
El informe forense confirmó que el músico murió por un traumatismo grave y la pesquisa ahora mira menos el terreno y más un conflicto por droga.

El cuerpo de Mike Dee terminó de torcer la investigación con un dato forense que dejó menos espacio para las conjeturas iniciales. La autopsia confirmó que el artista murió por un traumatismo encéfalo craneal grave, un resultado que colocó en primer plano una agresión directa y desplazó cualquier lectura más difusa sobre su final. Con esa precisión, el expediente dejó de girar alrededor del hallazgo estremecedor en el patio de su casa y pasó a apoyarse en la mecánica concreta de una muerte violenta.
La novedad llegó el mismo sábado en que familiares, amigos y seguidores lo despedían en el cementerio. Fue allí cuando el fiscal Claudio Oviedo, de la UFI N° 5 de Morón, obtuvo el resultado de la necropsia, que además del golpe en la cabeza indicó la presencia de heridas causadas en vida y otras posteriores a la muerte. Esa combinación endureció el cuadro del caso, porque no sólo habla de un ataque letal sino también de una secuencia posterior sobre el cuerpo.


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La causa, de todos modos, no se ordena sólo por lo que dijo la autopsia, sino también por cómo cambió la hipótesis del móvil. Al comienzo circuló la versión de una disputa por el terreno en el que vivía la víctima, pero con el avance de la pesquisa la sospecha principal empezó a correrse hacia un conflicto por droga. Ese desplazamiento modifica el sentido de la historia: ya no se trata únicamente de explicar dónde apareció el cuerpo, sino de entender qué vínculo previo unía a la víctima con quienes hoy están bajo la mira judicial.
La investigación ya tiene a dos sospechosos detenidos, y ese dato también empuja el caso hacia una etapa menos incierta que la de los primeros días. El último arrestado fue Pablo García, de 33 años, y antes había caído Joel Ramses Baladan, de 29; según el cable de Noticias Argentinas, ambos quedaron imputados por homicidio. La pesquisa, entonces, ya no se mueve sólo sobre rastros y pericias, sino también sobre la responsabilidad penal concreta de dos hombres señalados como piezas centrales del crimen.
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El hallazgo del cadáver en la casa de Morón fue lo que abrió el caso hacia el impacto público, pero el informe forense fue lo que empezó a ordenarlo judicialmente. Infobae también reportó que el cuerpo de Roberto Martín Alleruzzo —su nombre real— fue encontrado en la vivienda y que la autopsia preliminar reforzó la hipótesis de homicidio. Esa validación externa no reemplaza el expediente, pero sí confirma que el dato central de la investigación ya no aparece como una versión lateral sino como una base sólida del caso.
En paralelo, la figura de la víctima explica por qué el caso no quedó encerrado en la lógica policial habitual. Alleruzzo era conocido en la escena del hip hop como Mike Dee, tenía seguidores desde hacía años y formó parte de la banda “La Bola Contraataca”, con la que llegó incluso a tener apariciones televisivas. Por eso, el crimen no impactó sólo en el ámbito judicial: también golpeó a una comunidad artística que venía siguiendo su trayectoria y que ahora quedó frente a una muerte brutal, clandestina y enterrada dentro de su propia casa.
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La autopsia también agregó un matiz especialmente pesado para la causa cuando distinguió entre lesiones previas y posteriores al fallecimiento. Esa diferencia, por sí sola, no agota la explicación de lo ocurrido, pero sí vuelve más compleja la reconstrucción del episodio y obliga a separar el momento del ataque del tratamiento posterior del cuerpo. En un expediente donde ya había horror por el modo en que fue encontrado el músico, el informe forense añadió una capa más dura: la violencia no terminó necesariamente en el instante de la muerte.
Lo que la investigación intenta resolver ahora no es sólo quién golpeó, sino por qué se llegó a ese punto. El cable sostiene que la pesquisa “avanza en saber los motivos del asesinato”, y esa frase hoy vale más que cualquier cierre prematuro. Con dos detenidos, una causa de muerte determinada y una hipótesis de conflicto en revisión, el expediente ya tiene una estructura más firme, aunque todavía no una explicación definitiva del vínculo, la pelea y el motivo.
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La muerte de Mike Dee dejó de ser un caso dominado únicamente por el espanto del hallazgo y empezó a quedar narrada por la crudeza de la pericia. El golpe en el cráneo, las heridas antes y después del fallecimiento, el viraje del posible móvil y las detenciones ya reordenaron la investigación alrededor de una escena mucho más precisa que la de los primeros días. Lo que sigue pendiente no es menor: falta saber si esa reconstrucción forense alcanza para transformar el horror del caso en una acusación capaz de explicar, sin zonas ciegas, cómo y por qué lo mataron.
Fuente: NA, Infobae.

















