
El presidente de Estados Unidos confirmó contactos con el gobierno cubano y deslizó una frase que tensiona aún más un vínculo atravesado por sanciones y sospechas.

La relación entre Estados Unidos y Cuba volvió a quedar en el centro de la escena luego de que Donald Trumpmencionara la posibilidad de una “toma de control amistosa” de la isla. La declaración se dio ante periodistas en la Casa Blanca y sorprendió por el tono directo en medio de negociaciones abiertas entre ambos gobiernos.
El mandatario afirmó que existen conversaciones en curso con las autoridades cubanas y describió un escenario de fragilidad económica en la isla. “El Gobierno cubano está hablando con nosotros. Están en grandes problemas, no tienen dinero, no tienen nada, pero están hablando con nosotros ahora. Quizás tengamos una toma de control amistosa de Cuba. Podríamos muy bien terminar teniendo una toma de control amistosa de Cuba”, expresó antes de salir de Washington.


Trump insistió en que el vínculo entre ambos países arrastra décadas de tensiones. En la misma intervención sostuvo: “Después de muchos, muchos años, hemos tenido muchos años de lidiar con Cuba, vengo escuchando hablar de Cuba desde que era pequeño. Están en grandes problemas”.
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Las palabras del presidente se conocen mientras avanzan contactos diplomáticos que incluyen al equipo del secretario de Estado, Marco Rubio. En las últimas horas trascendió que colaboradores del jefe de la diplomacia estadounidense se reunieron con el nieto del ex mandatario cubano Raúl Castro durante la cumbre de la Comunidad del Caribe (Caricom).
Según fuentes citadas por el Miami Herald, las conversaciones giraron en torno a “en el potencial de lentamente aliviar las sanciones de EEUU a cambio de que los líderes cubanos implementen cambios en la isla” en un “periodo de mes a mes”. No se confirmó si Rubio participó de manera directa en el encuentro.
En paralelo, la administración estadounidense anunció planes para permitir el envío de combustible desde empresas energéticas de Estados Unidos hacia compañías privadas cubanas. La estrategia busca fortalecer el sector privado en la isla y generar un nuevo esquema de dependencia energética, en un contexto donde Washington mantiene restricciones económicas.
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Las declaraciones también se producen mientras ambos países manejan con cautela un incidente reciente vinculado a una embarcación que terminó con víctimas fatales. Las autoridades cubanas calificaron a los involucrados como “terroristas” y sostuvieron que el grupo se entrenó en territorio estadounidense con la intención de atacar la isla.
El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossio, indicó que las autoridades norteamericanas mostraron disposición para esclarecer lo ocurrido, pese al historial de enfrentamientos retóricos entre ambos gobiernos. Desde Washington, Rubio señaló que su país investigará el episodio antes de adoptar medidas.
El escenario bilateral atraviesa un momento de alta sensibilidad. La administración Trump reforzó el bloqueo económico y restringió el suministro de combustible hacia Cuba, mientras la isla enfrenta dificultades financieras. En ese marco, la mención a una “toma amistosa” adquiere un peso político que excede la frase y reconfigura el tono del diálogo.
La historia de desconfianza entre ambos países alimenta las interpretaciones. Desde la invasión de Bahía de Cochinosen 1961 hasta la voladura de un avión en 1976 atribuida a Luis Posada Carriles, los antecedentes forman parte de la memoria oficial cubana y explican la sensibilidad ante cualquier referencia a control externo.















