La partida 2026 para el Servicio Nacional de Manejo del Fuego quedó entre las más bajas de la última década

Actualidad12/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Servicio Nacional de Manejo del Fuego
Servicio Nacional de Manejo del Fuego

Los incendios forestales se volvieron una postal recurrente en la Patagonia, en el Delta del Paraná y en distintas regiones del país. Cada verano, el humo vuelve a cubrir bosques, rutas y ciudades cercanas. En ese escenario, el financiamiento del organismo encargado de coordinar la respuesta nacional llega al 2026 con un nivel que genera preocupación.

El Servicio Nacional de Manejo del Fuego, que articula recursos para combatir incendios en todo el territorio, tendrá el segundo presupuesto más bajo de la última década. El dato surge de un relevamiento de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), que monitorea partidas ambientales de forma anual. La caída se da pese a que el año pasado se había registrado un incremento respecto de 2024.

Según explicó el economista de FARN Matías Cena Trebucq, el presupuesto muestra una baja fuerte en términos reales. La variación implica una disminución de 74.145 millones de pesos frente a las partidas del año anterior. El especialista remarcó que la comparación contempla inflación y que el recorte deja al sistema en uno de sus puntos más débiles en años.

El organismo depende desde hace un año del Ministerio de Seguridad Nacional y coordina el Sistema Federal de Manejo del Fuego. Allí participan también la Administración de Parques Nacionales, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires. La estructura tiene responsabilidades que van más allá del combate directo: debe organizar medidas de prevención, alertas tempranas y producción de información anticipada.


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Desde FARN plantean que el problema no es solo cuánto dinero se asigna, sino en qué se gasta. En ese sentido, Cena Trebucq advirtió que es necesario dejar de destinar los fondos a la emergencia cuando el daño ya está consumado. “Mayor inversión no quiere decir menor daño, pero usar los fondos de manera reactiva es hacerlo cuando los incendios ya están consumados”, sostuvo.

El traslado del Servicio desde Ambiente hacia Seguridad también aparece como un punto sensible en la discusión. Para la organización, esa reubicación refuerza un enfoque centrado en la reacción inmediata más que en políticas ambientales de largo plazo. La prioridad operativa termina desplazando herramientas que podrían reducir el riesgo antes de que el fuego se inicie.

Uno de los recortes señalados está vinculado a los informes de alerta temprana y evaluación de peligro. El proyecto presupuestario prevé unos 1.850 reportes para este año, frente a los 2.310 informes contemplados en 2025. Son herramientas clave para anticipar escenarios críticos y orientar decisiones antes de que las llamas avancen.

Otro punto que genera incertidumbre es la disolución del Fondo Nacional de Manejo del Fuego. Ese fondo se financiaba con primas de seguros y tenía un destino específico para fortalecer el sistema. Cena Trebucq advirtió que “se siguen recaudando pero sin el destino específico de financiar al FNMF porque ya no existe”, lo que abre interrogantes sobre el uso actual de esos recursos.


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La discusión también se cruza con medidas concretas de prevención que siguen pendientes. Entre ellas, la erradicación de especies invasoras como los pinos en la Patagonia, que encuentran en los incendios condiciones ideales para expandirse. “Los planes de restauración ecológica se deben hacer antes de que sucedan los incendios”, señaló el especialista.

Además, remarcó la necesidad de tareas básicas como la limpieza de caminos y senderos para evitar acumulación de combustible vegetal y facilitar el acceso de brigadistas. Ese trabajo requiere equipamiento, herramientas y personal estable, algo que se vuelve más difícil cuando las partidas pierden peso real.

También aparecen como herramientas útiles los faros de conservación, torres con cámaras que detectan humo o calor en zonas alejadas. Desde FARN consideran que deberían expandirse en más puntos del país, junto con educación ambiental para comunidades que viven en áreas de interfase, donde el riesgo es permanente.

En el cierre, la advertencia apunta a un problema estructural: la prevención sigue quedando relegada frente a la urgencia. Con brigadistas que reclaman mejores salarios y estabilidad laboral, y con incendios que ya no son excepcionales, Cena Trebucq sintetizó una idea central: “La mejor inversión es usar el dinero antes de que se den los incendios”.

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