
Autos chinos ganan terreno y encienden luces rojas en fábricas argentinas
Actualidad23/02/2026
REDACCIÓNLa posibilidad de exportar sin arancel desde Brasil y producir con mínima integración regional inquieta a terminales y autopartistas locales.

Mientras la industria todavía procesa el impacto por el cierre de la planta de Fate y la pérdida de 920 puestos de trabajo, otro frente empieza a inquietar a fabricantes y proveedores del sector automotor. La expansión de marcas chinas en Brasil y su eventual desembarco con producción en Argentina abre un escenario que combina competencia, ventajas arancelarias y dudas sobre la integración local.
El dato que más preocupa no es solo comercial, sino estructural. Las marcas asiáticas que ya producen en territorio brasileño podrían exportar vehículos a la Argentina sin arancel y sin límite de unidades gracias al Acuerdo de Complementación Económica (ACE 14) del Mercosur. Esa posibilidad, en un contexto de costos elevados y presión impositiva interna, modifica el equilibrio para las terminales instaladas en el país.


En enero, durante el Salón del Automóvil de Detroit, el presidente de Ford Sudamérica, Martín Galdeano, había advertido: “No me sorprendería si cierran fábricas de autos en Argentina”. La frase se inscribió en un análisis sobre la pérdida de competitividad por carga impositiva y costos locales. Con la ofensiva china en marcha, aquella declaración vuelve a cobrar actualidad.
La inquietud no se limita a la llegada de autos importados. El foco está puesto en el esquema productivo que podrían adoptar las nuevas marcas si deciden instalar plantas en la región. En el sector diferencian con claridad entre fabricar un vehículo completo y ensamblarlo bajo sistemas SKD o CKD, donde gran parte de las piezas llega desde el exterior y el proceso local se limita a pintura y armado final.
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Ese modelo requiere menos inversión, menos líneas de producción y menos empleo directo. También permite cumplir con la normativa del Mercosur con un nivel mínimo de integración regional. Para que un vehículo tenga estatus Mercosur y pueda exportarse con arancel cero, necesita un 50% de contenido regional, pero en la práctica los costos de ensamblado y gastos locales representan cerca del 40%, por lo que apenas un 10% de autopartes locales alcanza para cumplir la regla.
En ese punto aparece la mayor preocupación de las autopartistas. Un proyecto industrial nuevo podría sumar empleo en las terminales, pero si el 90% de los componentes llega importado, el impacto sobre la red de proveedores locales sería negativo. La ecuación mejora para la marca que ensambla, pero reduce oportunidades para la industria que produce piezas en el país.
Desde una automotriz con presencia en Argentina y Brasil plantearon una postura que sintetiza el debate interno: “No hay que tenerle miedo a la competencia. Si las condiciones son las mismas que tenemos todos, la competencia nos hace mejores. Pero con las mismas reglas. Si una marca china se quiere instalar en cualquiera de los dos países no hay problema, que lo haga, que pague los mismos impuestos que nosotros, los mismos costos laborales que nosotros y en las mismas condiciones que lo hacemos quienes fabricamos autos en Brasil y Argentina”.
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El movimiento ya está en marcha. BYD, Great Wall y Chery fabrican vehículos en Brasil con foco inicial en el mercado local, pero con intención de exportar. Si optaran por producir en Argentina bajo un esquema de integración mínima, podrían exportar hasta el 70% de su producción a Brasil sin arancel, lo que transforma al país en una plataforma atractiva desde el punto de vista comercial.
El debate no es exclusivo del Mercosur. En Europa, la Comisión impulsa una propuesta para que los vehículos eléctricos tengan al menos un 70% de contenido local para acceder a incentivos estatales, según informó Financial Times. La discusión global gira en torno a cómo equilibrar apertura y protección industrial en un mercado que cambia rápido.
En Argentina, el sector atraviesa una etapa de reconversión con discontinuación de modelos y lanzamiento de nuevos programas orientados a la exportación. En ese proceso, la competencia china no se presenta solo como un desafío comercial, sino como un factor que puede redefinir la estructura productiva y el peso de la cadena autopartista en los próximos años.














