
El estreno de “Ecos” en el Movistar Arena combinó tecnología, archivo real y emoción en un show que reactivó la potencia de la banda ante miles de personas.

Lo que ocurrió en el Movistar Arena no fue un recital convencional ni tampoco un simple homenaje. La vuelta de Soda Stereo con “Ecos” se apoyó en una reconstrucción visual y sonora de Gustavo Cerati que impactó por su precisión y por la reacción inmediata que generó en el público. La propuesta dejó una sensación extraña y poderosa al mismo tiempo, con miles de personas frente a una escena que mezcló memoria, tecnología y canciones que todavía siguen intactas.
La experiencia no buscó reemplazar a la banda ni fingir una vuelta en sentido estricto, pero sí recuperar algo de esa intensidad que convirtió a Soda en un fenómeno difícil de discutir. Sobre el escenario estuvieron Zeta Bosio y Charly Alberti, mientras la figura de Cerati apareció en distintos momentos del show con una reconstrucción elaborada a partir de material original. El resultado no pasó desapercibido y abrió una conversación inevitable sobre los límites, los recursos y la emoción.


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Desde adentro del equipo técnico, el madrynense Juan Pablo Rocha contó en #LA17 cómo se trabajó para que ese efecto tuviera credibilidad y no quedara reducido a un truco visual. “Era Gustavo, es Gustavo”, resumió al describir la sensación que produjo verlo aparecer en escena. También explicó que la reconstrucción no se hizo con contenido inventado, sino con un trabajo minucioso sobre registros previos.
“Está totalmente sacado de material real, de grabaciones y recopilación en estudios y demás”, precisó Parrocha en la entrevista, al detallar que la base del espectáculo se armó con archivos auténticos del músico. Esa decisión técnica no es menor, porque marca una diferencia respecto de otros montajes apoyados en inteligencia artificial generativa. En este caso, la apuesta fue conservar la huella real del artista y no crear una versión ajena.
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La complejidad del show no estuvo solamente en la imagen de Cerati, sino en la coordinación absoluta que exigió toda la puesta. Luces, sonido, video y tiempos de ejecución debían encajar sin margen de error para sostener la ilusión escénica y no romper el clima. “Es un desafío gigante en la parte técnica porque tiene que estar todo calibradísimo para que se sienta real”, señaló en #LA17.
Ese nivel de precisión también se sintió en el área de iluminación, donde trabajó el técnico oriundo de Puerto Madryn. Según relató, la sincronización debía acompañar tanto a la banda como a la aparición del holograma y al relato visual de cada tema. “La parte de iluminación es bastante exigente porque lleva una sincronización tremenda con la banda, con lo que es el holograma”, explicó.
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La preparación, además, no arrancó la noche del estreno. Detrás del impacto visual hubo semanas de pruebas, ensayos y ajustes para una producción que necesitaba funcionar con exactitud absoluta. “Hubieron ensayos en enero, en febrero, porque para hacer funcionar esto, que es totalmente nuevo, la tecnología que se usa está súper coordinada”, detalló el técnico, dejando en claro que el show exigió un trabajo previo mucho más largo que el de una presentación habitual.
Uno de los puntos que más llamó la atención fue la forma en que se utilizaron las voces y las intervenciones de Cerati. En la entrevista con #LA17, Parrocha aclaró que no se trató de frases fabricadas desde cero con inteligencia artificial. “No hay nada nuevo producido por la IA, que está inventado por la IA, es todo recopilación de él”, sostuvo, al remarcar que también las guitarras y muchas de las pistas utilizadas provenían de registros reales.
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La apuesta estética parece haber evitado el camino más riesgoso, que hubiera sido convertir a Cerati en una presencia constante o en un reemplazo total del cantante sobre el escenario. En cambio, el show buscó una representación más acotada y ligada a la memoria del grupo. “No se lo busca a él como cantante principal de la banda en todo momento, sino que se genera un contexto de memoria hacia él y hacia la banda también”, explicó Rocha.
Para quienes crecieron con esas canciones, el peso emocional fue inmediato. El propio integrante del equipo técnico, que nunca había visto a Soda en vivo, admitió que la experiencia lo atravesó incluso desde su lugar de trabajo. “Me puse la piel de gallina siempre”, contó en #LA17, y agregó que ver aparecer a Cerati en uno de los temas más icónicos provocó una euforia difícil de describir en el estadio.
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El despliegue también dejó ver la escala de la producción. Según relató Pablo Rocha, hubo más de 90 personas involucradas entre escenario, rigging, sonido, video, seguridad, electricidad, luces y producción general. Esa estructura acompañó un show de unas dos horas y 19 canciones, con el Movistar Arena colmado y una respuesta intensa del público, que osciló entre la celebración, la nostalgia y el asombro.
Más allá del debate que puede abrirse sobre el uso de estas herramientas para traer al presente a un artista que ya no está, “Ecos” logró lo que se proponía: volver a poner a Soda Stereo frente a una multitud y comprobar que su repertorio no perdió potencia. La emoción apareció mezclada con una rareza inevitable, pero también con la certeza de que esas canciones siguen ocupando un lugar central. En ese cruce entre tecnología, archivo y memoria, el grupo volvió a sentirse cerca.


















