Desde el Líbano, un cura argentino describe lo que no se ve de la guerra

Actualidad28/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El misionero vive cerca de Beirut y asiste a refugiados mientras denuncia que el conflicto se sostiene con intereses que no aparecen en el frente.

Advierte que lo que ocurre en la región responde a dinámicas que no siempre se muestran públicamente.
Advierte que lo que ocurre en la región responde a dinámicas que no siempre se muestran públicamente.

A pocos kilómetros de Beirut, lejos de los centros de decisión pero en medio de las consecuencias, un sacerdote argentino describe una guerra que, según afirma, no se sostiene solo en el campo de batalla. Desde su lugar de trabajo con refugiados, advierte que lo que ocurre en la región responde a dinámicas que no siempre se muestran públicamente.

Luis Montes, misionero del Verbo Encarnado con casi 30 años en Medio Oriente, vive a unos 25 kilómetros de la capital libanesa. Allí acompaña a poblaciones vulnerables y asiste a unas 70 personas que escaparon de los bombardeos en el sur. Su tarea cotidiana se desarrolla en un contexto atravesado por la crisis económica y el desplazamiento masivo.

La situación en la zona es compleja y sostenida en el tiempo. Más de un millón de personas se encuentran desplazadas y dependen de redes de asistencia para sobrevivir. En ese escenario, el sacerdote remarca que el desgaste social ya es evidente y afecta a toda la población civil.

En sus declaraciones, Montes plantea una mirada crítica sobre el origen y la continuidad de los conflictos. “La verdad hay poca esperanza humana”, sostuvo al describir un panorama atravesado por intereses que superan a quienes viven en la región. Para él, la guerra no es solo una consecuencia de enfrentamientos, sino también de decisiones tomadas lejos del territorio.

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El religioso también cuestiona el rol de los actores políticos en este escenario. “Ya no confío en los políticos porque todos mienten”, expresó con contundencia. En su análisis, la información que circula responde a estrategias que buscan sostener determinadas posiciones de poder.

Esa desconfianza se profundiza cuando se refiere al uso de la propaganda. “Mienten todos en la guerra. La propaganda es muy importante y mienten todos”, afirmó, marcando que la construcción del relato es parte central del conflicto. Según su experiencia, lo que se comunica muchas veces no coincide con lo que sucede en el terreno.

Mientras tanto, las condiciones de vida empeoran para quienes permanecen en la zona. El aumento de precios en insumos básicos, como el gas y los medicamentos, complica la asistencia a personas mayores y con discapacidad. Esa realidad obliga a priorizar recursos en un contexto cada vez más limitado.

El trabajo humanitario también enfrenta obstáculos estructurales. Montes señaló que, si bien existen gestiones desde distintos ámbitos, no logran frenar la violencia. “El Papa está haciendo el llamamiento pero siento que no está siendo escuchado”, dijo en relación a los intentos de mediación.

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En paralelo, el sacerdote sostiene una red de contención basada en la ayuda directa. La asistencia a refugiados implica cubrir necesidades básicas y sostener espacios de acompañamiento en medio de la incertidumbre. En ese marco, la dimensión humana del conflicto aparece con mayor fuerza que cualquier análisis político.

Frente a este escenario, Montes apeló a la solidaridad como una herramienta concreta. Pidió apoyo económico y acompañamiento para sostener su labor en una región donde, según describe, las condiciones siguen deteriorándose. La fe y la ayuda externa aparecen como los pocos recursos disponibles.

En su mirada, el conflicto no muestra señales de resolución inmediata. La combinación de intereses, información distorsionada y desgaste social construye un escenario difícil de revertir en el corto plazo. Mientras tanto, en el territorio, la vida cotidiana continúa marcada por la incertidumbre.

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