
Le prometió amor desde la cárcel y le sacó millones durante dos años sin verla
Policiales19/03/2026
REDACCIÓNLa víctima, una joven con discapacidad, realizó transferencias por casi 31 millones de pesos mientras creía sostener una relación a distancia que nunca existió.

Durante dos años, una joven de Rosario creyó que mantenía una relación a distancia con un hombre que le prometía conocerla. La historia avanzó con mensajes, expectativas y transferencias de dinero que terminaron en una estafa millonaria.
El vínculo nunca existió fuera de la pantalla. Del otro lado estaba un interno alojado en una cárcel bonaerense, que utilizó un teléfono celular para sostener el engaño desde el encierro. La maniobra se extendió entre 2023 y fines de 2025. En ese tiempo, la víctima realizó múltiples transferencias que acumularon una suma cercana a los 31 millones de pesos.


El caso se conoció cuando la madre de la joven detectó movimientos inusuales en la cuenta bancaria. A partir de esa situación, se radicó la denuncia y se inició una investigación que permitió reconstruir el esquema.
Los investigadores identificaron a dos hombres como responsables. Se trata de Martín Iván Patane, de 37 años, y Alber Brolin Caba Martínez, de 31, ambos detenidos en la cárcel de Baradero.
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El eje del engaño estuvo en la manipulación emocional. Durante meses, uno de los imputados sostuvo una relación ficticia con la joven, aprovechando su vulnerabilidad. Desde la fiscalía detallaron la modalidad utilizada. “Nunca tuvo la intención real de hacerlo”, señalaron sobre la promesa de viajar a Rosario para conocerse, que funcionó como parte central del engaño.
A medida que avanzaba el vínculo, el acusado lograba que la víctima realizara transferencias. El dinero era derivado a distintas cuentas, entre ellas las de otros internos.
El uso de teléfonos celulares dentro del penal fue clave para la maniobra. Esa herramienta permitió mantener el contacto constante y reforzar la confianza necesaria para sostener la estafa.
Con las pruebas reunidas, la Justicia avanzó con las imputaciones. El juez Alejandro Negroni dictó prisión preventiva por dos años para uno de los acusados, mientras que el otro recibió una pena menor.
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El caso expone una modalidad que combina tecnología, manipulación emocional y condiciones de vulnerabilidad. También deja en evidencia la complejidad de controlar este tipo de delitos cuando se ejecutan desde contextos de encierro.
Más allá de las resoluciones judiciales, la investigación permitió desarmar un esquema que operó durante largo tiempo sin ser detectado, hasta que un control familiar puso en evidencia el faltante de dinero.














