El periodista y crítico falleció a los 88 años y deja una huella profunda en la televisión y el periodismo cultural argentino tras décadas dedicadas al cine.
Rómulo Berruti
La muerte de Rómulo Berruti deja un vacío difícil de llenar en el periodismo cultural argentino, especialmente entre quienes encontraron en la televisión una puerta de entrada al cine. Su figura se asocia de manera directa con una forma de mirar, analizar y compartir el séptimo arte que marcó a varias generaciones. Su fallecimiento a los 88 años vuelve a poner en primer plano una trayectoria que se extendió durante más de seis décadas.
El reconocimiento no surge solo por la extensión de su carrera sino por la manera en que construyó un vínculo cercano con el público. Desde sus primeros pasos en el periodismo en la década del 60, Berruti se movió entre medios gráficos, radiales y televisivos con una identidad clara. Su trabajo en diarios como El Mundo, Crítica y especialmente Clarín consolidó su perfil como referente del análisis cinematográfico.
Durante dos décadas en Clarín, donde llegó a ser jefe de la sección de espectáculos, desarrolló una mirada crítica que combinaba información, sensibilidad y contexto cultural. Ese recorrido en la prensa escrita fue clave para afianzar su estilo, que luego trasladó con éxito a la televisión. Allí logró ampliar su alcance y conectar con un público mucho más diverso.
El punto más alto de su popularidad llegó con “Función privada”, el ciclo que condujo junto a Carlos Morelli y que se convirtió en un clásico de la televisión argentina. El programa se mantuvo al aire durante 18 años y ofrecía un espacio distinto, centrado en el cine de autor y en la difusión del cine nacional. Su propuesta escapaba de lo comercial y apostaba por una mirada más profunda sobre las obras.
Ese formato, que combinaba análisis, recomendaciones y contexto, logró instalarse como referencia obligada para los amantes del cine. La apertura con la música de Amarcord, de Nino Rota, funcionó como una marca registrada que aún permanece en la memoria colectiva. La identidad del ciclo se sostuvo en el tiempo gracias a un estilo descontracturado pero riguroso.
Además de su trabajo televisivo, Berruti mantuvo una presencia constante en la radio, donde continuó compartiendo críticas y análisis semanales. Esa continuidad le permitió sostener un diálogo permanente con el público, adaptándose a distintos formatos sin perder coherencia en su enfoque. Su voz se transformó en una guía para quienes buscaban comprender el cine más allá del entretenimiento.
Desde la Asociación Argentina de Actores y Actrices confirmaron la noticia y destacaron su legado dentro del ámbito cultural. En ese marco señalaron que “su mirada analítica y su compromiso con la cultura contribuyeron a visibilizar el trabajo de artistas, creadores y trabajadores del sector en todo el país”, subrayando el alcance de su tarea. El mensaje también incluyó el acompañamiento a su familia.
La influencia de Berruti no se limitó a la crítica sino que también impulsó la difusión del cine nacional y europeo en momentos donde esos contenidos tenían menor visibilidad. Su trabajo ayudó a formar audiencias y a instalar debates sobre el valor cultural del cine. Esa tarea, sostenida durante décadas, dejó una marca persistente en el ecosistema cultural argentino.