
Los siniestros ocurrieron de madrugada cerca de Baradero, en sentido a la Ciudad de Buenos Aires. Hubo una muerte y Bomberos trabajaban para liberar a una persona atrapada.

La madrugada del jueves dejó una escena de emergencia sobre la ruta 9, con sirenas, desvíos y filas que crecían con el correr de los minutos. Dos choques de camiones, ocurridos a poca distancia entre sí, obligaron a reorganizar la circulación hacia la Ciudad de Buenos Aires en un tramo sensible del corredor. En el lugar se confirmaba una persona fallecida y seguía el trabajo para rescatar a otra que quedó atrapada.
El operativo se concentró en la zona de Baradero, donde personal de Bomberos intervenía en uno de los camiones para intentar sacar a la persona que permanecía dentro del vehículo. Ese trabajo, por su complejidad, suele demandar tiempo y coordinación con el resto de los equipos que llegan al lugar. Mientras tanto, todavía no se informaba oficialmente si había heridos, un dato que quedaba abierto en las primeras horas.


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El efecto inmediato se sintió en el tránsito, incluso lejos del punto del siniestro. Las autoridades desviaban la circulación a la altura de la ruta 191 y se reportaban demoras de hasta dos horas para quienes viajaban desde Rosario hacia la Ciudad de Buenos Aires. En una madrugada de alto movimiento de transporte pesado, el corte parcial o total en un tramo corto alcanza para generar un embudo difícil de desarmar.
Recién después de ese primer impacto operativo se conocieron detalles más precisos sobre lo ocurrido. Los choques se registraron en la ruta 9, en sentido hacia la Ciudad de Buenos Aires, entre los kilómetros 149 y 150, a la altura de Baradero. Se trató de dos siniestros distintos, con pocos metros de diferencia, que terminaron involucrando a seis camiones.
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En uno de los hechos quedaron comprometidos cuatro vehículos de carga. A poca distancia se produjo el segundo choque, con otros dos camiones, en una secuencia que suma preguntas sobre cómo se encadenaron los impactos en plena madrugada. La información preliminar no detalló las causas, ni describió condiciones de visibilidad, estado del asfalto o eventuales maniobras previas, por lo que la investigación quedará para las actuaciones posteriores.
La confirmación del fallecimiento marcó la dimensión del episodio, pero la escena no se reducía al dato trágico. La persona atrapada obligó a desplegar tareas específicas de rescate, con herramientas y tiempos de trabajo que suelen condicionar la reapertura de carriles. En ese marco, el tránsito no solo se demoraba: se reorganizaba de manera forzada en un corredor donde cualquier desvío implica kilómetros extra.
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Para quienes venían desde el norte bonaerense o desde Santa Fe, la demora acumulada se transformó en parte del problema. Dos horas desde Rosario no es solo una cifra de tiempo: también implica cansancio, ansiedad y maniobras en rutas alternativas que no siempre están preparadas para absorber ese caudal. En este tipo de situaciones, el riesgo secundario también crece, porque el desvío masivo puede saturar accesos y banquinas.
La falta de información confirmada sobre heridos mostraba otro límite de las primeras horas: los datos llegan en cuentagotas y muchas veces dependen del avance del operativo. En el lugar, lo urgente pasa por asegurar la zona, asistir y liberar a quienes quedaron comprometidos, y recién después reconstruir la mecánica de los impactos. Por eso, en las primeras comunicaciones suele primar lo verificable y lo inmediato.
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Con dos siniestros casi simultáneos y seis camiones involucrados, el tramo de Baradero quedaba bajo máxima atención por parte de los equipos de emergencia. La combinación de un fallecido, una persona atrapada y un desvío con demoras largas dibuja una mañana complicada en uno de los accesos más transitados hacia la Ciudad de Buenos Aires. El cuadro, por ahora, sigue atado a una pregunta central: cuándo se normaliza la circulación sin comprometer el trabajo de rescate y peritaje.
Mientras avanzaban las tareas, el consejo implícito para los conductores era revisar el estado del tránsito y considerar rutas alternativas, especialmente para quienes salían desde Rosario o zonas cercanas. La ruta 9, en ese tramo, no estaba funcionando como una autopista sino como un cuello de botella atravesado por un operativo en marcha. Y en las rutas, cuando eso pasa, el tiempo deja de ser una estimación y se vuelve una espera.
Fuente: NA.

















