
Provincia ajusta la operación del Dique Ameghino y asegura la regulación del río
Chubut13/02/2026
REDACCIÓN
El IPA sostuvo que el embalse mantiene margen operativo con la cota en 138,30 frente a una sequía comparable a 2021-2022. También remarcó ahorro en riego y controles.


El Gobierno del Chubut, a través del Instituto Provincial del Agua (IPA), puso sobre la mesa un mensaje técnico con impacto directo en el día a día: el Dique Florentino Ameghino sostiene capacidad de regulación en un contexto de sequía que el organismo compara con la de 2021-2022. La provincia ubicó la discusión lejos del ruido y más cerca de la operación concreta del sistema hídrico, con números que apuntan a ordenar expectativas. En esa línea, el informe busca dar previsibilidad sobre un recurso que condiciona producción, servicios y planificación.
El titular del IPA, Esteban Parra, precisó que el embalse se encuentra en cota 138,30 metros, un dato que funciona como referencia para medir margen de maniobra y riesgos asociados. En el mismo marco técnico, el organismo recordó que la cota de vertedero es 166 metros, nivel a partir del cual el dique deja de regular y aparecen escenarios de inundación. También ubicó el extremo opuesto en la serie histórica: la marca de sequía más baja se registró en 1988, con 127,54 metros, lo que permite dimensionar el piso de referencia.
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La lectura política y operativa de esos registros apunta a una idea central: con los valores actuales, la Provincia entiende que el dique mantiene capacidad de control del recurso. Esa afirmación no elimina la restricción hídrica, pero sí acota el margen de incertidumbre en torno a la regulación del río. En términos de gestión, el dato importa por lo que habilita: programar entregas de agua, sostener criterios de distribución y ordenar el funcionamiento aguas abajo sin improvisaciones.
Uno de los capítulos más sensibles del sistema aparece en el Valle Inferior del Río Chubut (VIRCh), donde el agua de riego define rendimientos, costos y continuidad productiva. El IPA informó una baja marcada en el volumen utilizado para riego respecto de un año normal, con un descenso desde alrededor de 550 hectómetros cúbicos a aproximadamente 320 hectómetros cúbicos. Ese cambio se traduce en un ahorro estimado de entre 20% y 25%, un dato que el organismo presenta como señal de eficiencia y ajuste de prácticas en un período de escasez.
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En el fondo, la discusión sobre riego no se reduce a cuánto se usa, sino a cómo se usa y con qué controles se sostiene el reparto. En ese punto, el IPA vinculó la coyuntura con proyecciones técnicas asociadas al clima, que anticipan una posible reducción del caudal medio del Río Chubut en 7%. La combinación de menor disponibilidad potencial y demanda sostenida exige administración fina, porque el sistema no tolera desbalances prolongados sin consecuencias en cadena. Por eso, el informe ubicó a la planificación como una herramienta de continuidad, no como un anuncio abstracto.
El organismo también incorporó un dato que mueve el eje hacia el control territorial: el incremento de usuarios clandestinos aguas arriba del dique. Según el relevamiento planteado, antes se regaban cerca de 3.000 hectáreas en esa zona y ahora la superficie asciende a aproximadamente 20.000 hectáreas. Para la Provincia, esa expansión sin regularización tensiona el uso equitativo del recurso y obliga a un esquema más activo de inspecciones, relevamientos y sanciones.
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En paralelo, el informe abrió la discusión sobre consumo urbano y hábitos, con un indicador que suele pasar desapercibido hasta que falta agua. El diseño estándar de consumo de agua potable se ubica en 250 litros por habitante por día, aunque el IPA advierte que varias localidades superan esa referencia. En contraste, Rada Tilly aparece como caso testigo con un consumo inferior a 100 litros por habitante al día, un nivel que el organismo asocia a estándares europeos y que funciona como espejo para el resto.
En ese mapa de prácticas, el IPA mencionó a Puerto Madryn como ejemplo por la instalación masiva de medidores, una herramienta que ordena consumos, reduce pérdidas y permite políticas más precisas. También incluyó a Playa Unión dentro de las experiencias que muestran mejoras de administración local del servicio. La idea que se desprende es clara: sin medición, la gestión se vuelve intuitiva; con medición, se vuelve verificable y ajustable, incluso en períodos de estrés hídrico.
Hacia adelante, la Provincia planteó proyectos que conectan agua, infraestructura y energía, con una mirada que busca reducir vulnerabilidades del sistema. Entre las obras mencionadas aparece el Dique Compensador Las Piedras, una planificación de larga data destinada a mejorar la regulación del río y contener crecidas de 13 arroyos que desembocan aguas abajo del Ameghino. Además, el Gobierno analiza combinar generación eólica con la hidroeléctrica, usando el agua del embalse como “batería” para optimizar el esquema energético provincial y ampliar la planificación integral de recursos naturales.














