
Un disco olvidado reveló el canto de ballena más antiguo jamás registrado
Actualidad13/03/2026
Sergio BustosDurante casi 80 años, un frágil disco de plástico descansó en un cajón con una descripción imprecisa: “ruidos de peces”. Nadie imaginaba que en esos surcos estaba preservado lo que hoy se considera el canto de ballena más antiguo jamás conservado.

El hallazgo fue anunciado el 10 de febrero por la Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI). La grabación data del 7 de marzo de 1949 y fue captada cerca de las Bermudas, en el marco de experimentos acústicos realizados junto a la Oficina de Investigación Naval de Estados Unidos, en plena Guerra Fría.
No se trataba de una expedición científica dedicada a los cetáceos. El objetivo era probar tecnologías vinculadas al sonar, una herramienta estratégica tras la Segunda Guerra Mundial para detectar submarinos. Sin embargo, el hidrófono sumergido captó algo que en ese momento no supieron identificar con claridad.


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El redescubrimiento ocurrió recién en 2025, cuando Ashley Jester, directora de servicios de datos e investigación de WHOI, revisaba archivos históricos. Entre los audógrafos —un soporte hoy prácticamente obsoleto— encontró discos con anotaciones vagas sobre sonidos marinos. Tras digitalizarlos, los especialistas en bioacústica reconocieron de inmediato el patrón inconfundible de una ballena jorobada.
En 1949 el océano profundo era todavía un territorio acústico casi desconocido. Los científicos registraban ruidos submarinos sin comprender del todo su origen biológico. Ese mismo año, investigadores del instituto grabaron por primera vez belugas en libertad en Canadá, en lo que sería uno de los primeros pasos de la bioacústica marina.
La importancia del registro de Bermudas radica en que fue captado en un océano muy distinto al actual. A mediados del siglo XX el tráfico marítimo, la pesca industrial y la explotación en alta mar eran considerablemente menores. El paisaje sonoro submarino era, en términos comparativos, más silencioso.
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Hoy se sabe que el ruido antropogénico afecta la comunicación y el comportamiento de los cetáceos. Contar con una grabación de casi ocho décadas atrás ofrece una referencia invaluable para comparar cómo evolucionaron los cantos de las ballenas y cómo cambió el entorno acústico marino.
Las ballenas jorobadas son célebres por sus vocalizaciones complejas y estructuradas. Desde la década de 1970, cuando el álbum “Songs of the Humpback Whale” popularizó estos sonidos, se transformaron en símbolo del conservacionismo. Pero en 1949 esa dimensión cultural aún no existía.
El soporte material también resultó decisivo. A diferencia de muchas cintas magnéticas posteriores que se degradaron o se perdieron, el surco físico del audógrafo resistió el paso del tiempo. Esa circunstancia permitió recuperar aproximadamente una hora de sonido desde el fondo del pasado.
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El hallazgo también subraya el valor de los archivos científicos. WHOI informó que recibió una subvención de la National Recording Preservation Foundation para digitalizar su colección completa. Es posible que otros discos aún no escuchados escondan registros igualmente significativos.
Hoy, la escucha submarina se realiza con boyas acústicas, hidrófonos autónomos y robots capaces de transmitir datos en tiempo real. La distancia tecnológica entre aquel rudimentario dispositivo de oficina y los sistemas actuales es enorme, pero el principio sigue intacto: escuchar para entender.
Hay un detalle que suma misterio. Al inicio de la grabación se oye una voz masculina anunciando la fecha: 7 de marzo de 1949. Hasta ahora no se pudo identificar quién la pronunció.
El registro no solo conserva el canto de una ballena jorobada. Preserva también un momento en el que el océano empezaba a revelar sus secretos a la ciencia moderna. Y recuerda que, a veces, los descubrimientos más sorprendentes no emergen del mar, sino de un archivo olvidado.





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