El acuerdo Mercosur-UE quedó listo en la región, pero aún no puede aplicarse

Actualidad20/03/2026Sergio BustosSergio Bustos

La escena final en Sudamérica ya está resuelta, pero el desenlace todavía no llega. El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea completó su etapa interna en la región, aunque su entrada en vigor sigue atada a decisiones que se tomarán del otro lado del Atlántico. La expectativa crece en los gobiernos, pero también en sectores económicos que miran con atención los próximos pasos.

mercosur ue
Aun no rige el acuerdo Mercosur - Unión Europea.

Con la aprobación parlamentaria en Brasil y Paraguay, los dos países que faltaban, el bloque terminó de validar el tratado en todos sus miembros fundadores. Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay ya dieron su visto bueno, lo que habilita a pasar a una fase distinta, más técnica y política, que no depende solo de Sudamérica.

El acuerdo se firmó en enero después de casi tres décadas de negociaciones. Esa larga historia explica en parte por qué todavía no se traduce en efectos concretos. No alcanza con la firma ni con la ratificación regional: el mecanismo de aplicación exige una serie de procedimientos formales que aún no se completaron.


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Entre esos pasos figura el intercambio de notas diplomáticas entre ambas partes, un requisito clave para habilitar la aplicación provisional. Pero además, del lado europeo el tratado enfrenta un recorrido institucional propio, que incluye la aprobación del Parlamento Europeo y una revisión legal que sigue en curso.

Mientras tanto, el volumen potencial del acuerdo explica el interés que genera. Se trata de un mercado combinado de más de 700 millones de personas y un producto bruto conjunto que ronda los 22 billones de dólares. Esa escala lo ubica entre los pactos comerciales más relevantes en el escenario global.

El objetivo central apunta a reducir aranceles, facilitar el intercambio de bienes y servicios y fijar reglas comunes para inversiones. Para los países del Mercosur, el atractivo pasa por ampliar exportaciones y diversificar destinos, mientras que la Unión Europea busca consolidar su presencia comercial en América del Sur.


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Sin embargo, la implementación no será uniforme ni inmediata. El esquema prevé una aplicación gradual, con cronogramas de desgravación arancelaria y ajustes regulatorios que pueden extenderse durante años. En especial, los sectores considerados sensibles tendrán plazos más largos de adaptación.

Ese punto fue uno de los más discutidos durante las negociaciones. El desafío radica en abrir mercados sin afectar de forma abrupta a las industrias locales. Por eso, el diseño del acuerdo intenta equilibrar la liberalización comercial con mecanismos de protección y transición.

En el plano político, la aprobación en Brasil y Paraguay reflejó consensos amplios. En Paraguay, el Congreso votó por unanimidad, mientras que en Brasil el trámite avanzó en tiempos acotados. Funcionarios y legisladores coincidieron en destacar el acuerdo como una herramienta para impulsar el comercio y atraer inversiones.

Aun así, el capítulo decisivo todavía no empezó. La definición en Europa será la que determine si este acuerdo histórico se traduce en cambios concretos o si suma un nuevo capítulo a su extensa lista de demoras. Por ahora, el Mercosur ya hizo su parte y espera la respuesta.

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