
“Papá, hoy quiero hablarte de lo más profundo de mi corazón”, la emotiva carta de las hijas de un veterano de Malvinas
Chubut02/04/2026
REDACCIÓNEn Puerto Madryn, las hijas de Oliva Rolando Roque homenajearon a su padre con un relato atravesado por orgullo, ausencia y una vuelta inesperada.

El acto por el 2 de abril en Puerto Madryn tuvo un momento de fuerte carga emocional cuando dos hijas eligieron hablarle a su padre delante de la comunidad. No construyeron un homenaje desde la solemnidad vacía ni desde una repetición de consignas, sino desde una memoria familiar atravesada por la guerra, el regreso y todo lo que vino después. Lo que se escuchó fue otra forma de contar Malvinas: no desde los partes, sino desde la herida que siguió abierta en una casa.
El nombre que pusieron en el centro fue el de Oliva Rolando Roque, soldado clase 62 de la sección C, quien prestó servicio en el regimiento de infantería mecanizado General O’Higgins. Recordaron que fue destinado a Gran Malvina, luego trasladado a isla Soledad y que participó en el punto de batalla de Puerto Darwin. También señalaron que, al finalizar la guerra, el 19 de junio de 1982 desembarcó en Puerto Madryn a bordo del buque Canberra, un dato que unió la historia personal con una memoria local que sigue muy presente.


OTRAS NOTICIAS:
La intervención tomó otro espesor cuando dejaron de enumerar hechos y pasaron a hablarle directamente. “Papá, hoy quiero hablarte de lo más profundo de mi corazón”, dijeron en uno de los tramos más íntimos del homenaje. A partir de esa frase, el relato se sostuvo sobre una mezcla de admiración, dolor y agradecimiento, sin necesidad de subrayados externos.
Las palabras que eligieron no rodearon el asunto. “No existen palabras suficientes para describir el orgullo tan grande que siento por vos. No solo sos mi papá, sos mi héroe de verdad”, expresaron, antes de definirlo como “un hombre que enfrentó el miedo, el dolor y la incertidumbre”. La emoción no quedó encerrada en la idea de heroísmo, porque enseguida desplazaron el foco hacia otra dimensión de la experiencia: la de volver y seguir viviendo con lo que dejó la guerra.
OTRAS NOTICIAS:
Ahí apareció una de las frases más fuertes de toda la intervención. “Tu historia, marcada por la guerra de las Malvinas, no es solo parte del pasado. Vive en vos, en tu mirada, en tu fortaleza y en cada paso que diste”, dijeron, y después agregaron una definición que ordenó el sentido del homenaje: “Ser valiente no fue solo ir, sino también volver y seguir adelante”. Esa idea movió el centro del acto desde el campo de batalla hacia la dificultad del regreso.
La escena que relataron después quebró cualquier idea lineal del retorno. Contaron que, al volver a Córdoba, fue directo a la casa donde vivía la abuela Blanca, pero encontró el hogar vacío y sin respuestas. En esa búsqueda desordenada, sumaron un detalle que le dio espesor humano a la historia: la ayuda recibida de la policía y de personas que, sin conocerlo, frenaron un momento para asistir a un soldado que volvía de la guerra.
Ese tramo quedó fijado en frases concretas. “Paraste a la policía y le contaste que estabas buscando a tu familia, que eras soldado y que habías llegado de la guerra”, recordaron. Y enseguida pusieron en valor el gesto que siguió: “Ellos te auxiliaron y además de ayudarte tuvieron un gesto de humanidad que nunca se olvida. Te ofrecieron una gaseosa y algo para comer”.
OTRAS NOTICIAS:
La búsqueda continuó hasta llegar a la hermana, entre lágrimas, agua, comida y una noticia que cambió todo el sentido del regreso. Lo dijeron sin alivianar el golpe: “Cuando finalmente llegaste te encontraste con una realidad muy dura. Nadie te estaba esperando, hacía tiempo que no recibían noticias tuyas y pensaron que ya no estabas”. En ese punto, el homenaje dejó de ser solo una evocación afectiva y se convirtió en la exposición de una ausencia que había hecho estragos del otro lado de la guerra.
La frase siguiente terminó de darle dimensión a esa escena. “Te habían llorado, te habían despedido, te habían velado con una foto y velas encendidas”, dijeron, al reconstruir lo que su familia creyó durante ese tiempo sin noticias. No hubo ahí grandilocuencia ni necesidad de interpretación adicional: la potencia del recuerdo alcanzó por sí sola para mostrar hasta dónde llegó el daño de la guerra en la vida cotidiana.
Las hijas también sumaron otro tiempo al relato, porque no dejaron a su padre congelado en 1982. “El año pasado enfrentaste otra batalla muy dura que nos llenó de miedo pero que también nos mostró una vez más la enorme fuerza que tenías”, expresaron, y enseguida completaron esa idea con otra definición directa: “Porque acá estás firme, de pie y luchando como siempre”. Así, el homenaje no habló solo del excombatiente, sino del hombre que siguió atravesando pruebas mucho después de la guerra.
OTRAS NOTICIAS:
Hacia el final, eligieron no forzar una explicación total de lo vivido. “A veces no hace falta que cuente todo lo que viviste porque tu silencio también habla”, dijeron, antes de agradecerle “por tu lucha, por tu entrega, por tu amor incondicional”. El acto en Puerto Madryn quedó atravesado por esa voz compartida de las dos hijas, que no buscó cerrar una historia sino dejar a la vista algo más profundo: que la memoria de Malvinas también se sostiene en las familias que todavía encuentran palabras para decir lo que durante años quedó callado.
















