
El cliente ya no compra igual y los comercios cambian promos para no quedarse vacíos
Actualidad15/02/2026
REDACCIÓNEl consumo afloja y se nota en el mostrador: más comparación de precios y menos compras impulsivas. Comercios responden con promociones segmentadas, financiamiento y ventas combinadas.

En los comercios, el cambio se detecta sin necesidad de estadísticas: hay más gente que mira, pregunta y se va sin comprar. Esa escena empezó a repetirse y obligó a ajustar la manera de vender, sobre todo en el comercio minorista que vive del movimiento diario. Con un contexto económico más tirante, los negocios buscan sostener el flujo de ventas con herramientas más precisas y menos improvisadas.
Los reportes que circulan en el sector describen señales de desaceleración del consumo y un cliente más racional. Se compara más, se recortan las compras impulsivas y se priorizan productos esenciales, un comportamiento que aparece en distintas regiones del país. En ciudades patagónicas, ese cambio también impacta porque el consumo local no siempre alcanza para sostener los mismos niveles de actividad.


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En lugar de salir con descuentos generalizados, muchos comerciantes empujan acciones enfocadas para no “regalar” margen sin resultados. Las promociones segmentadas ganan lugar como forma de atraer públicos concretos y sostener la circulación en el local. En esa lógica se vuelven más frecuentes los descuentos por tiempo limitado, los combos y los beneficios asociados a medios de pago digitales.
Otro dato que se repite en el análisis del consumo es la concentración de ventas en momentos puntuales del mes. Los comercios detectan que el movimiento fuerte coincide con acreditaciones salariales o con promociones bancarias, y eso obliga a recalcular calendarios. En un escenario así, no alcanza con tener ofertas: importa cuándo se lanzan y cuánto duran.
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El financiamiento aparece como una herramienta que muchas veces define la compra. En rubros donde el ticket resulta sensible, ofrecer cuotas o beneficios con billeteras y bancos ayuda a convertir una intención en venta concreta. Esa estrategia se usa para sostener volumen, aunque implique negociar condiciones y ajustar precios para no perder rentabilidad.
La digitalización también se vuelve un recurso central para entender qué está pasando. Especialistas señalan que medir comportamientos y respuestas permite diseñar campañas más finas, orientadas a nichos específicos. Esa lectura basada en datos evita que la estrategia dependa solo de intuición, en un momento donde cada error se paga caro.
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En paralelo, crecen las estrategias omnicanal, combinando el local físico con redes sociales y comercio electrónico. El cliente compara desde el celular y decide rápido, por eso la presencia digital ya no funciona como complemento decorativo. Para muchos negocios, sostener ventas implica estar en el mostrador y también en la pantalla.
En la Patagonia, el turismo aparece como un factor que puede compensar caídas del consumo local en ciertos períodos, especialmente en ciudades costeras durante la temporada. No reemplaza el movimiento de todo el año, pero puede amortiguar semanas flojas y sostener algunos rubros. Esa posibilidad empuja a varios comercios a ajustar ofertas y comunicación según el tipo de visitante.
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El desafío más complejo queda del lado de los márgenes. Promocionar sirve para atraer, pero también achica rentabilidad si no se controla con precisión qué se descuenta y qué se gana en volumen. Por eso, la segmentación, el seguimiento y la adaptación permanente pasan a ser parte de la rutina comercial.















