mapa global aparece en el Banco Central y no se explica con dólares, sino con oro. El precio del metal subió fuerte y mejoró el balance de reservas: hace tres meses las tenencias del BCRA valían menos de u$s8.000 millones y ahora rondan los u$s10.300 millones. Esa mejora, sumada a la compra de u$s1.100 millones en el mercado cambiario y a nuevos préstamos, empujó las reservas brutas por encima de u$s46.000 millones y dejó al Central cerca de eliminar el déficit de reservas netas.
Con todo eso sobre la mesa, el dólar débil aparece como una buena noticia para Argentina, al menos en el corto plazo. Pero también deja preguntas que empiezan a circular con fuerza en el mundo financiero: si conviene vender oro con el precio alto y, sobre todo, si llegó el momento de ir hacia una flotación pura del tipo de cambio aprovechando que el “monstruo verde” no mete miedo como antes.
















