
Andrés Quinteros pone en Playa Unión todo el trabajo que sostuvo fuera del ring
Deporte26/03/2026
REDACCIÓNEl boxeador de Puerto Madryn vuelve a competir este sábado con una preparación atravesada por viajes, disciplina diaria y una red que sostiene su crecimiento.

Cada semana, Andrés Quinteros repite una rutina que no se ve cuando llega la hora de subir al ring. Sale de Puerto Madryn, viaja para guantear y entrenar en Rawson, ajusta cada detalle con su equipo y vuelve a empezar con la misma constancia, sabiendo que la pelea de este sábado en Playa Unión será apenas una parte visible de un esfuerzo mucho más largo. Ese recorrido, que combina formación, sacrificio familiar y búsqueda de crecimiento, quedó expuesto en la entrevista que brindó junto a su padre Beto Quinteros en “La Segunda Mañana” por #LA17.
La nueva presentación llega después de una referencia importante en su carrera. Quinteros recordó que su última pelea fue a fines de 2025, cuando defendió el título y logró retenerlo, una base que le permitió sostener los entrenamientos sin relajarse ni correrse de la línea que eligió para su carrera. En ese marco, definió este presente con una mezcla de entusiasmo y responsabilidad: “Muy contento, sobre todo feliz de que me den la oportunidad de poder competir, que es para lo que me preparo”.


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La velada en Playa Unión también aparece, para él, como una prueba con exigencia real. Su rival será un púgil de Trelew, una plaza que el propio boxeador asoció con una tradición fuerte al señalar que es una “cuna de campeones”, una descripción que no usó como frase vacía sino como advertencia sobre el nivel de la noche que se viene. Por eso, lejos de sobreactuar confianza, eligió pararse desde otro lugar: habló de tranquilidad, del trabajo acumulado y de la idea de ofrecer “una buena pelea” dentro de un festival que reunirá a varios competidores.
Detrás de esa calma hay una carga cotidiana que pesa bastante más que los minutos de combate. Quinteros contó que el entrenamiento demanda viajes permanentes, adaptación a la rutina y capacidad para sobrellevar adversidades personales sin perder el rumbo deportivo. Cuando le preguntaron por ese esfuerzo, lo resumió con una frase que deja ver el tamaño de la exigencia: “Se hace mucho sacrificio y esfuerzo”, sostuvo, antes de remarcar el acompañamiento de su mamá, su papá y su familia en general.
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La decisión de empezar a trabajar en Rawson no surgió por casualidad ni por una cuestión menor. Quinteros explicó que eligió ese camino porque quería seguir creciendo y porque reconoció en esos profesores experiencia, método y una forma seria de trabajar. En sus palabras, la mudanza parcial de la preparación tuvo un objetivo concreto: “seguir aprendiendo, generando conocimiento”, una definición que corre el eje del boxeo entendido solo como potencia física y lo ubica también como una disciplina de formación.
Ese cambio de estructura vino acompañado por una transformación más amplia que el propio deportista ubicó por encima del plano estrictamente técnico. Al repasar lo que mejoró en el último tiempo, puso primero el foco en su cabeza, en su conducta y en su manera de pararse frente al camino que eligió. “Sobre todo lo personal, lo que soy de persona, mejoré un montón”, dijo, y después completó esa idea con otra frase que retrata su momento: “voy viendo las cosas de otra manera”.
Su padre, además de acompañarlo como parte del equipo, describió con claridad por qué hoy observa una evolución distinta. Dijo que Andrés se volvió más responsable, que ya no necesita que nadie le marque cada paso y que tiene una capacidad de adaptación que facilita el trabajo de todo el entorno. La definición que dejó sobre esa madurez sirve para entender por qué el equipo se amplió y por qué la apuesta colectiva ganó peso: “Es un boxeador que, si vos lo dejás solo, lo va a hacer y quizás lo va a hacer mejor”.
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En esa trama de crecimiento aparecen también apoyos que no suelen quedar en primer plano cuando se habla de boxeo. Beto Quinteros agradeció a compañeros marineros, mencionó el respaldo del SOMU de Mar del Plata y hasta destacó a quienes lo ayudaron con cuestiones tan concretas como arreglar el auto a último momento para que Andrés pudiera viajar a entrenar. Ese detalle, que podría sonar menor, explica bastante de esta etapa: cuando el vehículo falta, el viaje se complica, el colectivo aparece como única salida y la preparación se vuelve todavía más cuesta arriba.
El equipo de Andrés, además, ya no se reduce al rincón ni al gimnasio. En sus agradecimientos nombró a su profe, al psicólogo, al nutricionista, a sus padres, a sus tíos y a su hermana, y sumó una gestión que puede abrirle una puerta importante para lo que viene: la posibilidad de realizar un campus de entrenamiento en Mar del Plata. Su padre fue claro al explicar el valor de esa oportunidad para la carrera, para su estado general y para el salto de calidad que buscan consolidar a partir de este presente.















