
El calor golpeará más a la América Latina pobre y dejará una mortalidad más alta
PODCASTS Radio Francia Internacional06/04/2026
REDACCIÓNUn reporte citado por RFI ubicó a Bolivia, Paraguay y el norte de México entre las zonas más expuestas, con un impacto sanitario muy desigual.

Bolivia, Paraguay y el norte de México aparecen entre los puntos donde el cambio climático puede traducirse en más muertes en las próximas décadas, con tasas adicionales que, según la estimación citada por el podcast Noticias de América, de Radio Francia Internacional, llegarían a ubicarse entre 20 y 40 fallecidos más por cada 100 mil habitantes. El dato no surge de una proyección aislada ni de una consigna ambiental abstracta, sino de un informe del Climate Impact Lab de la Universidad de Chicago que pone el foco en un efecto mucho más concreto: el calor no pegará igual en todos lados y la diferencia entre países ricos y pobres también se medirá en vidas. La novedad, en ese sentido, no pasa sólo por el aumento de temperatura, sino por la forma en que ese aumento castiga con más fuerza a quienes cuentan con menos margen para protegerse.
La fuente original remarca que el 90% de las muertes vinculadas al cambio climático ocurrirá en países de ingresos medios y bajos, una proporción que desplaza la discusión desde el terreno exclusivamente ambiental hacia uno social, económico y sanitario. América Latina entra en ese mapa con contrastes marcados, porque no toda la región aparece en la misma situación ni bajo la misma curva de riesgo. Esa diferencia interna vuelve más incómoda la lectura del informe: aun dentro de una misma zona geográfica, el deterioro del clima no se reparte de manera pareja.


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La encargada de comunicación del laboratorio, Claudia Gemmel, resumió ese desequilibrio con una frase que ordena buena parte del diagnóstico: “Los resultados varían en los países de América del Sur y Centroamérica. Las zonas más afectadas van a estar en Bolivia, Paraguay o el norte de México”. En la misma intervención, la especialista agregó que “en estos lugares va a haber entre 20 y 40 muertos más por cada 100 mil personas”, y comparó esa carga de mortalidad con otra referencia conocida por cualquier sistema de salud: “estas muertes a causa del clima son tan numerosas como las causadas por los accidentes de tránsito”. La comparación no es menor, porque convierte un fenómeno muchas veces percibido como lejano en un dato de impacto cotidiano y mensurable.
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El informe, sin embargo, no describe un continente condenado de manera uniforme. La propia Gemmel señaló que “Chile, Argentina o Perú han registrado una disminución de esta tasa”, un dato que obliga a mirar con más detalle qué factores amortiguan el impacto en algunas zonas y por qué otras quedan mucho más expuestas. Esa diferencia convive, además, con otra afirmación central del reporte: los países que menos aportaron al calentamiento global son los que terminan más comprometidos por sus consecuencias, una desigualdad que no sólo interpela a la política climática mundial, sino también a la capacidad concreta de cada Estado para cuidar a su población.
Ahí aparece uno de los núcleos más fuertes del trabajo citado por RFI. Gemmel sostuvo que “en general, a los países más ricos les va a ir mejor que a los pobres, porque tienen más capacidad para adaptarse al calentamiento global”, y esa idea corre el problema del terreno de la fatalidad natural al de las herramientas disponibles para responder. Infraestructura, acceso a salud, viviendas adecuadas, redes de prevención, planificación urbana y recursos públicos empiezan a pesar tanto como la temperatura misma, porque la exposición al calor extremo no produce el mismo daño cuando una sociedad cuenta con mecanismos de protección y cuando no los tiene.
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La investigadora también detalló que “la riqueza hará que muchas zonas de la región sean menos sensibles al aumento del calor, si lo comparamos con zonas que no tienen tanto crecimiento económico”. Esa observación vuelve especialmente relevante el caso de varios países latinoamericanos que, aun con ingresos medios o altos en términos regionales, arrastran sectores con fragilidad estructural o crecimiento bajo. El punto no es solamente cuánto sube el termómetro, sino qué tan preparada está cada comunidad para atravesar sequías prolongadas, tormentas severas, deterioro de cultivos o presión adicional sobre sistemas sanitarios ya exigidos.
El peso del informe también se apoya en la escala del trabajo realizado. El Climate Impact Lab recopiló información durante diez años y reunió datos de 25.000 regiones del mundo, una base que le permite proyectar tendencias con una capilaridad poco frecuente en este tipo de estudios. Esa dimensión metodológica no aparece como un detalle técnico menor, porque refuerza la idea de que no se trata de una advertencia armada sobre percepciones generales, sino de una lectura sostenida en series extensas, cruces territoriales y patrones comparativos entre países con niveles muy distintos de ingreso y adaptación.
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La referencia a Haití introduce, además, una dimensión todavía más dura del problema. El podcast subraya que en el país más pobre del continente la lucha contra el cambio climático ya funciona como una cuestión de supervivencia, porque las sequías prolongadas y las tormentas arrasadoras deterioran infraestructura y cultivos. Esa mención, combinada con la estimación de mortalidad para otras áreas de América Latina, muestra que la discusión no se agota en cuánto calentamiento resiste una economía, sino en cuánto desgaste institucional y social puede soportar una población antes de que el daño ambiental empiece a traducirse en pérdidas humanas directas.
Lo que deja este cuadro para la región no es una postal uniforme ni un cierre tranquilizador. América Latina aparece partida entre zonas donde el impacto sanitario puede agravarse con fuerza y otras donde la tasa muestra un comportamiento menos severo, pero esa diferencia no elimina el problema, sólo lo redistribuye según riqueza, infraestructura y capacidad de adaptación. Si la tendencia que recoge el informe se consolida, la brecha entre países que pueden amortiguar el calor y países que apenas logran resistirlo no se va a medir sólo en grados ni en recursos, sino en una mortalidad cada vez más desigual.
Material publicado por gentileza Radio Francia Internacional














