
Un santuario frenado por dos votos y el plan argentino para sostener a las ballenas
Enfoques02/03/2026
REDACCIÓNMiguel Bottazzi habló en #LA17 sobre su rol cerca de la Comisión Ballenera y el peso económico del avistaje. También celebró la licitación en Pirámides y pidió reglas claras.

La discusión por el Santuario del Atlántico Sur no se empantana por falta de argumentos, sino por votos y poder. En diálogo con #LA17, Miguel Bottazzi contó que el intento más reciente quedó a nada, con un margen mínimo que expone la tensión interna dentro de la Comisión Ballenera Internacional (CBI). “En la última comisión que fue en Perú lo que pasó es que se perdió por dos votos”, dijo, y describió un tablero donde diplomacia, intereses y negociaciones se cruzan todo el tiempo.
Bottazzi remarcó que esa votación no se trató de un trámite más, porque la agenda se vuelve cada vez más compleja. “Son agendas complejas, participan todos los países negociaciones diplomáticas y entre ida y vuelta es complejo”, sostuvo, al explicar por qué el tema vuelve una y otra vez sin resolución definitiva. En ese clima, la defensa del santuario requiere persistencia y lectura política fina. El entrevistado habló de una pelea larga, con avances parciales y retrocesos que se repiten.


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En su mirada, el valor del avistaje dejó de ser un argumento cultural y pasó a ser un dato económico difícil de discutir. “Hoy en día el avistaje de ballenas generó, digamos, una economía”, planteó, y lo desmenuzó con ejemplos concretos vinculados a Puerto Madryn. Explicó que un turista que llega por ballenas suele quedarse “entre tres a cuatro días”, con gasto en hotel, comidas, excursiones y entradas. Con ese esquema, insistió: “Se demuestra que el avistaje de ballenas es mucho más valioso mucho más importante que la cacería de ballenas”.
El debate internacional, sin embargo, no se reduce a números, porque también aparece la discusión sobre la recuperación de la especie y la presión de los sectores que empujan la caza. Bottazzi respondió cuando le plantearon si la mejora poblacional deja a los defensores en desventaja. “Esta especie en particular todavía sigue en crecimiento”, aclaró, y agregó que “está recién empezando a recuperarse” del riesgo más alto. Para él, la recuperación existe, pero no habilita a relativizar el cuidado ni a bajar el estándar de protección.
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Al explicar el trasfondo histórico de la actividad ballenera, Bottazzi reconstruyó un cambio de época que, según dijo, alteró el sentido económico de cazar ballenas. “La ballena dejó de ser un producto, digamos, eso obsoleta para el uso que antiguamente se le daba”, afirmó, y enumeró usos industriales del pasado, desde iluminación hasta insumos flexibles hechos con barbas. En esa línea lanzó una frase que resume el giro tecnológico: “De cierta manera el petróleo le salvó la vida a las últimas ballenas”. Para él, parte de la persistencia actual se sostiene más por tradición y subsidios que por necesidad real.
En ese punto también habló del rol de Japón y de cómo se configuró su vínculo con la caza ballenera en la posguerra. “Japón, que fue el último gran cazador ballenero empezó después de Hiroshima”, dijo, y relató que desde entonces la actividad quedó asociada a un contexto de supervivencia. Afirmó que hoy el país ya no opera como antes en aguas internacionales y que concentra la caza en sus propias aguas. Aun así, advirtió: “Sigue manejando los hilos de la CBI siempre”, una frase que expone la percepción de influencia dentro del organismo.
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Bottazzi ubicó a Argentina dentro del bloque conservacionista y destacó el posicionamiento internacional que, según su relato, el país sostiene en ese debate. “Somos el bloque conservacionista que está liderado por Argentina”, explicó, y marcó que en la CBI se arman dos grandes grupos: cazadores y no cazadores. En ese esquema, señaló que Argentina ocupa un rol de conducción dentro de los no cazadores. Para Chubut, dijo, ese lugar permite “blandir las banderas” del cuidado de la especie con respaldo político.
La traba del santuario, de todos modos, no se explica solo por convicciones ambientales, sino por dinámicas de poder y alineamientos que se mueven con recursos. Bottazzi contó que el proyecto ya se trató varias veces y siempre queda cerca sin concretarse. “Es como la quinta vez que se trata y siempre estamos ahí por un puchito que no lo logramos”, expresó, con frustración. Y fue más allá al describir un mecanismo que, según él, se repite: “Hay países con menos recursos del Centroamérica o África que otros países con más recursos… le pagan la cuota y la membresía para ingresar a la Comisión… y después votan lo que estos países le dicen”.
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Ya en clave más local, el entrevistado pasó a la temporada ballenera y a un tema que la actividad esperaba hace años: una licitación que, según afirmó, ordena y da previsibilidad. “La temporada ballenera dejó la licitación que se va a hacer este año”, sostuvo, y lo celebró como salida de una etapa de “parches” prolongada. Dijo que el armado de pliegos exigió trabajo y destacó que la licitación empuja inversiones y mejora del servicio. “Una licitación suma porque permite justamente nuevas inversiones, renovar equipos, nuevas ideas”, resumió.
Bottazzi también vinculó esa licitación con el ordenamiento físico y operativo en Puerto Pirámides, donde el crecimiento dejó huellas de improvisación por años. Dijo que “pasa el tiempo” y después aparece la necesidad de reordenar áreas y espacios, con talleres, galpones y servicios en mejores condiciones. Valoró que la nueva concesión proyecte un plazo largo y lo ligó a inversión privada real. “La nueva concesión será por 15 años y da una seguridad jurídica para inversiones”, afirmó, y contó que su empresa invirtió en una embarcación nueva aun con incertidumbre: “Nos la jugamos y la sacamos antes de la licitación”.
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En el cierre de la entrevista, el debate bajó a un punto sensible para el esquema de prestación: la cantidad de operadores habilitados. Bottazzi defendió que se mantenga “el número 6” y lo describió como un equilibrio logrado con los años, que ordena la demanda y distribuye público de forma pareja. “Creo que es un número que mantiene un equilibrio hoy en día de la demanda”, señaló, y sumó una idea de estabilidad: “Mejor loco conocido que loco por conocer”. También destacó un cambio cultural dentro del sector: “Los primeros años eran casi a las piñas, y hoy tener una cámara es una gran evolución”, dijo, al describir cómo la actividad pasó del conflicto a una organización común.

















