Felipe Tommasi revivió la travesía patagónica que unió Comodoro con España en el Gandul

Turismo12/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El navegante presentó en Puerto Madryn 2000 días en el mar, una obra que recupera la historia del velero Gandul, construido por un grupo de jóvenes en Comodoro Rivadavia para cruzar el Atlántico.

Felipe Tommasi presentó en Madryn 2000 días en el mar
Felipe Tommasi presentó en Madryn 2000 días en el mar

Una charla, fotos, películas y más de dos horas de recuerdos alcanzaron para volver a poner en primer plano una de esas historias que parecen improbables, pero ocurrieron de verdad. El navegante Felipe Tommasi presentó en Puerto Madryn su libro 2000 días en el mar, donde reconstruye la aventura que marcó su vida: la construcción artesanal de un velero en Comodoro Rivadavia y el posterior cruce del Atlántico hasta España.

La actividad se realizó en el Club Náutico Atlántico Sud, con una convocatoria abierta a la comunidad. En diálogo con #LA17, Tommasi contó que el encuentro dejó una muy buena respuesta del público y destacó el acompañamiento del club madrynense. “Fue muy lindo, estaba lleno el salón”, resumió al recordar la presentación.


OTRAS NOTICIAS:

Estudiantes de UDCLa Universidad del Chubut supera los 2.300 inscriptos y marca su mayor ingreso de estudiantes


La historia que da origen al libro empezó mucho antes, cuando Tommasi todavía era adolescente y la navegación ya se había convertido en una pasión. Había comenzado a navegar de muy chico y esa relación con el agua se profundizó cuando su familia se mudó desde Buenos Aires a Comodoro Rivadavia, un cambio que terminó de definir su camino.

Fue allí donde se encontró con un ambiente náutico que le abrió una puerta decisiva. En Comodoro empezó a navegar con regularidad, a enseñar a chicos más pequeños y a vincularse con referentes del ambiente marítimo. Uno de ellos fue Gustavo Díaz, quien terminó siendo clave en la aventura que años después cruzó el océano.

catamarán chubutense Gandul
catamarán chubutense Gandul

OTRAS NOTICIAS:

Aulas vacíasUn informe advierte falencias en los datos sobre el ausentismo en Argentina


Tommasi recordó que fue Díaz quien lanzó una propuesta tan audaz como difícil de imaginar en ese contexto. “Nos propone a un grupo de chicos construir un barco e irnos navegando hasta España en ese barco”, contó sobre aquella idea nacida a comienzos de los años 90, cuando no había internet, GPS ni facilidades para conseguir materiales en la Patagonia.

Lo que parecía una utopía empezó a tomar forma con trabajo manual, organización y una convicción poco habitual para un grupo de jóvenes. El velero fue construido en Comodoro Rivadavia con madera y fibra de vidrio, en condiciones muy austeras y con recursos escasos. Buena parte del financiamiento llegó por aportes de la comunidad y por una campaña que contó con el respaldo del diario Crónica de Comodoro.


OTRAS NOTICIAS:

INAUGURAN LA TEMPORADA DE PINGÜINOS EN TOMBOCerraron el acceso a Punta Tombo por el deterioro de los caminos tras intensas lluvias


El objetivo era claro: terminar el barco y llegar a España en 1992, en coincidencia con la conmemoración del quinto centenario del viaje de Colón, pero haciendo el recorrido en sentido inverso. La travesía no solo implicaba navegar miles de kilómetros, sino también probar un barco casi sin experiencia previa en navegación oceánica. De hecho, antes de zarpar, el Gandul apenas había navegado una corta distancia en el litoral chubutense.

Tommasi recordó ese contraste con una frase que resume el riesgo del proyecto. “Habíamos ido ida y vuelta a Rada Tilly, que son 30 kilómetros, para un viaje de 30.000 kilómetros”, señaló sobre el escaso margen de ensayo con el que partieron. Aun así, el grupo siguió adelante y el velero zarpó desde Comodoro el 23 de febrero de 1992.


OTRAS NOTICIAS:

capitanes universitariosCapitanes de pesca podrán cursar una diplomatura universitaria del sector


El recorrido incluyó escalas en Rawson, Mar del Plata, Buenos Aires, Punta del Este y distintos puertos de Brasil, en un viaje donde el barco se iba corrigiendo sobre la marcha. Cada parada servía para reparar averías, aprender sobre el comportamiento de la embarcación y ajustar decisiones con la experiencia que daba el propio mar.

Más allá de la proeza náutica, Tommasi puso el acento en lo que significó la convivencia a bordo. En ese sentido explicó que el viaje se transformó en una experiencia extrema de aprendizaje humano, donde había que compartir tareas, bancar tensiones y sostener un objetivo común sin margen para escaparse del conflicto. “Fue un Gran Hermano de verdad, fue un reality en el medio del mar”, definió.


OTRAS NOTICIAS:

Veteranos de Malvinas con alumnos de TrelewVeteranos de Malvinas compartieron sus historias con estudiantes en una escuela de Trelew


Esa convivencia, según contó, terminó consolidando vínculos que siguen intactos varias décadas después. De todo lo que dejó la travesía, el autor aseguró que lo más valioso no fue el reconocimiento ni la hazaña deportiva, sino la relación construida con quienes compartieron el proyecto. “No somos amigos, somos familia”, dijo al hablar del grupo del Gandul.

El viaje a España finalmente se concretó y el velero llegó a destino, donde quedó expuesto en Palos y también formó parte de la Expo Sevilla 92. Para quienes habían empezado clavando tablas en un galpón patagónico, la llegada representó mucho más que cumplir un recorrido marítimo. Fue la confirmación de que una idea improbable también podía realizarse con esfuerzo, comunidad y perseverancia.


OTRAS NOTICIAS:

aeroclub trelewFabio Orellano: “No hay antecedentes de una empresa aérea creada en Chubut”


Tommasi también recordó que años después el Gandul volvió a cruzar el Atlántico y terminó hundiéndose en una tormenta durante una travesía posterior comandada por Gustavo Díaz y su esposa. Ese episodio quedó reflejado en el documental La última aventura del Gandul, disponible en YouTube, y aparece como otro capítulo fuerte en la memoria de quienes formaron parte de la historia original.

Hoy, con una vida dedicada a la náutica, la enseñanza y el turismo, Tommasi encontró en el libro una nueva forma de transmitir esa experiencia. La presentación en Puerto Madryn volvió a acercar esa historia al público patagónico, en una ciudad donde la relación con el mar también forma parte de la identidad cotidiana. 2000 días en el mar recupera así una travesía excepcional, pero también una forma de entender la aventura, la amistad y el aprendizaje fuera de cualquier cálculo cómodo.



Te puede interesar
Suscribite al newsletter de #LA17