
Una bola de fuego explotó sobre Texas y uno de sus restos cayó en una casa
Otros Temas27/03/2026
REDACCIÓNEl fragmento de un meteorito perforó una casa en las afueras de Houston después de una bola de fuego a 56.000 km/hque sacudió a buena parte de la zona.

La escena parecía salida de una película, pero ocurrió en un barrio del área de Houston. Un fragmento de roca atravesó el techo de una casa, rebotó dentro de un dormitorio y quedó tirado junto a un televisor, sin causar heridos. El episodio convirtió una tarde cualquiera en una secuencia de desconcierto, ruido y preguntas sobre qué había caído realmente desde el cielo.
Detrás de ese impacto hubo un fenómeno mucho más grande. La NASA reconstruyó que el 21 de marzo, a las 4:40 de la tarde hora local, un meteoro se volvió visible a unos 79 kilómetros de altura al noroeste de Houston, avanzó a 35.000 millas por hora, equivalentes a unos 56.000 kilómetros por hora, y se desintegró a unos 47 kilómetros sobre Bammel, cerca de Cypress Station. La energía liberada fue comparable a 26 toneladas de TNT, suficiente para generar una onda de presión que explicó los estruendos que escucharon vecinos en distintos puntos de la región.


La información oficial terminó de darle forma a lo que muchos habían percibido primero como una explosión extraña. La red de detección de la NASA y los satélites GOES registraron el evento, mientras que radares meteorológicos marcaron la caída de posibles meteoritos entre Willowbrook y Northgate Crossing durante varios minutos. Eso permitió pasar de los relatos dispersos de testigos a una hipótesis concreta sobre el recorrido de los fragmentos que llegaron al suelo.
La casa afectada quedó dentro de esa franja. La propietaria, Sherrie James, contó que descubrió un agujero en el techo y después la roca dentro de la habitación de su hija, una imagen que reforzó la sospecha de que no se trataba de un objeto común. Según la reconstrucción publicada por medios locales y nacionales, el fragmento perforó la cubierta, golpeó el piso, volvió a pegar contra el cielorraso y recién entonces terminó su recorrido.
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En las primeras horas hubo confusión. Los bomberos recibieron el aviso y en un comienzo se evaluó la posibilidad de que se tratara de una pieza caída desde un avión, una explicación razonable para alguien que encontraba una roca pesada dentro de su casa sin tormenta ni accidente visible alrededor. Pero la confirmación de la NASA sobre la bola de fuego cambió por completo la lectura del episodio y conectó el daño doméstico con un fenómeno astronómico detectado a escala regional.
Lo que vuelve tan llamativo al caso no es solo el estruendo ni la velocidad del meteoro, sino el lugar donde terminó uno de sus restos. Los especialistas remarcan que es muy raro que un meteorito impacte en una zona habitada y más raro todavía que atraviese una vivienda. Por eso el episodio de Houston quedó rápidamente asociado a otros casos excepcionales registrados en los últimos años en Georgia, Nueva Jersey, Canadá y Alemania.
El contexto también le dio más peso a la historia. En la última semana, distintos estados de EE.UU. registraron varias bolas de fuego, entre ellas eventos en Ohio, California, Arizona y Nevada, algo que despertó preguntas entre científicos y observadores. La American Meteor Society y otros especialistas señalaron que en esta época del año suelen aumentar estos fenómenos, aunque la secuencia reciente llamó la atención por su frecuencia y por la visibilidad que tuvieron varios de esos episodios.
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Aun así, los datos generales ayudan a bajar un poco la dimensión apocalíptica del episodio. Cada día cae hacia la Tierra una gran cantidad de material espacial, pero la enorme mayoría se quema en la atmósfera antes de tocar el suelo. El problema aparece en esos pocos casos en los que parte de la masa sobrevive a la fricción, se fragmenta y llega hasta áreas pobladas, donde un evento estadísticamente raro deja de ser una curiosidad científica y se transforma en un daño concreto.
En Houston, eso ocurrió de la manera más inesperada posible: no en un campo aislado ni en una ruta vacía, sino dentro de una casa y a plena tarde. La bola de fuego cruzó el cielo en segundos, pero el impacto dejó una historia que todavía mezcla asombro, temor y fascinación. Lo que cayó en ese dormitorio fue un fragmento pequeño frente al tamaño del meteoro original, aunque alcanzó para recordar que el espacio, a veces, también irrumpe puertas adentro.














