
La temporada 2026 de la Fórmula 1 ya no es la que estaba prevista. Sin autos en pista ni motores encendidos durante semanas, el calendario quedó atravesado por un vacío inesperado que altera la dinámica del campeonato. La decisión de cancelar dos Grandes Premios en Medio Oriente no solo cambia el ritmo deportivo, también expone una fragilidad económica que preocupa puertas adentro.

El golpe más visible es inmediato: entre fines de marzo y comienzos de mayo no habrá actividad oficial. Ese paréntesis de cinco semanas se instala entre el Gran Premio de Japón, programado del 27 al 29 de marzo, y el de Miami, del 1 al 3 de mayo. Un corte inusual que rompe la continuidad habitual de la categoría y deja sin reemplazo a dos fechas clave.
Las carreras afectadas son Bahréin y Arabia Saudita, suspendidas por el conflicto en Medio Oriente. La organización evaluó alternativas como Portimão o Imola, pero los tiempos logísticos jugaron en contra. No hubo margen para reorganizar el calendario, lo que terminó reduciendo la temporada de 24 a 22 competencias.


OTRAS NOTICIAS
La decisión no se tomó en soledad. La Fórmula 1 trabajó junto a la Federación Internacional del Automóvil (FIA) y los promotores para definir el escenario. El impacto, sin embargo, se extiende más allá de la categoría principal, ya que también alcanza a Fórmula 2, Fórmula 3 y F1 Academy.
Detrás del parate deportivo aparece un dato más sensible: el económico. La empresa Liberty Media, propietaria de la Fórmula 1, ya había advertido señales de tensión en sus balances. Los ingresos del primer trimestre de 2025 cayeron un 27%, hasta los u$s 403.000.000, en un contexto donde la cantidad de carreras también influye directamente.
El efecto de las cancelaciones puede ser todavía mayor. Un informe de Guggenheim proyecta que la categoría podría dejar de percibir hasta u$s 200.000.000 por la baja de estas dos fechas. La cifra se explica en gran parte por lo que pagan los países anfitriones para formar parte del calendario.
OTRAS NOTICIAS
Arabia Saudita paga cerca de u$s 55.000.000 anuales y Bahréin unos u$s 52.000.000, dos de los contratos más altos del calendario, con vigencia hasta 2030 y 2036 respectivamente. La pérdida de esos ingresos impacta de lleno en uno de los pilares financieros de la Fórmula 1.
Los honorarios de los promotores representan aproximadamente el 27% de los ingresos totales, es decir, más de u$s 1.030.000.000. A eso se suman los ingresos por patrocinio y derechos televisivos, que también se ven afectados cuando no hay carreras.
El efecto dominó no termina ahí. Las proyecciones para el segundo trimestre también quedan bajo presión. En 2025, los ingresos alcanzaron los u$s 1.200.000.000, impulsados en parte por el éxito comercial de la película vinculada a la F1. Este año, el escenario podría mostrar una caída considerable.
OTRAS NOTICIAS
Además, la dependencia económica de Medio Oriente se vuelve más evidente en este contexto. Fondos soberanos de Arabia Saudita y Bahréin participan en Aston Martin y McLaren, mientras que la Autoridad de Inversiones de Qatar tiene participación en Audi.
El conflicto abre interrogantes que van más allá de estas dos fechas. La continuidad de otros Grandes Premios en la región, como Azerbaiyán, Qatar o Abu Dabi, también queda bajo observación si la situación se prolonga. La Fórmula 1 enfrenta así un escenario mucho más incierto.
Aun con el calendario ajustado, la categoría decidió no introducir cambios de último momento. La medida busca evitar un desorden mayor en la planificación, aunque el costo es alto: menos carreras, menos ingresos y una temporada que pierde parte de su intensidad habitual.
















