
Perpetua por matar a su ex de un escopetazo: “Soy consciente y me hago cargo del desastre que he hecho”
Policiales29/03/2026
REDACCIÓNA un año del crimen de Ivana Mónica Guardia, la Justicia condenó a Oscar Díaz en un juicio abreviado. Su confesión no cambió ni la calificación ni la pena.

La Cámara Primera del Crimen de Río Cuarto dictó prisión perpetua contra Oscar Alberto Díaz, de 66 años, por el femicidio de su expareja, Ivana Mónica Guardia, de 61. La condena llegó un año después del ataque que sacudió a Vicuña Mackenna y cerró la instancia judicial con la pena más grave prevista para este tipo de caso. El fallo se resolvió en un juicio abreviado, pero esa vía no alivió la responsabilidad penal del acusado.
La sentencia se apoyó en una calificación precisa y contundente. Díaz fue declarado culpable de “homicidio doblemente calificado por el vínculo y por mediar violencia de género”, una figura que encuadró el hecho como femicidio. Ese punto resulta central para entender por qué la admisión del crimen no modificó el desenlace del expediente ni abrió margen para una pena menor.


El caso llegó a esa condena después de una confesión explícita ante el tribunal. Durante la audiencia, el acusado asumió su responsabilidad y dijo: “Soy consciente y me hago cargo del desastre que he hecho”. La frase tuvo peso dentro del trámite judicial, pero no alteró el sentido de la resolución ni desplazó la gravedad del hecho que ya estaba acreditado en la causa.
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El crimen ocurrió el 6 de marzo del año pasado, cerca de las 23, dentro de la casa de la víctima, ubicada en Julio Argentino Roca al 1100. Según la investigación reseñada por TN, Díaz le disparó a Guardia con una escopeta calibre 28 y la mató en el acto. La escena no quedó encerrada en la intimidad de una pareja rota, porque dentro de la vivienda también estaban familiares directos de la mujer.
Ese detalle vuelve todavía más brutal la reconstrucción del femicidio. En el lugar se encontraban el hijo que la víctima tenía con el agresor, la nuera y los nietos, quienes presenciaron el ataque. La causa también indicó que, después del disparo mortal, Díaz intentó atacar a uno de los nenes mientras el resto de la familia escapaba para ponerse a resguardo.
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La secuencia posterior también quedó incorporada en el expediente y mostró que el crimen no terminó dentro de la casa. Tras el asesinato, el agresor se fugó en una camioneta y fue intensamente buscado por la policía. Horas después, lo encontraron en las inmediaciones del arroyo El Ají, sobre la Ruta Nacional 7, con heridas que se había provocado él mismo en un intento de quitarse la vida.
El hallazgo activó una nueva etapa operativa, ya con el femicida bajo custodia. Díaz fue detenido y trasladado al Hospital San Antonio de Padua de Río Cuarto, donde quedó vigilado mientras avanzaban las actuaciones. Ese recorrido, desde la fuga hasta la localización sobre la ruta, también reforzó el cuadro acusatorio que terminó desembocando en la condena perpetua.
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En sus últimas palabras ante la Justicia, el condenado insistió con un pedido de perdón. “Le quiero pedir perdón a mi familia, a mi querido pueblo”, expresó durante la audiencia. Esa manifestación quedó registrada en el juicio, aunque la resolución dejó claro que la confesión y el arrepentimiento verbal no alcanzaban para modificar ni la calificación legal ni la pena impuesta.
La condena cerró la instancia central de una causa que volvió sobre un dato insoportable: un femicidio cometido dentro de una casa, frente a miembros de la propia familia y con un niño en medio de la fuga desesperada posterior. La perpetua fijó la respuesta penal, pero también dejó asentada la gravedad extrema del caso en la forma en que fue ejecutado. En Vicuña Mackenna, el expediente ya tiene sentencia, y lo que queda es la marca de un crimen que destrozó a una familia entera.















