
Mensajes del entorno de Pablo Toviggino ubican a Federico Beligoy en entregas de dinero y exponen cómo se movía una interna sensible en la AFA.

Federico Beligoy quedó otra vez en el centro de una trama que ya no se discute solo en términos deportivos, sino también judiciales e institucionales. Los chats que analiza la Justicia lo ubican como presunto destinatario de sobres con dinero enviados por Pablo Toviggino, tesorero de la AFA, en un contexto donde el arbitraje, la puja sindical y las designaciones aparecen mezcladas dentro del mismo circuito de poder. La novedad golpea sobre una contradicción incómoda, porque el mismo dirigente que encabeza la Asociación Argentina de Árbitros también conduce el arbitraje de la casa madre del fútbol argentino.
El episodio que más compromete esa estructura aparece fechado el 20 de marzo de 2021, cuando una cuenta identificada como “Tovi II”, atribuida a Toviggino, le dio instrucciones a Juan Pablo Beacon, su ex mano derecha, para retirar sobres con dinero. En esos mensajes, siempre según la reconstrucción judicial, Beacon preguntó qué debía hacer con ellos y recibió una respuesta breve pero decisiva: “Están a nombre de Beligoy”. Después de eso, el intercambio siguió con confirmaciones sobre el retiro, el traslado y la llegada a unas oficinas del centro, en una secuencia que no aclara montos ni destino final del dinero, pero sí expone una logística concreta.


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Ese tramo de los chats pesa todavía más cuando se lo cruza con la pelea que la AFA mantenía por entonces con el sindicato SADRA, encabezado por Guillermo Marconi. En aquel momento, la conducción de Claudio Tapia debió acatar resoluciones judiciales derivadas de medidas cautelares que obligaban a designar árbitros de ese gremio, luego de que la Justicia entendiera que existía discriminación hacia esos afiliados. En ese escenario, la conversación entre Beacon y “Tovi II” muestra algo más que fastidio político: sugiere una operatoria destinada a dosificar designaciones para desactivar presión judicial sin modificar de fondo el esquema de control sobre los nombramientos.
La propia charla deja ver ese razonamiento con una crudeza que excede el lenguaje interno habitual. Beacon habló de “4 boludos de Sadra”, pidió que se los metiera “cada tanto” y planteó que con una designación por mes podían sacarse “un quilombo de encima”. Un día después, el mismo intercambio celebró que “Fede los puso a todos”, una referencia que conecta de manera directa a Beligoy con el manejo de esas nóminas, justo en el punto donde el conflicto gremial y la lapicera arbitral se tocan.
Marconi no dijo desconocer el clima general que rodea esa estructura, aunque aclaró que no conocía esos hechos puntuales. Consultado sobre el tema, afirmó: “No me sorprenden”, y luego cargó sobre Beligoy con una frase que resume el vínculo de fuerzas que denuncia desde hace tiempo: “designar a dedo”. Esa acusación no aparece aislada dentro del texto fuente, sino enlazada con la sospecha más amplia de manipulación de arbitrajes que creció alrededor de varios partidos y que ya había rozado a otros jueces del fútbol argentino.
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La misma trama suma otra derivación delicada, esta vez fuera del campo y más cerca del sistema de instalación pública de denuncias. Según la reconstrucción citada en la nota fuente, el periodista deportivo Pablo Carrozza habría recibido pagos ordenados por Toviggino y ejecutados por Beacon desde la cuenta del BBVA de Malte SRL, con montos mensuales de entre 40.000 y 50.000 pesos entre septiembre y diciembre de 2020 y durante varios meses de 2021. El objetivo atribuido a esos movimientos era exponer al árbitro Nicolás Jara y defender la gestión de la AFA, mientras fuentes cercanas al periodista sostuvieron que esas entregas habrían seguido hasta mediados de 2025.
La historia de Jara no quedó afuera del tablero judicial y político. A partir de lo difundido por Carrozza y de publicaciones del exárbitro Javier Castrilli, el legislador porteño Facundo Del Gaiso presentó una denuncia por presuntas estafas y otras defraudaciones contra Jara, Beligoy y Toviggino. Esa presentación recayó en el Juzgado Criminal y Correccional Federal N° 4, fue enviada a la fiscalía correspondiente y terminó, a fines de junio de 2025, con el sobreseimiento de Toviggino y el archivo de la denuncia respecto de Jara y Beligoy por “inexistencia de delito de carácter federal”, una salida que no clausura, sin embargo, el valor probatorio que ahora pueden tener estos chats en otras investigaciones.
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Los mensajes, de hecho, no aparecen sueltos ni surgieron de una causa centrada solamente en arbitrajes. El juez Luis Antonio Armella y la fiscal Cecilia Incardona investigan a Surfinanzas, del exsponsor afista Maximiliano Vallejos, por lavado de dinero y también el movimiento de fondos de TourProdEnter, la empresa de Javier Faroni que habría recaudado en el exterior con el nombre de la selección argentina. En paralelo, el juez federal de Zárate Adrián González Charvay investiga la mansión de Pilar valuada en 17 millones de dólares que le atribuyen a Toviggino, de modo que los chats sobre sobres y arbitraje quedaron incrustados en una matriz mucho más amplia de sospechas financieras.
A esa dimensión económica se le suma una institucional que vuelve todavía más áspero el cuadro. Beligoy no es un actor periférico del sistema: fue árbitro internacional, secretario general de la AAA y desde 2018 ocupa el cargo de director nacional de arbitraje de la AFA, una doble ubicación que el propio texto fuente compara con la idea de poner al jefe del sindicato de Comercio a dirigir un supermercado. Con esos antecedentes, la aparición de sobres a su nombre y el señalamiento sobre designaciones utilizadas para manejar cautelares ya no describen solo una interna del fútbol, sino una forma de ejercicio del poder sobre uno de los resortes más sensibles del juego argentino.
















