El detrás de escena: Gallardo se fue en silencio tras un vestuario sin respuestas y 19 partidos sin reacción

Deporte25/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El Muñeco sintió el fin en el entretiempo ante Vélez, habló con el plantel en Ezeiza y grabó un video sin guión para cerrar su segundo ciclo en River.

Interna en la salida de Gallardo
Interna en la salida de Gallardo

La decisión no nació frente a una cámara ni en una oficina dirigencial. Se terminó de cocinar en un vestuario caliente, después de 45 minutos que dejaron al descubierto un equipo sin reacción y a un entrenador que ya no encontraba respuestas. Marcelo Gallardo salió al segundo tiempo ante Vélez con el traje puesto, pero por dentro la historia ya estaba resuelta.

Desde adentro cuentan que en el entretiempo retumbaron las paredes. Hubo gritos y reproches tras un primer tiempo que el propio entrenador evaluó como un “saca técnico”. El resto del partido pareció un espejismo, con una reacción más empujada por vergüenza que por convicción, mientras el 1-1 asomaba como posibilidad remota y el ciclo se desmoronaba.

Después de otra derrota dolorosa, Gallardo suspendió la conferencia de prensa. “No veo respuestas”, le susurró a alguien de su círculo íntimo tras saludar a los jugadores. Más tarde pidió “24 horas para reflexionar”, aunque en su interior la decisión ya estaba tomada: irse en la sexta fecha del torneo local.


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El desgaste no fue solo emocional. Los números expusieron un problema estructural: River no ganó ninguno de los 19 partidos que empezó perdiendo 1-0. Un equipo sin reacción resultó el golpe más duro para un entrenador que construyó su identidad sobre la convicción y el carácter competitivo.

La eliminación de la Libertadores 2026 y la racha de 0 títulos en 10 competencias durante este segundo ciclo alimentaron la autocrítica. Gallardo sintió que “raspó la estatua” y que el equipo no representó a sus hinchas. Desde el baile de Palmeiras en el Monumental, el equipo perdió peso ante rivales que antes no se animaban.

En la intimidad también apareció el debate por los liderazgos. Con Armani y Juanfer Quintero como capitanes, el vestuario mostró un perfil distinto al de las épocas de Enzo Pérez y Ponzio. “Puede ser generacional. Pero hoy no hay uno que entre pateando las puertas en el vestuario”, deslizó alguien que conoce la interna.

La inversión tampoco alcanzó para torcer el rumbo. Desde su regreso, el entrenador gastó 85 millones de dólares en refuerzos, entre campeones del mundo, apuestas jóvenes y nombres de peso. Probó variantes, movió piezas y cambió esquemas, pero el resultado fue el mismo: un equipo sin gol ni rebeldía.

El último partido condensó todos los síntomas. Errores defensivos, pérdidas en la mitad, delanteros lejos del arco y una cadena de fallas que se repitió como ante Tigre. “Sin gol no hay paraíso” pareció ser la sentencia silenciosa de un ciclo que ya no encontraba soluciones, ni siquiera apelando a juveniles como Freitas para rescatar un penal salvador en la Copa Argentina.


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El lunes, alrededor de las cuatro de la tarde, Gallardo llegó al River Camp con la decisión firme. Llamó a Stéfano Di Carlo para confirmarla y poco después se reunió en Ezeiza con dirigentes y cuerpo técnico. El presidente intentó saber si existía margen para cambiar el rumbo, pero la respuesta fue negativa. De común acuerdo se definió que el partido ante Banfield sería el último.

La charla con el plantel fue distinta al estallido del domingo. Más calmo, habló “en el tono del video”, según testigos. Empujó a los jugadores a enderezar el momento y dejó un mensaje interno que impactó, sobre todo en Juanfer, tocado por la despedida.

Minutos después, ya en la cancha 1, grabó el anuncio oficial. Fueron dos minutos exactos, sin guión y en una sola toma. Agradeció a los hinchas, habló del crecimiento institucional y evitó mencionar a los futbolistas. Cuando terminó, se llevó la mano al corazón y salió de plano. El Muñeco ya no era técnico. Volvía a convertirse en estatua.

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