
Entrada libre y gratuita: este viernes 6 a las 20, el museo abre su muestra mensual con obras del patrimonio y tres propuestas fotográficas que cruzan paisaje, memoria y abstracción.

El Museo Municipal de Artes Visuales (MMAV) de Trelew abre marzo con una exposición que apuesta a la variedad sin perder un hilo conductor: mirar de otra manera lo cercano. La inauguración se realiza este viernes 6 a las 20 y la actividad mantiene un dato clave para el público: entrada libre y gratuita. La muestra se podrá visitar durante todo el mes.
La propuesta reúne pinturas, esculturas y fotografías en un recorrido por cuatro salas, con selección del patrimonio del museo y trabajos de Claudia Pacheco, Luciana Chaparro Navarro y Daniela Quiroga Sampayo. El espacio de exhibición funciona en Mitre 351, un punto céntrico que suele recibir tanto a visitantes habituales como a quienes entran por primera vez. En esta edición, el montaje combina registros y técnicas que invitan a frenar el paso.


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En la Sala 1 el eje pasa por el Patrimonio del MMAV, con obras de distintos estilos y autores que integran la colección. El recorrido incluye pinturas realistas, surrealistas y abstractas, además de esculturas que se vinculan con la cerámica. La sala propone un primer panorama del museo como reservorio de piezas y lenguajes diversos.
El tramo siguiente cambia el pulso y se concentra en la fotografía como ejercicio de observación. En la Sala 2, Claudia Pacheco presenta “Colgando en la nada”, una serie que nace desde la atención a elementos residuales de la naturaleza. Allí, el trabajo se aleja del registro documental convencional y se mete de lleno en la abstracción, con formas y reflejos que priorizan la percepción.
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La serie sostiene una composición marcada por lo vertical y un uso minimalista del color, con una tensión visible entre texturas. El contraste que describe la muestra se apoya en una idea sencilla: madera rugosa frente a superficies lisas, y una atmósfera que empuja a mirar con paciencia. En esa decisión estética, lo cotidiano aparece como un conjunto de estructuras simbólicas.
En la Sala 3, la propuesta de Luciana Chaparro Navarro se titula “Patagonia astral” y trabaja un cruce simbólico entre los doce signos del zodíaco y paisajes naturales de Chubut. El punto de partida no se apoya en una lectura astrológica literal, sino en el zodíaco como lenguaje poético y emocional. Cada signo se expresa a través de un paisaje real, fotografiado sin intervención y con respeto por la identidad del lugar.
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Esa búsqueda se ordena alrededor de las energías elementales —fuego, tierra, aire y agua— entendidas como parte del territorio. La muestra plantea al paisaje como una manifestación viva, más cercana a la emoción que a la consigna. En esa clave, la Patagonia aparece como escenario y como estado.
La Sala 4 suma otra textura: la intimidad familiar y el trabajo manual sobre la imagen. Daniela Quiroga Sampayo presenta “Memoria heredada”, con fotografías de su familia convertidas en escenografías bidimensionales en gran formato. La muestra reúne alrededor de treinta obras de mediano formato, con una presencia fuerte de lo táctil y lo visual.
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El recorrido incorpora, además, collages que recuperan fotos familiares y las sostienen en un tiempo suspendido, mientras la serie “Dioramas” condensa esos recuerdos en pequeñas cajas. La técnica del foto-bordado atraviesa buena parte de la propuesta y deja una marca evidente: cada hilo funciona como registro de una memoria que se guarda y se transforma. En conjunto, el cierre de la exhibición propone un final íntimo, lejos del golpe de efecto y más cerca del detalle.

















