Presti rechazó hablar de “chicos de la guerra” y pidió nombrarlos jóvenes soldados

Actualidad02/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El ministro de Defensa vinculó Malvinas con la formación militar, el recuerdo diario de los caídos y una disputa que todavía sigue en el lenguaje.

Carlos Presti
Carlos Presti

Cada vez que Carlos Presti sale de su oficina en el Ministerio de Defensa, se encuentra con una lista que no le permite convertir la fecha en una mera ceremonia. Según contó en Radio Mitre, allí están escritos los nombres de los 649 hombres que murieron en la guerra de Malvinas, una presencia cotidiana que ordena su mirada sobre el conflicto mucho más allá del acto del 2 de abril. Desde ese punto eligió hablar no solo del homenaje, sino también de la forma en que el Estado, las Fuerzas Armadas y la sociedad siguen narrando aquella guerra.

Su propio vínculo con Malvinas empezó antes de vestir uniforme. Dijo que el 2 de abril de 1982 lo sorprendió cuando todavía cursaba la secundaria, con 16 años, y que la noticia lo despertó con una “profunda emoción” en una etapa en la que aún no había definido su ingreso a la carrera militar. Sin embargo, también reconoció que ese proceso terminó empujándolo a una decisión personal duradera, porque “Malvinas influyó en querer también revalorizar las Fuerzas Armadas y en ser parte del Ejército”, una frase que deja ver cuánto de aquella experiencia colectiva se volvió, en su caso, una marca biográfica.


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A la hora de recordar a quienes combatieron, Presti insistió en una idea que recorrió buena parte de la entrevista. Sostuvo que a los caídos y a los sobrevivientes hay que evocarlos “con profunda emoción”, no desde una formulación vacía, sino desde el reconocimiento de que “dieron todo por la patria” y defendieron la soberanía argentina sobre las islas. Esa línea de lectura lo llevó además a destacar el testimonio de quienes regresaron, porque, según dijo, ellos siguen transmitiendo una experiencia que considera inseparable del amor por Malvinas.

Cuando bajó la memoria del conflicto a casos concretos, eligió empezar por el origen mismo de la recuperación del archipiélago. Recordó la Operación Rosario como una maniobra en la que se buscó recuperar las islas sin causar bajas británicas y la presentó como una muestra de profesionalismo de las Fuerzas Armadas. En esa reconstrucción también situó a Pedro Giachino como el primer caído argentino, una referencia que utilizó para subrayar que las primeras horas del 2 de abril no se explican solo por el resultado político de aquella jornada, sino también por el costo humano que empezó a pagarse desde el inicio.


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La historia que más lo conmovió, sin embargo, no fue la del desembarco, sino la del teniente Estévez. Presti lo describió como un oficial del Regimiento 25 que en combate, ya gravemente herido, siguió guiando a sus hombres y conservó una preocupación central por la vida de quienes estaban a su lado. El pasaje más fuerte de ese recuerdo llegó cuando relató que, aun tirado y con heridas mortales, Estévez le seguía dando indicaciones a sus subordinados y alcanzó a decirles “colóquense el casco, que están disparando”, una escena que el ministro volvió ejemplo de mando, entrega y liderazgo militar.

Desde allí fue construyendo una idea más amplia sobre la manera en que Malvinas se transmite dentro de las Fuerzas Armadas. Presti contó que ingresó al Ejército en 1984, apenas dos años después de la guerra, y que durante su formación convivió con oficiales, suboficiales e instructores que habían combatido en las islas. En esa línea, sostuvo que no todos los países tienen experiencia de guerra ni pueden formar a sus cuadros con veteranos, y por eso definió ese contacto como un capital profesional e histórico que todavía hoy sigue moldeando a las nuevas promociones.


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Ese punto lo llevó a una definición que ocupó uno de los momentos más sensibles de la entrevista. Presti rechazó el uso de la expresión “chicos de la guerra” y planteó que el término correcto para referirse a quienes combatieron debería ser otro: “jóvenes soldados” o incluso “jóvenes guerreros”. No se trató de una diferencia menor ni semántica, porque explicó que hablar de “chicos” reduce la dimensión de lo que hicieron y borra que eran hombres que, con 18 o 20 años, estaban cumpliendo un servicio a la patria del mismo modo en que lo hacen jóvenes de cualquier ejército del mundo.

Esa disputa por las palabras quedó enlazada con otra discusión que sigue abierta dentro del universo de los excombatientes. Presti aclaró que el Estado nacional reconoce como veteranos de guerra a quienes combatieron en las islas, con excepciones ligadas a sistemas de armas desplegados desde el continente, y marcó así la diferencia con quienes estuvieron movilizados en el territorio continental y mantienen desde hace años sus propios reclamos. La explicación no cerró el debate, pero sí dejó expuesto que el Ministerio sostiene una delimitación formal que sigue teniendo consecuencias concretas sobre reconocimiento, memoria y pertenencia.


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En su repaso también hubo espacio para un reconocimiento más amplio de los actores de la guerra. El ministro mencionó a la Armada, la Fuerza Aérea, la Gendarmería, la Prefectura, los marinos mercantes, las enfermeras y las mujeres que acompañaron a las tropas, y buscó remarcar que el conflicto no puede contarse desde una sola fuerza ni desde un solo uniforme. En ese recorrido volvió a hablar del valor y del arrojo en combate, y recordó la magnitud de las pérdidas materiales y humanas para sostener que el homenaje no debe fragmentarse por pertenencia institucional, sino abarcar a todos los que intervinieron en el conflicto.

Sobre el final, Presti eligió llevar la conversación hacia las nuevas generaciones y dejó una formulación política más nítida que emotiva. Dijo que Malvinas es “un sentimiento nacional que nos une”, insistió en que la recuperación de las islas figura en la Constitución como un objetivo “legítimo e inclaudicable” y afirmó que la vía para alcanzarlo debe ser diplomática. Su frase de cierre sobre ese punto fue también una definición de perspectiva: “Cada día que avanza es un día menos que nos falta para volver”, una convicción que condensa la mirada que quiso transmitir en esta fecha, entre la memoria de los caídos, la enseñanza militar y la persistencia del reclamo soberano.

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