
Sacaron del fondo del mar el cable que cambió para siempre las comunicaciones
Actualidad28/02/2026
Sergio BustosDurante más de tres décadas permaneció tendido en el fondo del océano Atlántico como un vestigio silencioso del inicio de la conectividad moderna. Ahora, el TAT-8, el primer cable transatlántico de fibra óptica, comenzó a ser extraído en una operación que combina memoria tecnológica, ingeniería de precisión y reciclaje industrial.

Instalado el 14 de diciembre de 1988 por AT&T, British Telecom y France Telecom, el TAT-8 inauguró una nueva etapa en las comunicaciones globales. Aunque hoy el mundo depende de casi 600 cables submarinos de fibra óptica que cruzan los océanos, aquel tendido fue el que marcó el punto de partida de la transmisión digital intercontinental.
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En su momento, la tecnología de fibra óptica estaba asociada principalmente a llamadas telefónicas. Con el tiempo, ese mismo soporte se transformó en la columna vertebral del tráfico de datos, permitiendo videollamadas, mensajería instantánea y acceso a contenidos digitales a escala planetaria.
El TAT-8 no fue solo una obra de ingeniería. Estuvo operativo en años que redefinieron el mapa político y tecnológico del mundo: la caída del Muro de Berlín, el nacimiento de la World Wide Web y el auge de las empresas puntocom pasaron mientras ese cable transmitía señales bajo el océano.
Sin embargo, lejos de ser una solución definitiva, su capacidad resultó insuficiente en tiempo récord. La demanda creció con tal velocidad que en apenas 18 meses el sistema quedó saturado, lo que obligó a desplegar nuevas rutas transoceánicas. En 2002, un fallo técnico cuyo arreglo implicaba costos demasiado altos selló el final de su vida útil.
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Durante años, el cable permaneció en desuso en las profundidades. Ahora, su retiro responde a tres razones concretas: liberar espacio en el lecho marino para futuras instalaciones, ordenar infraestructura obsoleta y recuperar materiales de valor para reciclaje.
La operación está a cargo de Subsea Environmental Services, especializada en reciclaje de cables submarinos. El buque Maasvliet, equipado con tecnología diésel-eléctrica, localiza el tendido siguiendo coordenadas históricas precisas, engancha cada tramo y lo eleva a la superficie en un procedimiento que puede extenderse durante horas o incluso un día entero.
Para capturar el cable utilizan un dispositivo conocido como “pez plano”, un anzuelo que desciende hasta el fondo marino siguiendo el recorrido original. Una vez que toma contacto, la tripulación inicia la llamada “carrera de corte”, navegando lentamente para enganchar el cable sin dañarlo antes de izarlo.
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Cuando emerge, el tendido se corta y se enrolla manualmente para almacenarlo en los tanques del barco. Los repetidores, piezas clave que amplificaban la señal óptica a lo largo del trayecto, se extraen por separado debido a su peso, que puede superar los 400 kilos.
El impacto ambiental de estas tareas fue evaluado por el Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido. Los estudios indican que retirar cables fuera de servicio no genera daños significativos en el ecosistema marino, ya que la mayoría no atraviesa hábitats sensibles y, cuando lo hacen, esos segmentos suelen dejarse en su lugar.
Una vez en tierra, empresas como Mertech Marine procesan los materiales. El acero y el cobre de alta pureza se reutilizan en distintas industrias, mientras que el polietileno se convierte en pellets para fabricar productos plásticos no alimentarios. La fibra óptica, en cambio, tiene escaso valor de reciclaje.
En un contexto de creciente demanda mundial de cobre, los kilómetros de cable recuperados adquieren un nuevo significado estratégico. Así, el mismo tendido que acompañó el nacimiento de la era digital vuelve a insertarse en la economía global, esta vez como recurso industrial tras haber sido protagonista de una revolución tecnológica.















