
Entrena todo el año y asegura que el mayor desafío no es físico. Su nombre es Alexis Gregorat. El impacto del frío no empieza en la piel. Empieza en la cabeza. Así lo describe el nadador chubutense que en los próximos días volverá a competir en el circuito internacional de aguas gélidas, una disciplina que exige ingresar al agua cuando la temperatura desciende a niveles extremos y sin protección térmica especial.

“Una inmersión en aguas gélidas no se prepara sólo con el cuerpo. Se prepara con la mente”, explica el deportista, nacido en Trelew y criado en Puerto Madryn, que desde hace dos décadas vive en Córdoba y desde hace 13 años está radicado en Alta Gracia. Su rutina no distingue estaciones y combina pileta, aguas abiertas y exposición progresiva al frío.
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En competencias oficiales, el límite es claro. “Se consideran gélidas cuando el agua está por debajo de los 5°C. Ahí el cuerpo entra en shock térmico y por eso requiere preparación y respeto”, detalla. En ese rango, cada segundo dentro del agua implica una respuesta fisiológica extrema que obliga a entrenar con planificación y controles médicos estrictos.
La preparación no se reduce a nadar más metros. “Entreno durante todo el año. Trabajo la resistencia en pileta y en aguas abiertas, hago adaptación progresiva al frío y cuido mucho la recuperación. Pero lo más importante es el entrenamiento mental. El frío no te golpea primero en el cuerpo, te golpea en la cabeza”, afirma. Antes de cada ingreso al agua, incorpora respiración profunda y concentración plena para estabilizar el impacto inicial.
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Esa adaptación forma parte de su vida cotidiana. “Esto lo logro con duchas de agua fría todo el año y baños en la pileta de crioterapia 1 o 2 veces por semana”, cuenta. La disciplina no depende sólo de los entrenamientos formales, sino de hábitos diarios que fortalecen la tolerancia al estrés térmico. El vínculo con esta actividad nació casi como un juego. “Siempre busqué desafíos que me incomoden. Primero estudié el método Win Hoff en el 2021 y después cruzando diques en pleno invierno como un juego con amigos y cada vez se fue poniendo más interesante”, recuerda Alexis. Con el tiempo, esa curiosidad se transformó en competencia internacional.
En su historial figuran el Oceanman Argentina, el Sudamericano de aguas abiertas en Chile y la Winter Swimming World Cup en El Calafate, certamen que le permitió clasificar al Mundial de Finlandia. Esta será su cuarta experiencia fuera del país en el circuito internacional. Competirá principalmente en estilo libre y mariposa, mientras que en pecho participará “para vivir la experiencia al máximo”.
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El reglamento impone una condición que potencia el desafío. “Si, el mismo traje para nadar en pileta/piscina normal. No se permiten trajes ni mallas que puedan generar un aislamiento térmico”, explica sobre la indumentaria. Sin neoprene ni protección adicional, el cuerpo queda expuesto por completo al agua helada.
Los requisitos médicos también son más exigentes que en otras disciplinas federadas. “Todos los necesarios para cualquier actividad física federada. Control médico, sobre todo cardiovascular. Electro, Ergo, Eco, etc. La diferencia es que acá nos exigen éstos estudios con más frecuentes y por lo general nos dan 1 mes como máximo de validez”, señala Gregorat. El control constante busca minimizar riesgos ante el shock térmico.
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Detrás de cada viaje hay otro desafío menos visible: el económico. “No somos una delegación llena de recursos. Somos personas comunes haciendo cosas extraordinarias, muchas veces sosteniéndonos solos. Y aun así, vamos”, resume. El respaldo es limitado y muchos deportistas financian gran parte de los traslados por cuenta propia. Para quienes miran desde afuera, la pregunta suele ser la misma: por qué elegir entrar en agua que roza el punto de congelación. Su respuesta no gira en torno a medallas. “No es cuestión de edad, es cuestión de respeto y preparación. El frío no se desafía, se aprende a convivir con él”, sostiene. En ese aprendizaje, asegura, se revela el carácter.
Este año entendí que uno no se define por una sola disciplina, ni por una sola carrera, ni por un solo resultado. Este año me descubrí en el agua en todas sus formas. Cada una me mostró una parte distinta de quién soy. Este fue un año de temperaturas extremas, distancias distintas, climas inesperados y aprendizajes. Un año donde me probé, me desafié, me quebré y me volví a armar, concluye Gregorat.

















