
Milei corrige piezas del plan, mientras Kicillof detecta una puerta para 2027
Política11/04/2026
REDACCIÓNLas señales de ajuste en Economía, YPF y el Banco Central alimentaron una lectura política: el oficialismo cuida su base y Kicillof toma nota.

La Casa Rosada empezó a mover fichas en terrenos sensibles de la economía y ese cambio ya dejó de leerse solo como una decisión técnica. Detrás de esas correcciones asoma una inquietud más profunda: sostener la base política y social que acompañó a Javier Milei desde su llegada al poder. El dato no aparece aislado, porque al mismo tiempo la oposición empezó a interpretar esas concesiones como una señal de desgaste en el corazón del modelo.
Las modificaciones se repartieron en varios frentes y, vistas en conjunto, dibujan un viraje más amplio que el que sugieren por separado. YPF prometió desligar durante algunas semanas el precio de los combustibles de las oscilaciones internacionales del petróleo por la guerra en Irán; el Banco Central relajó encajes, comenzó a bajar tasas para empujar el crédito a pymes y familias, y además el Gobierno volvió a comprar dólares para fortalecer reservas o cancelar deuda pública. A eso se sumó la idea transmitida por funcionarios de Economía a interlocutores industriales de pedir que las nuevas inversiones en energía y minería contemplen proveedores locales.


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Ese movimiento no surgió de una lectura abstracta ni de una convicción repentina sobre la necesidad de intervenir. Según el texto fuente, la presión viene de empresarios que siguen apoyando la economía oficial, pero que ya empiezan a preguntarse si llegó la hora de flexibilizar el esquema para evitar un deterioro irreversible de su sustento político. Esa preocupación ya llegó por distintas vías a Luis Caputo y a Santiago Bausili, alimentada por datos oficiales, encuestas y, sobre todo, por el desaliento que detectan entre empleados, clientes y proveedores.
El cuadro se vuelve más significativo porque choca con la identidad que Milei buscó defender desde el primer día. El Presidente suele presentarse como alguien dispuesto a pagar incluso un costo personal antes que resignar su dogma libertario, hostil a la intervención estatal en casi todos los planos de la vida social. Sin embargo, esta semana reconoció que la gente no quiere la dolarización y que una parte importante de los argentinos la está pasando mal, una admisión que encaja con la frase que un banquero le atribuyó a conversaciones reservadas con el área económica: "Caputo y Bausili lo saben, y en confianza admiten que la situación de las familias empeoró en los últimos meses".
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Ese punto es el que tomó nota Axel Kicillof, hoy ubicado en el texto como el principal rival político del Presidente. La columna lo muestra en una etapa distinta, más abierta a sumar interlocutores por fuera de su círculo habitual y con una voluntad de ampliación que contrasta con su recorrido previo. La frase que usa para condensar esa nueva disposición es directa: "Cualquiera que esté en contra de Milei a mí me sirve".
Desde esa lógica, el gobernador bonaerense intenta correr la discusión del terreno donde Milei se sintió más cómodo. Si el Presidente logró salir de la vieja polarización entre peronismo y antiperonismo para instalar el combate entre política y antipolítica, Kicillof busca llevar la pelea a otro ring, uno atravesado por la defensa de la industria argentina y por la necesidad de intervención estatal en distintas áreas de la economía. En ese marco aparece la idea de construir una “corriente de opinión” que denuncie que el modelo oficial deja afuera a millones de personas.
La formulación más cruda de esa lectura también quedó en boca del mandatario provincial. Según el texto, Kicillof les dijo a visitantes de La Plata: "El modelo de Martínez de Hoz dejó a 15 millones de personas afuera. A Milei le sobran como 30 millones". Esa comparación no apunta solo a endurecer el tono opositor; también busca preparar el terreno para una disputa electoral futura en la que el costo social acumulado desde 2023 funcione como argumento de campaña.
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Kicillof no necesita, al menos por ahora, que esa construcción desemboque de inmediato en una nueva alianza formal. La apuesta que le atribuye la fuente es más gradual: armar un clima, consolidar una lectura compartida y, desde ahí, impulsar un candidato capaz de impedir la reelección de Milei. En esa proyección aparece otra convicción: si hay balotaje el año que viene, el Presidente podría llegar cargando el peso de quienes sintieron el ajuste en la vida cotidiana y esos votantes, imagina el gobernador, terminarían inclinándose del otro lado.
La maniobra también expone una tensión propia dentro del peronismo. El mismo dirigente que acumuló años de resistencia y desconfianza interna, y que ahora se volvió palabra prohibida para la familia Kirchner, aparece decidido a abrir el juego con gobernadores, legisladores y opositores de distinto origen. Ese giro convive con una dosis marcada de pragmatismo bonaerense: Kicillof ya da por hecho que la Legislatura provincial volverá a habilitar la reelección múltiple de intendentes, concejales y legisladores, una señal que el propio texto define como una suerte de homenaje a la casta después de tanto castigo discursivo.















