
El trofeo más codiciado del fútbol ya está en suelo argentino y no se puede tocar. Esa regla, que rige en cada parada internacional, rodea de mística una visita que despierta memoria colectiva y orgullo reciente. La Copa del Mundo desembarcó en el país como parte de su tour global y volvió a quedar frente a los ojos de los hinchas.



La muestra propone un recorrido que conecta distintas épocas. Hay un sector dedicado a las pelotas oficiales desde México 1970, una sala interactiva sobre los futbolistas que integraron el plantel campeón en Qatar 2022 y un espacio ambientado con imágenes y sonidos de los festejos del 18 de diciembre en el Obelisco. Al final del trayecto, el público puede sacarse una foto con el trofeo, aunque debe respetar la distancia reglamentaria.
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La conducción del acto estuvo a cargo de Sergio Goycochea, protagonista del Mundial de Italia 1990. Frente a los invitados, remarcó el valor simbólico de esta escala: “En esta edición somos los campeones del mundo, entonces también tiene un aditivo muy especial”. Luego agregó: “Después de la obtención de Qatar, donde casi todos nos morimos del corazón, es la primera vez que la copa oficial visita nuestro país”.
El escenario también reunió a campeones de otras generaciones. Oscar Ruggeri evocó a Diego Armando Maradona con una frase que atravesó el auditorio: “Me duele en el alma, porque en este lugar tendría que estar mi capitán”. La emoción marcó buena parte de la jornada y enlazó la consagración de México 1986 con el presente.
En esa misma línea, Jorge Burruchaga recordó el momento en que el plantel empezó a creer en la hazaña: “Nos dimos cuenta que podíamos ganar el Mundial en el partido de octavos de final con Uruguay. Fue el puntapié inicial de lo que fue el éxito”. A su lado, Ubaldo Matildo Fillol expresó que sentía “la presencia de todos mis compañeros del ´78 y del ‘Flaco’ Menotti”, en alusión al entrenador campeón en 1978.
También participaron Carlos Daniel Tapia, Ricardo Giusti, Héctor Enrique y Sergio Batista, todos integrantes del equipo que levantó el trofeo en 1986. La presencia de distintas camadas reforzó la idea de continuidad histórica en torno a una misma pieza.
El tour actual es el sexto a nivel global y siempre incluyó a la Argentina en su itinerario. El trofeo original solo abandona el Museo de la FIFA en dos situaciones: para esta gira y para la Copa del Mundo. En total, visitará 30 asociaciones miembro en 75 paradas a lo largo de más de 150 días.
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La pieza exhibida está hecha de oro macizo de 18 quilates, pesa 6,175 kilos y muestra dos figuras humanas sosteniendo el globo terráqueo. El diseño vigente data de 1974 y reemplazó a la histórica Copa Jules Rimet. Por protocolo, solo pueden tocarla los campeones del mundo y los jefes de Estado.
El equipo ganador de cada edición la recibe primero en la ceremonia oficial y luego obtiene una réplica bañada en oro, con el año, la sede y el nombre del campeón grabados. En esta visita, la Argentina la contempla como dueño vigente del título y como anfitrión de una memoria que sigue fresca.
La gira continuará su camino internacional, pero en esta escala el trofeo no solo se exhibe: activa recuerdos recientes y reactiva otros más lejanos. En cada sala, la historia del fútbol argentino encuentra un punto de encuentro con el presente.















