
Después de años de lucha, madres cannábicas lograron crear la Fundación Salomé
Chubut24/02/2026
REDACCIÓNDespués de años de trabajo silencioso, gestiones interminables y una convicción que nunca se quebró, un grupo de madres logró concretar uno de sus mayores sueños: la creación de la Fundación Salomé. El proyecto, que nació al calor de la necesidad y la lucha por el acceso a la salud, ya cuenta con estatuto aprobado y transita su etapa final ante la Inspección General de Justicia.

El anuncio llegó cargado de emoción. “Ya tenemos estatuto, ya lo logramos”, expresó una de las impulsoras del espacio, la vecina de Puerto Madryn Berta Thachek, al confirmar que solo resta la presentación formal ante la IGJ para quedar inscriptas oficialmente como fundación y nombró como pilares fundamentalesen la lucha, a Lorena Vilnas y Karina López. El paso marca un punto de llegada, pero también un nuevo comienzo.
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El recorrido no fue corto ni sencillo. Salomé nació con Encefalopatía Crónica y hoy, lleva una vida normal. La idea de conformar una fundación estuvo presente desde los primeros momentos de organización, cuando el grupo todavía funcionaba como asociación y enfrentaba causas judiciales vinculadas al uso medicinal del cannabis. Uno de los hitos fue una causa federal tramitada en Viedma, que luego derivó en un amparo que tardó ocho meses en resolverse.
Desde ese momento, el acompañamiento legal resultó clave. Las abogadas Mariana Guzmán y Flor Cuccini trabajaron junto al grupo desde el inicio, sosteniendo un proceso largo y desgastante. “Siempre tuvimos ese anhelo de ser fundación, porque sabíamos que nos iba a permitir hacer más y llegar mejor”, relató Berta.
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La creación formal implicó atravesar una burocracia extensa, con correcciones, idas y vueltas administrativas y tiempos que parecían no terminar. “Esto no es algo rápido, cualquier estatuto lleva tiempo, se revisa, se corrige, se vuelve a presentar”, explicó Berta Thachek, al remarcar que el logro cobra más valor por todo lo que costó alcanzarlo.
El proyecto de la fundación no se limita al cultivo de cannabis medicinal. Uno de los ejes centrales es la inclusión de niñas y niños con discapacidad, hijos de las propias integrantes. La idea es que puedan participar activamente en procesos productivos, aprender oficios y, a futuro, generar ingresos.
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Entre los planes en desarrollo aparece la elaboración de productos derivados, como jabones, cremas y otros preparados, siempre dentro de un marco solidario y comunitario. La iniciativa busca combinar salud, trabajo y autonomía, tanto para las familias como para sus hijos.
Parte del trabajo actual se desarrolla en Lago Puelo, donde las integrantes de la fundación articulan con cultivadores solidarios y avanzan en la producción de una medicina que describen como “de muy alta calidad”. Ese intercambio fortaleció la mirada colectiva del proyecto.
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El contexto, reconocen, no es favorable. La falta de definiciones políticas claras a nivel nacional y provincial en materia de cannabis medicinal suma obstáculos. Aun así, el grupo decidió no frenar. “Más allá de todo, seguimos”, asegura Berta, convencida de que el camino se construye incluso en escenarios adversos.
Hoy, la Fundación Salomé ya es una realidad. Un proyecto que nació del dolor, se sostuvo con perseverancia y ahora se transforma en una herramienta concreta para seguir trabajando por la salud, la inclusión y la dignidad de muchas familias.
















