
Un desmayo y dos convulsiones en altura activaron un rescate extremo en el Aconcagua
Policiales17/02/2026
REDACCIÓNUn guía de montaña se descompensó a 4.200 metros, cerca de Plaza de Mulas. Lo asistieron con oxígeno y medicación, y lo evacuaron en helicóptero con una maniobra de alto riesgo.

En el Aconcagua, el margen de error se achica a medida que sube la altura y los síntomas pueden escalar en minutos. Eso ocurrió con un guía de montaña de 40 años, que se descompensó cuando iniciaba el descenso desde una zona exigente del circuito. El episodio obligó a activar un operativo sanitario y de rescate en un punto donde la logística depende del clima, el relieve y decisiones rápidas.
El hecho se registró al mediodía del domingo en el sector conocido como Cuesta Brava, a 4.200 metros de altura, muy cerca del campamento Plaza de Mulas. En ese tramo, el andinista se desmayó y luego sufrió un cuadro que encendió todas las alarmas del equipo que lo acompañaba. La información oficial indicó que padeció dos convulsiones en menos de 15 minutos, un dato que empujó la evacuación inmediata.


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Trabajadores del Aconcagua dieron aviso y, poco después, llegaron efectivos de la Patrulla de Rescate. La asistencia se coordinó con uno de los médicos del parque, que evaluó el estado del paciente en el lugar. En alta montaña, esa primera atención suele marcar la diferencia entre estabilizar un cuadro o quedar atrapado en una zona sin margen para una segunda complicación.
Según el reporte, al guía le colocaron oxígeno y le administraron medicación para compensarlo. La prioridad pasó a ser evitar que el cuadro se repitiera mientras se organizaba la salida. Con esa evaluación, el profesional médico ordenó la evacuación inmediata para reducir el riesgo de una nueva convulsión en pleno descenso.
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La Patrulla de Rescate aseguró al andinista y, junto con Guardaparques, comenzó el trayecto de bajada para sacarlo del lugar. Ese movimiento, en un contexto de altura y terreno difícil, exige control permanente del estado general, cuidado del ritmo y protección ante cambios bruscos de clima. La evacuación por tierra, además, condiciona tiempos que pueden resultar largos cuando hay compromiso neurológico.
En paralelo, el piloto Horacio Pedro Freschi sobrevoló la zona desde donde iniciaba el descenso. El problema era técnico y geográfico: el punto no permitía un aterrizaje seguro. Frente a ese límite, el operativo necesitó una alternativa que evitara prolongar la exposición del paciente.
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Tras evaluar la situación y el peligro que corría el andinista, el piloto resolvió una maniobra de alta complejidad. La información indica que decidió realizar un “vuelo estacionario”, es decir, un acercamiento sin tocar el suelo, con el helicóptero sostenido en el aire mientras se concretaba el embarque. Ese recurso se utiliza cuando el terreno impide apoyar el tren de aterrizaje, pero demanda precisión extrema y coordinación fina con quienes asisten desde el suelo.
Con el helicóptero en esa posición, y en trabajo conjunto con la Patrulla de Rescate, lograron subir al paciente a bordo para iniciar el traslado. La evacuación aérea acorta tiempos y reduce el desgaste físico de una bajada prolongada en altura. El objetivo inmediato fue llevarlo a un centro de salud para continuar la atención y monitorear la evolución del cuadro.
Fuente: NA.















