Mendoza prueba el “celular cero” y el recreo se transforma en el nuevo campo de batalla

Actualidad02/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Más de una docena de colegios privados restringen el uso de móviles y algunos públicos empiezan a discutir límites. En Mendoza, la escuela vuelve a mirar el patio como termómetro.

Celular
Celular en clases

En Mendoza, el debate por los celulares ya no se limita al aula y se muda al recreo, donde se ven los cambios más inmediatos. El objetivo de “celular cero” suma adhesiones con metodologías distintas, pero con un punto común: sacar el dispositivo del centro de la escena escolar. La apuesta busca mejorar la convivencia y la concentración, dos palabras que aparecen una y otra vez cuando las instituciones explican por qué endurecen reglas.

En varios colegios privados, el giro no nace de una moda sino de una constatación cotidiana: con restricciones durante la clase, el teléfono igual reaparece en los descansos. En el Colegio San Nicolás, en Luján de Cuyo, la experiencia de 2025 dejó una conclusión práctica y la dirección decidió ir más allá en 2026. La institución sumó la prohibición total de dispositivos móviles durante todo el horario escolar, después de detectar que el recreo sostenía el problema.


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Esa decisión se apoyó en un acuerdo con las familias, que en el San Nicolás tomó forma de pacto parental “Espera digital”. El planteo se organizó para evitar la discusión alumno por alumno y para correr la carga del control, con reglas compartidas. En el fondo, la escuela intentó recuperar un espacio que se había convertido en un “tiempo de pantalla”, aun cuando el aula ya tenía límites.

Otras instituciones eligieron sostener la medida con un argumento que mezcla salud, vínculos y aprendizaje, sin negar que la tecnología forma parte de la vida diaria. Desde el Centro Educativo Dios Padre (CEDP), en Los Corralitos, comunicaron a las familias una fundamentación amplia: “La evidencia internacional, como señalan informes de la UNESCO y organismos de salud, indica que limitar el uso de smartphones en la escuela mejora la concentración, fortalece los vínculos interpersonales y favorece la salud emocional. Sabemos que la tecnología forma parte de la vida cotidiana. No buscamos excluirla, sino educar en su uso responsable”.


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En esa misma línea, el CEDP definió un alcance estricto: celulares, relojes inteligentes y otros dispositivos personales quedan afuera de la jornada escolar, tanto en clases como en recreos. La institución aceptó excepciones para casos de extrema necesidad, pero dejó claro que la regla general apunta a cortar la disponibilidad permanente. Para emergencias, anunció un esquema alternativo con un teléfono común y acceso a WhatsApp, un detalle que busca tranquilizar a las familias sin abrir la puerta al uso irrestricto.

En Mendoza, el contrapunto aparece en el sistema estatal, donde el gobierno provincial sostiene una postura de permisibilidad y “libre elección” por escuela. La Dirección General de Escuelas considera al celular una herramienta pedagógica y evita una prohibición general para las instituciones públicas. El ministro Tadeo García Zalazar lo resumió en una frase que funciona como línea oficial: “Creemos que utilizándolo adecuadamente es una herramienta que puede ayudar”.


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El marco legal también acompaña esa idea de habilitación. En la provincia rige la Ley 9611, de marzo de 2025, que modificó la norma anterior que restringía celulares y autorizó formalmente su uso en todos los niveles educativos, en escuelas públicas y privadas. Esa regla, sin embargo, convive con decisiones internas que tensionan el día a día, porque varias instituciones privadas avanzan con restricciones más duras dentro de su organización. El resultado es un mapa con políticas diferentes según gestión y acuerdo comunitario.

Aun dentro de lo público, empiezan a asomar iniciativas para discutir límites, con el argumento de convivencia y concentración como telón de fondo. El colegio estatal Agustín Álvarez, en la capital provincial, prevé una mesa de debate que puede derivar en restricciones tanto en aula como en recreos. La discusión no aparece presentada como un “castigo” al alumno, sino como respuesta a un uso que las propias comunidades describen como indiscriminado.


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En el universo privado, además, crecen los formatos de control que buscan ser simples y verificables, para evitar arbitrariedades. En el Colegio Universitario Central (CUC), dependiente de la UNCuyo, los dispositivos quedan guardados en cajas bajo llave durante toda la jornada. El colegio explicó el objetivo de ese régimen con una fórmula centrada en el cuidado: “optimizar la concentración, fortalecer el encuentro entre pares y promover el bienestar integral de la comunidad educativa”, con excepciones puntuales vinculadas a actividades pedagógicas planificadas o a emergencias médicas con aval institucional.

Detrás de cada método —casilleros, cajas, lockers o entrega al ingreso— aparece una misma intuición: si el teléfono queda accesible, la regla se vuelve decorativa. En las consultas a familias, el texto fuente marca un dato repetido: el apoyo de los padres, que ven en estas restricciones una forma de bajar conflictos, acoso escolar y apuestas online, además de recuperar el diálogo y el juego físico. En ese punto, el debate deja de ser tecnológico y se vuelve cultural: qué lugar ocupa el recreo y qué tipo de vínculo se construye cuando la pantalla deja de ordenar el tiempo libre.

Fuente: LA NACION.

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