
La historia se rompió en dos partes bien distintas en Mendoza. Gimnasia de Mendoza pasó de estar completamente superado a quedarse con un triunfo que parecía imposible, mientras Vélez Sarsfield dejó escapar un resultado que había construido con autoridad en el arranque.



El desarrollo inicial mostró a un equipo visitante sólido, directo y efectivo. Vélez encontró ventajas muy rápido y golpeó en los momentos justos, marcando diferencias que parecían encaminar el partido sin demasiados sobresaltos. La contundencia fue el principal argumento en ese tramo.
La primera señal llegó con Florián Monzón, que aprovechó la primera ocasión clara y definió con potencia para abrir el marcador. Poco después, una jugada colectiva bien resuelta terminó en el segundo gol, convertido por Manuel Lanzini, que amplió la distancia antes de los diez minutos y condicionó todo lo que vino después.
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Gimnasia intentó reaccionar, pero no encontraba claridad. Las aproximaciones de Agustín Módica, Andrada, Ulises Sánchez y Lencioni no lograban incomodar a un arquero Tomás Montero que respondía con seguridad. El local acumulaba intentos sin profundidad frente a un rival ordenado.
Sin embargo, sobre el cierre de la primera etapa apareció una jugada que cambió el ánimo. Un tiro libre ejecutado por Lencioni encontró la cabeza de Ezequiel Muñoz, que descontó y sostuvo la expectativa. “Sobre el cierre de la primera etapa, el local encontró el descuento con un cabezazo de Muñoz”, en una acción que rompió la lógica del primer tiempo.
El segundo tiempo se jugó con otra energía. Vélez perdió intensidad y dejó de manejar el ritmo, mientras Gimnasia empujó con más voluntad que orden. El partido se volvió más abierto, con espacios y errores que empezaron a inclinar la cancha.
El empate empezó a tomar forma con el correr de los minutos. Módica avisó primero con un cabezazo y luego volvió a aparecer en el área para concretar la igualdad tras un córner. “Tras un córner, Módica conectó de cabeza y selló el empate”, reflejando el crecimiento del equipo mendocino.
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La presión del local se mantuvo hasta el final. Vélez ya no encontraba respuestas ni solidez, y cada avance rival generaba incertidumbre. El partido se jugaba más cerca del arco visitante, con un clima cada vez más tenso.
El desenlace llegó de la forma menos esperada. Un centro sin aparente peligro terminó en un error decisivo de Emanuel Mammana, que empujó la pelota contra su propio arco. “Un centro sin peligro terminó con Mammana empujando la pelota contra su propio arco”, sellando la remontada.
El estadio Víctor Legrotaglie explotó con ese gol que completó el giro total del partido. Gimnasia pasó de la incertidumbre a la euforia en cuestión de minutos, mientras Vélez se quedó sin reacción tras un segundo tiempo que se le escapó por completo.













