La familia de Valeria Schwab reclama por una pregunta que todavía nadie respondió

Policiales07/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Jessica Schwab volvió a reclamar que la investigación llegue más a fondo, pidió ser parte formal de la causa y advirtió que todavía hay pruebas sin cerrar.

Movilización por Valeria Schwab foto BROK
Movilización por Valeria Schwab foto BROK

La causa por el femicidio de Valeria Schwab sigue abierta en un punto que para su familia resulta imposible de aceptar como definitivo. A medida que pasan los días, el reclamo ya no gira solo alrededor del dolor por la pérdida, sino también sobre una exigencia más concreta: que la investigación no se apure a cerrar zonas oscuras que, según sostienen, todavía no fueron aclaradas. En esa línea volvió a hablar Jessica Schwab, hermana de la víctima, quien insistió en que aún quedan pruebas por responder, hipótesis que no deberían descartarse y una necesidad urgente de que la familia pueda intervenir formalmente en el expediente.

El planteo central que hoy empuja la familia no pasa únicamente por conocer avances desde afuera, sino por lograr una participación directa dentro del proceso judicial. Jessica explicó que todavía esperan una definición sobre el pedido para constituirse como querellantes, una figura que les permitiría seguir la causa con otra capacidad de intervención. “Estamos esperando poder ser querellantes, aún no lo somos. El lunes voy a ir a fiscalía para ver qué pasa”, expresó al referirse a una situación que para ellos ya suma demasiada demora.


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Ese pedido no aparece como una formalidad más dentro del trámite. Para la familia, ser querellante significa poder empujar medidas, observar con mayor detalle el contenido del expediente y acompañar la investigación desde un lugar más activo. En este momento cuentan con el patrocinio del abogado Mauro Fontañez, que sigue el desarrollo de la causa, pero el reclamo apunta a algo más profundo: no quedar reducidos al rol de espectadores mientras todavía persisten interrogantes sensibles sobre lo que pasó con Valeria.

Jessica insistió en que hay puntos concretos que, a su entender, impiden dar por cerrada la reconstrucción del hecho. Entre ellos mencionó el ADN hallado en las uñas del principal sospechoso, que correspondería a dos personas no identificadas, además de otros elementos que surgen de informes periciales. “Hay un montón de pruebas que están sin responderse. La mecánica del hecho todavía no está clara y la autopsia está incompleta”, afirmó, en una de las definiciones más fuertes de su intervención.


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La referencia a la mecánica del hecho no es menor, porque toca una de las bases sobre las que se sostiene cualquier investigación penal. Si para la familia todavía no está claro cómo ocurrió todo, entonces el expediente, lejos de cerrar certezas, sigue acumulando vacíos. A eso se suma otro punto que Jessica remarcó con preocupación: el recorrido del teléfono celular de su hermana y la aparición de otros datos dentro de los informes oficiales de ADN, aspectos que para ella siguen sin una explicación completa ni convincente.

Sobre ese tramo del caso, su planteo fue terminante. “Son preguntas que la justicia tiene que responder. No pueden descartarse hipótesis si todavía hay pruebas pendientes”, sostuvo. La frase marca con claridad el eje del reclamo familiar: no se trata solo de pedir celeridad, sino de exigir profundidad, especialmente cuando todavía aparecen indicios que, desde su mirada, obligan a revisar con más detalle lo que figura en la causa.


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En paralelo, Jessica también abrió otra vía para intentar completar lo que el expediente no logra reconstruir por sí solo. Pidió que cualquier persona que haya visto o escuchado algo la noche del crimen se comunique con ella para aportar información. Según explicó, en la zona donde ocurrió el hecho había circulación de personas, y cualquier dato, incluso uno que parezca menor, podría resultar importante para ordenar una secuencia que sigue llena de zonas grises.

El pedido busca incluso llegar a quienes no quieran exponerse públicamente o involucrarse de manera directa. “Si alguien vio algo o escuchó algo, aunque no quiera involucrarse directamente, puede contactarse conmigo y yo llevar esa información a fiscalía”, explicó. Esa apelación revela hasta qué punto la familia siente que todavía falta reconstruir piezas básicas de lo ocurrido y que la verdad del caso no depende únicamente de lo que ya figura en el expediente.

La exposición pública del reclamo también tuvo costos personales para Jessica, que contó haber pedido custodia policial en su domicilio a raíz de amenazas y comentarios intimidantes recibidos en redes sociales. Dijo que junto con muchos mensajes de apoyo también aparecieron intervenciones malintencionadas, y aunque identificó a algunas personas, por ahora decidió no avanzar con acciones legales. El dato agrega otra capa de tensión a una situación ya de por sí desgastante para la familia.


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En su relato también apareció el impacto social que dejó el crimen en Comodoro Rivadavia, especialmente entre otras mujeres que se comunicaron con ella después del femicidio. “Muchas chicas me dijeron que hacían el mismo recorrido que mi hermana. Nadie imaginaba que algo así podía pasar ahí”, contó. Esa observación no corre la causa de su dimensión judicial, pero sí muestra cómo el caso tocó una sensibilidad más amplia, vinculada a la percepción de seguridad y a las condiciones del lugar donde ocurrió el ataque, que Jessica describió como oscuro y poco iluminado.

En ese contexto, confirmó además que participará de la movilización por el 8M, aunque aclaró que su presencia no responde a una identificación partidaria ni a una consigna política coyuntural. “Voy a ir porque tengo que estar. Mi hermana era mujer, yo soy mujer y tenemos que apoyar para que no falte una más”, expresó. La frase ubica su decisión en un plano íntimo y colectivo al mismo tiempo: el de una hermana que reclama justicia por un caso puntual y el de una mujer que entiende que esa pelea también dialoga con un problema más amplio.

El cierre de su mensaje volvió a instalar la idea que atraviesa cada una de sus intervenciones públicas desde que empezó esta causa. “Mi hermana ya no está y nadie me la va a devolver, pero tengo que luchar para que se sepa toda la verdad y para que no queden asesinos sueltos”, dijo. En esa definición conviven el duelo, la impotencia y una decisión que la familia no parece dispuesta a aflojar: seguir empujando hasta que las pruebas pendientes dejen de ser preguntas abiertas y la causa pueda responder de verdad qué pasó con Valeria Schwab.

Fuente: Del Mar Digital

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